La detención en México de menores
migrantes indocumentados se ha vuelto a disparar en 2018.
De acuerdo
con la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación, entre enero y mayo, 416 menores de edad han
sido presentados ante las autoridades migratorias mexicanas por transitar sin
documentos por el país, de los cuales el 45 % tiene menos de 11 años.
Esta cifra supone un aumento del 90 %
en comparación con el mismo periodo de 2017, cuando se registraron 5, 882 casos menos. También es
un alza del 42 % de menores que fueron detenidos cuando viajaban sin la
compañía de un adulto: 331 casos frente a 233 en 2017.
De los menores puestos a disposición
de las autoridades del Instituto Nacional de Migración (INM), el 98 % emigraba
del Triángulo Norte de Centroamérica, especialmente de Honduras y El Salvador.
Y de ese total, 9, 943 menores, el 80 %, ya fueron deportados a estos dos
países que acaparan los rankings de violencia y de naciones expulsoras de
personas que buscan refugio, debido a la pandemia de violencia desatada por
pandillas como La Mara Salvatrucha y Barrio 18.
Además de
menores, las estadísticas reflejan un
aumento de las detenciones de migrantes en general: en 2018 (enero-mayo) suman
54, 666 capturas; 51.6 % más que 2017. Aunque es una cifra lejana de las casi
80 mil capturas en los primeros cinco meses de 2015 y los 70 mil de 2016.
Por sexo, las detenciones de mujeres
migrantes también se dispararon este año: 12, 625 capturas, 43 % más.
Este nuevo ‘brote’ de detenciones en
México coincide de nuevo con una crisis de niños migrantes en la frontera sur
de Estados Unidos.
Ya sucedió
en 2014. En ese entonces, a raíz de una
primera crisis y de un posterior encuentro entre Enrique Peña Nieto y el
entonces presidente estadounidense Barack Obama, México lanzó en junio de ese
año el Programa Frontera Sur. Un plan
que surgió sorpresivamente.
Una semana
antes de su presentación oficial, ninguna dependencia de gobierno tenía ni un
solo documento relativo al programa. En el papel, el plan prometía proteger los
derechos humanos de los migrantes, pero en la práctica desató una ‘cacería’ que
se vio reflejada en las estadísticas de 2015 y 2016, cuando se batieron todos
los récords desde que se tiene registro oficial con más de 384 mil detenciones.
En 2018 vuelve a ocurrir, coincidiendo con la nueva
ofensiva de la administración Trump para frenar la migración, misma que originó
una crisis humanitaria sin precedentes en Estados Unidos ante las fotografías
de niños separados de sus padres y encarcelados en ‘jaulas’ de los centros de
detención en la frontera sur de Texas.
Migración privilegia
“unificación familiar”
El INM aseguró que, en todos los
casos, cuando se trata de menores no acompañados por algún familiar éstos son
remitidos a los diferentes centros del DIF en los estados.
“Por ley, estos menores no pueden
estar solos en las estaciones migratorias. En esos casos permanecen en el DIF,
y cuando se les hace el reconocimiento de nacionalidad se van de regreso a sus
países de origen, siempre acompañados de un oficial de Protección a la Infancia
hasta que se entregan a sus familias”, sostuvo el INM en entrevista con Animal Político.
En el caso de los menores que viajan
con familiares nunca se les separa de ellos. “El INM privilegia la unificación
familiar”. En esos casos, aseguró el
INM, los menores si permanecen en las estaciones, pero siempre acompañados por
sus familiares.
Además, asegura el INM, desde hace 2 años ha tomado
medidas alternativas a las estaciones migratorias, diciendo que los niños y sus
familiares pueden quedarse en determinados albergues si es que así lo deciden y
si es que el albergue tiene espacio para ellos.
“El INM nunca va a separar a los
niños de sus familias, porque por ley no podemos hacerlo”, aseguró.
De acuerdo
con el Instituto, la Comisión Nacional
de los Derechos Humanos (CNDH) permanentemente visita las estaciones
migratorias para vigilar que no se violen los derechos de los menores y de los
migrantes.
Aparte, los cónsules de diferentes
países, sobre todo El Salvador, Guatemala y Honduras, visitan permanentemente
las estaciones para saber cómo se encuentran sus connacionales.
El ‘otro
muro’ en la frontera sur.
Para el
activista Diego Lorente, director del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de
Córdova, existen numerosos paralelismos
entre la política de control migratorio aplicada por México y Estados Unidos,
esto a pesar de los mensajes que el gobierno mexicano lanza a través de su
canciller, Luis Videgaray, para criticar el trato que reciben los migrantes
mexicanos en el vecino país.
