Adela
Navarro Bello.
Con cinco años de vida oficial en
elecciones federales, las candidaturas independientes en México sufrieron el 1
de julio un descalabro. La burbuja de los independientes reventó. Ni uno solo
de los 45 candidatos independientes registrados, 38 para Diputado Federal, 7
para Senador, logró hacerse de la victoria electoral.
Las
candidaturas independientes surgidas a propósito del desgaste de los partidos
políticos por actos de corrupción, llegaron a completar un movimiento de ciudadanos
que desde la sociedad civil organizada y el periodismo independiente, de
investigación y crítico, ofrecieron a la sociedad un espacio de denuncia,
propuesta y acción para hacer contrapeso tanto en la opinión pública como en el
ejercicio de políticas públicas, a gobiernos anclados en el poder absoluto a
costa de lo que sea, incluidas las libertades.
La opción independiente, además,
llegó en un momento en que la oposición en México dejó de ser una opción
confiable. Sucedió a partir de las negociaciones del partido en el poder, con
los partidos de oposición. El Pacto por México del todavía presidente Enrique
Peña Nieto, acabó con la oposición política e ideológica, y mostró una masa
amorfa que tomaba decisiones en sintonía, sin crítica, sin discusión, sin
propuesta, solo guiados por los intereses de los líderes de los partidos
políticos, y las negociaciones económicas y de poder en la Cámara de Diputados,
la de Senadores, y en los Estados de la República Mexicana.
Esta
uniformidad política de partido oficial con partidos de oposición evidenció el
contubernio que fue recibido mayormente por la sociedad como en beneficio de
los menos y en perjuicio de todos. La
política aliancista instaurada en el gobierno de Peña Nieto le abonó al
desprestigio de los partidos que ya no se veían como oposición, sino parte de
un entramado de intereses políticos y económicos.
Precisamente
fue en el 2013 cuando las candidaturas independientes fueron aprobadas para las
elecciones federales, aun cuando ya estaban inscritas en la Constitución
Política desde la reforma de 2012. Como complemento, dos años después en el
2014, el Movimiento de Regeneración Nacional obtuvo su registro oficial como
partido político. Andrés Manuel López Obrador, que había creado ese movimiento
en 2011 para impulsar su segunda candidatura a la Presidencia de la República,
se desmarcaba así de los partidos de oposición, incluso de la izquierda que lo
había arropado, pero que entonces firmaba con Peña Nieto los acuerdos
camarales.
Sin credibilidad, desgastados por los
moches, las concesiones, la ausencia de crítica hacia el gobierno y el partido
en el poder, los partidos de oposición fueron perdiendo espacios. Los
candidatos independientes comenzaron a surgir y encontraron buen ánimo en el
electorado. Tres son los casos más notorios en ese proceso ciudadano de
candidaturas independientes, los tres en el año 2015. Pedro Kumamoto en
Jalisco, Manuel Clouthier en Sinaloa, y Jaime Rodríguez en Nuevo León.
Kumamoto, un
joven de entonces 25 años, egresado del ITESO, experto en redes sociales,
carismático en ese campo, se registró y obtuvo una candidatura independiente
para llegar al Congreso del Estado de Jalisco, escaño que ganó con más del 38
por ciento. Fresco, con una campaña más centrada en el mundo digital que otra
cosa, y con propuestas para acabar con los abusos de partidos y funcionarios
sobre el erario, Kumamoto se convirtió en un personaje nacional e
internacional. Intentó repetir la hazaña logrando el registro como candidato
independiente al Senado de la República este 1 de julio.
