Organizaciones de derechos humanos
demandaron la intervención internacional para que se investiguen casos de
“crímenes atroces” cometidos por la delincuencia organizada con la presunta
protección de autoridades municipales o estatales.
En México parece haber un patrón en
el que crímenes perpetrados por los cárteles de la droga se han cometido en
colusión con funcionarios corruptos, señala el informe “Corrupción que mata”,
elaborado por un grupo de organizaciones no gubernamentales con el patrocinio
de Open Society Justice Iniciative, un programa de la fundación Open Society.
Subtitulado “Por qué México necesita un mecanismo
internacional para combatir la impunidad”, el documento destaca que ante la creciente evidencia de esa relación es necesario
investigar si ha existido una “colusión sistémica” entre funcionarios públicos
y grupos del crimen organizado en varias partes del país.
El caso que toman como ejemplo es la
masacre cometida por Los Zetas en el poblado de Allende, Coahuila, en marzo de
2001, así como el control que tuvieron del penal de Piedras Negras, que fue
utilizado por ese grupo delictivo “como un campo de exterminio de facto y base
de operaciones para promover su reinado de terror”.
Ha sido una “corrupción que mata”, dicen en su informe la Comisión
Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos; el Centro Diocesano
para los Derechos Humanos Fray Juan de Larios; Familias Unidas en la Búsqueda y
Localización de Personas Desaparecidas, Piedras Negras, Coahuila; el Centro de
Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez; I(dh)eas Litigio Estratégico en
Derechos Humanos; el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia;
Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho, y PODER,
Proyecto sobre Organización, Desarrollo, Educación e Investigación.
En su
propuesta, expresan que México necesita
un mecanismo de ese tipo integrado por personal nacional e internacional que
tenga su sede en el país y con autoridad para “investigar de manera
independiente, y eventualmente perseguir los crímenes atroces y los actos de
corrupción relacionados a ellos”.
El mecanismo también podría apoyar
con asistencia técnica a los gobiernos federales y estatal para emprender
“procedimientos penales genuinos” a fin de incrementar la rendición de cuentas
en todo el país, abundan sobre el alcance de su propuesta.
De igual
manera, advierten que, si México no se
compromete a la creación de este tipo de mecanismo, otros organismos
internacionales podrían intervenir, como pudiera ser la Fiscalía de la Corte
Penal Internacional (CPI), a la que ya han recurrido varias organizaciones no
gubernamentales para demandar al Estado mexicano.
Finalmente, precisan que la principal responsabilidad
de investigar y perseguir esos crímenes recae en el gobierno mexicano, de
acuerdo con el Estatuto de Roma, que regula a la CPI.
La participación internacional
ayudaría a garantizar la independencia de las investigaciones y restablecer la
confianza de la gente en el sistema de justicia penal mexicano, consideran.
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