José Gil
Olmos.
Para los
cinco candidatos a la presidencia, el primer debate realizado el pasado domingo
tenía un valor distinto pero una sola meta. Para el priista era la esperanza de una mejor posición, para el panista
la oportunidad de posicionarse en segundo, para los independientes darse a
conocer y para el dirigente de Morena escudarse y mantener la distancia en las
encuestas.
Sin embargo,
la meta de José Antonio Meade, Ricardo
Anaya, Margarita Zavala y de Jaime Rodríguez era claramente bajar a toda costa
de las encuestas a López Obrador a quien todos tienen como principal
adversario, de ahí que la mayor parte del encuentro fuera atacar al tabasqueño
y hacerlo ver débil, trastabillante y contradictorio.
Para lograr
esa meta aprovecharon la debilidad de López Obrador en los debates. El candidato de Morena es pésimo en ello
porque tarda mucho en explicar sus argumentos, se enoja muy rápido, se
impacienta, no cuida el lenguaje del cuerpo y peca de soberbio.
Más que un debate o la exposición de
propuestas, lo que vimos el domingo en la noche fue la manifestación clara de
una estrategia de todos los aspirantes, con los poderes facticos que
representan, para detener el ascenso del candidato presidencial de Morena en el
ánimo electoral que lo ha puesto muy por encima de todos y cada uno de ellos.
La estrategia les dio resultado
porque pusieron de espaldas sobre las cuerdas a López Obrador, pero les faltó
mucho para quitarle la ventaja que aún tiene y que le permite seguir su campaña
aprovechando el enojo social que hay contra el PRI, PAN y PRD por la aprobación
de medidas económicas que atentan contra las familias, como el gasolinazo, así
como por la impunidad y los múltiples casos de corrupción en los más altos
niveles del gobierno y de los partidos.
Ninguno de los cuatro candidatos que
están alineados para bajar a López Obrador tienen la calidad moral para hablar
sin cortapisas de corrupción, tráfico de influencias, desvío de recursos e
impunidad. “El
Bronco” obtuvo la candidatura falseando
firmas de apoyo, lo mismo que Margarita Zavala, mientras que Anaya tiene
pendiente una investigación por lavado de dinero y Meade trae consigo el pesado
historial del PRI y de Peña Nieto.
A partir del
primer debate es claro que las
estrategias de cada uno de los aspirantes presidenciales, así como de Margarita
Zavala, tendrán algunas variaciones bajo la idea de seguir debilitando a López
Obrador, quien por su parte habrá que ver si resiente de manera considerable su
débil participación en el debate.
Pero, así como los adversarios del
tabasqueño afinarán las armas para seguir minando su camino, los empresarios
asociados en distintas agrupaciones hacen lo propio con el miedo de que López
Obrador llegue a la presidencia y cancelen sus contratos leoninos de obras
públicas que les concedió el gobierno de Peña Nieto.
Protagonistas
detrás de bambalinas, los empresarios
que más han ganado con los gobiernos del PRI y PAN son los primeros en estar
contra quien atenta contra sus intereses particulares. Para ellos López Obrador
es un peligro y lo quieren vender con una enorme propaganda como un peligro
para todo el país.
Por cierto… La estrategia del PRI, PAN, PRD, “Independientes”
empresarios y gobierno de acabar con las aspiraciones de López Obrador nos hace
recordar la del 2006. Sólo que ahora, a diferencia de esa elección, el enojo
social será un factor determinante el día de la votación y contra éste ninguna
campaña propagandística puede funcionar porque es una reacción contra
decisiones que los mismos partidos, empresarios y gobierno han tomado y de las
cuales son responsables.
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