El caso de
Clouthier tiene prosapia política y de las causas ciudadanas. Su padre, don
Manuel de Jesús Clouthier del Rincón, fue un aguerrido candidato a la
Presidencia de la República en 1988, había sido dirigente de la Coparmex y del
Consejo Coordinador Empresarial, y desde esas posiciones, enfrentado al
gobierno en turno, que por la época eran todos prisitas. La nominación del PAN
fue una mezcla de candidatura ciudadana con política. A la fecha, lo más
criticable al Partido Acción Nacional, especialmente en la corta pero dañina
era Anaya, fue precisamente el haberse alejado de los valores de fundadores
como Manuel Gómez Morín, o los preceptos heredados por Manuel Clouthier, de
cuyo ideario se recoge: “El México que queremos es solidario, lo cual implica
que, en lugar de lucha de clases, debe prevalecer la lucha contra la
injusticia. Solidaridad, fincada en el diálogo permanente de todos los sectores
y grupos entre sí y con el gobierno para formar una mística de trabajo y
honradez; de justicia y equidad en las oportunidades. Solidaridad entendida
como nuestra capacidad de conjuntar voluntades porque somos un pueblo maduro y
respetable…”.
Alejado el
partido albiazul de esas premisas, el hijo de “El Maquio” renunció al PAN e
inició la construcción de su lucha ciudadana independiente. Manuel Clouthier
Carrillo se convirtió en las elecciones intermedias federales de 2015 en el
primer candidato independiente en ganar un espacio en la Cámara de Diputados.
Al igual que Kumamoto, intentó repetir el logro el 1 de julio de 2018.
Aunque Jaime
Rodríguez Calderón va en un carril político e ideológico contrario al de
Kumamoto o al de Clouthier, en el 2015 también ganó por la vía de la
independencia, el Gobierno del Estado de Nuevo León. Había sido priísta, pero
prometía investigar a todos los de ese partido, que reduciría la nómina del
gobierno, que acabaría con los gastos excesivos, las transas, los abusos, que
regresaría la seguridad y la tranquilidad y que aquel estado sería modelo en
términos de finanzas públicas, seguridad y Estado de Derecho. Ganó. Pero nada
cumplió.
Arrebatado
como es, se le metió ser candidato a la Presidencia de la República y a pesar
de las mañas, transas y fraudes que le fueron descubiertos en el Instituto
Nacional Electoral en la obtención de firmas para su registro como candidato,
el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación lo puso en la boleta,
solo para convertirlo en el bufón de la política nacional.
Los tres
casos de éxito terminaron en fracaso el 1 de julio de 2018. Rodríguez Calderón no alcanzó ni el 6 por ciento de la votación
nacional, Clouthier apenas sobrepasó los 60 mil votos, mientras Kumamoto aun
con una copiosa votación que supera los 500 mil votos a su favor, se quedó en
el tercer lugar de la contienda en su estado Jalisco. A Calderón y a Clouthier
les ganó Morena, a Kumamoto la alianza Por México al Frente del Partido Acción
Nacional.
La crisis de las candidaturas
independientes, como la de los partidos políticos “de oposición”, dado
que hay dos en riesgo de perder el registro nacional al no lograr el 3 por
ciento de la votación nacional (PANAL y PES), parece también estar originada en
la desconfianza ciudadana, generada por un lado a partir de los pactos de
gobierno, y de las alianzas políticas sin ideología solo para ganar el poder, y
por otro en el fracaso que ha resultado el primer gobernador independiente del
país.
Además, Andrés Manuel López Obrador, alejado de la
oposición de izquierda y política llevó a su Movimiento de Regeneración
Nacional a captar la confianza que los ciudadanos y los electores habían
retirado a los partidos tradicionales, ante los escándalos de corrupción tanto
del PRI como partido del poder, como a sus aliados.
El arrastre de López Obrador le hizo
ganar más confianza como candidato ciudadano en un partido que apenas cumple
los cuatro años, que los independientes sin partido ni presupuesto oficial. De alguna manera la renuncia de
Margarita Zavala a la candidatura independiente a la Presidencia de la
República, cuando no la pudo conseguir en su partido el PAN, también debió
abonarle al desgaste de esa figura electoral.
El movimiento de Andrés Manuel López
Obrador fue apoyado por las masas, dejando en una crisis de supervivencia a
partidos políticos y candidaturas independientes, que en su segundo intento
federal, fracasaron.
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