“Tal vez en México no se esté
levantando un muro físico, pero aquí tenemos otro muro que consiste en una
política migratoria que busca detener y deportar, y que para hacerlo usa a
múltiples cuerpos policiacos, entre policías federales, estatales, municipales,
gendarmería nacional, y hasta soldados y marinos”, sostuvo.
Sobre este
punto del uso de la milicia para control migratorio, el activista señala que las autoridades mexicanas llevan al menos 10
años utilizando al Ejército para hacer lo mismo que pretende Trump, quien ha
amagado con movilizar 100 mil militares de la Guardia Nacional para detener
migrantes en su frontera con México.
Así lo documentó Animal Político en
una nota publicada en febrero de 2017, en la que se dio a conocer que entre
2006 y junio de 2016 un total de 77 mil 310 migrantes indocumentados fueron
puestos a disposición del INM tras ser detenidos por seis corporaciones de
seguridad, entre éstas el Ejército, la Marina, y la Procuraduría General de la
República (PGR).
En el norte,
jaulas. En el sur, celdas.
Además de la
política de contención, Irazu Gómez, coordinadora de incidencia y vinculación
de Sin Fronteras, recuerda que el trato
a los menores migrantes que son detenidos en México no dista tanto de las
fotografías de niños enjaulados en los centros de Estados Unidos.
“Allá (en
Estados Unidos) los tienen en jaulas, sí. Pero
en México están en celdas”, subraya la académica de Sin Fronteras, organización
civil que lleva años publicando informes en los que denuncia violaciones a
derechos humanos al interior de las estaciones migratorias del INM, como la
existencia de ‘calabozos de castigo’, agresiones, extorsiones, acoso sexual,
mala atención médica, y pésimas condiciones de higiene.
Sobre este
punto, Gómez recuerda que en México se
creó una ley que estipula que los menores no pueden ser encerrados en
estaciones que, en términos reales, son cárceles migratorias. En cambio, añade,
la realidad es que más allá del papel, miles de menores son ingresados en estos
centros.
“Seguimos viendo a niños, niñas y
adolescentes detenidos en estaciones migratorias. Y eso nos habla de la
incongruencia del estado mexicano en su política interior y exterior”, apuntó Gómez.
La
investigadora añadió que según la ley, los
menores migrantes no deberían estar detenidos, y el Estado mexicano debería
ofrecerle otras alternativas a la detención. “Una de esas alternativas es el
DIF y sus albergues, pero están rebasados. Y al margen de esto, el Estado ya no
ha revisado otra manera de atender a estos menores”.
Y al
exterior, recalcó Gómez, porque la
Cancillería mexicana condena ante la ONU la situación de los niños en Estados
Unidos, pero en México las estaciones migratorias están llenas de menores.
Críticas a
Alfonso Durazo.
Ante este
contexto, organizaciones de la sociedad civil, activistas y albergues de
migrantes pidieron al equipo del ganador de la elección presidencial, Andrés
Manuel López Obrador, que entrará en funciones el 1 de diciembre, que lleve a
cabo “un cambio de rumbo” en la política migratoria mexicana.
“Lo que hemos puesto sobre la mesa es
la necesidad de un golpe de timón hacia una política migratoria garantista de
los derechos humanos, que sea congruente con lo que exigimos para los
connacionales en Estados Unidos”, planteó Irazu Gómez.
Sin embargo,
a pesar de que López Obrador dijo en su
discurso del 1 de julio que en México se defenderá a los migrantes nacionales,
“y a los de América Central y de todo el continente”, las recientes
declaraciones de Alfonso Durazo, propuesto para ser el próximo secretario de
Seguridad Pública, han vuelto a prender todas las alarmas entre la sociedad
civil.
Durazo planteó la posibilidad de crear una “fuerza
policiaca fronteriza, (…), que incluye impedir que las personas migrantes
indocumentadas y los traficantes de personas crucen México, lo que a menudo
hacen con la ayuda de funcionarios corruptos”, de acuerdo con un reporte del
diario El Financiero. Ante estas declaraciones, decenas de asociaciones civiles
como Otros Dreamers en Acción, Fundar, o el Instituto para las Mujeres en la
Migración, criticaron la propuesta.
“Las organizaciones de la sociedad
civil coinciden en que de llevarse a cabo la medida propuesta por Durazo, no
sólo se atentaría contra el derecho de personas a migrar, sino que aumentaría
el número de violaciones a derechos humanos de esta población. Para muestra, el
Plan Frontera Sur que entre 2013 y 2016 incrementó en 116 % la población de
personas migrantes, de las cuales más del 85 % fueron deportados a su país, sin
una revisión puntual de su caso”, señala el comunicado.
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