Dolia
Estévez.
El debate
sobre los 50 lineamientos para un gobierno austero y sin corrupción, se ha
concentrado en las propuestas para reducir el personal de confianza y los
sueldos de los servidores públicos que ganen más de un millón de pesos anuales.
Sin embargo, hay un planteamiento que
quizá no sea tan mediático pero que, si se aplica, atestaría un golpe demoledor
al sistema de prebendas que cada sexenio produce una generación de parásitos
que se nutre de las finanzas de la nación. Me refiero al punto #48:
No se autorizará la contratación de
despachos ni consultores o asesores externos para elaborar proyectos de Ley,
planes de desarrollo, informes laborales, o cualquier tipo de análisis,
redacción o recomendaciones que puedan hacerse con el trabajo y la capacidad
profesional de los servidores públicos.
La contratación de estos despachos,
muchos de los cuales han sido creados expresamente para ordeñar al Estado,
alcanzó niveles escandalosos durante los últimos tres sexenios, particularmente
bajo Calderón y Peña, aunque empezó con Fox.
Son muchos los funcionarios que
denigraron su función y propósito como servidores públicos a la sombra de la
corrupción y el privilegio que podría mencionar, pero abordaré un solo caso que
conozco bien, el de Alejandra Sota, la ex vocera de Calderón.
En 2013, Carmen Aristegui transmitió
un reportaje en el que se reveló que Sota se coludió con un grupo de amigos y
colegas del ITAM a lo largo de todo el sexenio calderonista para beneficiar a
una “sociedad civil” llamada Defore Experts, a la cual le otorgaron contratos
por “asesorías” por más de 38 millones de pesos. En total, recibió 13
contratos: 7 de Presidencia y el resto del IMSS (Noticias MVS, 02/08/2013).
En base a esa y otras informaciones,
incluí a Sota en la lista de “Los 10 Mexicanos Más Corruptos de 2013” que se publicó en el portal
Forbes.com (The 10 Most Corrupt Mexicans Of 2013, 16/12/2013). Cegada por la soberbia, Sota me demandó por
difamación, primero en Nueva York y luego en Virginia.
En la
demanda civil en Virginia, Sota alegaba que su inclusión en el listado de
corruptos tuvo un efecto “devastador” sobre Integra, Metas Estratégicas, S.A.
de C.V., la hasta ese momento desconocida firma de consultoría y asesoría que
fundó en la Ciudad de México recién salida de Los Pinos. Obligada por la Corte estadounidense a probar con datos duros el
supuesto daño que sufrió, Sota alegó que negociaciones con “ciertos
funcionarios gubernamentales” por contratos de servicios por valor de entre
875,000 y 1,700 millones de dólares, se vinieron abajo luego de publicarse la
lista de más corruptos. También sostuvo
que perdió “un importante cliente” y algunas referencias.
La demanda fue desechada porque Sota
no reveló los nombres de los clientes que presuntamente perdió. El magistrado a
cargo del litigio concluyó que mi texto no era difamatorio pues se basaba en
hechos reales y que el listado de los más corruptos estaba protegido por la
Primera Enmienda constitucional sobre libertad de expresión (Caso 1:15-cv-610
Corte del Distrito Este de Virginia).
Su derrota en las cortes
estadounidenses, donde aspiraba a reparar su mala reputación, contrasta con el
lucrativo éxito que ha tenido con el gobierno de Peña y el PRI.
En octubre de 2014, Sota firmó un
convenio por dos años por 20 millones de pesos con la SAT, que dependía de Luis
Videgaray. Álvaro
Delgado reveló que el trato con la SAT,
que le representó ingresos por 800,000 pesos mensuales, fue producto de una
“turbia licitación”. Con el IMSS, el despacho propiedad de Sota firmó un
contrato por servicios indefinidos por cerca de 400,000 pesos. Su primer
cliente fue el gobernador priista Eruviel Ávila (El Amasiato, ediciones
Proceso, 2016). Estos convenios se firmaron después de la publicación del
listado que, según alegó, ahuyentó clientes potenciales a su firma.
Pronósticos Deportivos, Sedesol, y
los priistas del Mazo, Rubén Moreira y Meade, también son, o han sido, clientes
de Sota (Proceso,
13/12/2016). Tras el cuestionado triunfo de Del Mazo, del que Sota se dice
artífice, pretendió repetir la hazaña con la campaña de Meade. Pero la
arrogancia la volvió a cegar. En enero pronosticó que la contienda del 1 de
julio en la que López Obrador arrasó produciría dos finalistas y un “resultado
cerrado” (C&E 18/01/2018).
Casos como el de Sota contribuyen a
darle mala fama a la industria. Sin embargo, sería un error generalizar. Hay muchas firmas
con personal profesional, talentoso y honesto. Habrá instancias en que los
servicios de esos despachos sean indispensables. Deben ser contratadas mediante
licitación pública. Prescindir de toda asesoría externa sería un despropósito.
Ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre.
En 2014, Sota fue exonerada por
Virgilio Andrade por el delito de enriquecimiento ilícito. Sin embargo, los contratos de adjudicación directa otorgados por la Presidencia de
Calderón a Defoe no fueron investigados, como pidió el PRI en el Senado (Punto
de Acuerdo, Grupo Parlamentario del PRI, 17/08/2013). Reabrir el expediente de
ese emblemático caso para determinar si hubo conflicto de interés y tráfico de
influencias, como sospecharon el PRI y PRD en su momento.
Sería una medida ejemplar que
enviaría el mensaje de que el gobierno de López Obrador no tolerará más
parasitismo. La obligación de un servidor público es servir a la gente no
servirse a sí mismo.
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