Bien decía
el divo de Juárez: “lo que se ve no se pregunta”, pero los periodistas somos tercos.
Ante la
respuesta obvia de las partes acusadas insistimos en escucharlas, que tenga el
valor de decirlo en nuestras caras. Después
de conocer lo sucedido antier en el Senado, la pregunta a los tres implicados
era necesaria: ¿hubo algún acuerdo político entre el gobernador de Chiapas,
Manuel Velasco, y Morena para mantener su licencia –y regresar a su estado– y
ceder cinco diputados del Partido Verde al partido de AMLO, para formar mayoría
absoluta en la Cámara baja? Las fuentes contestaron:
Mario Delgado: “Lo de ayer fue una
coincidencia, no tiene relación, yo no tuve ninguna comunicación con Ricardo
(Monreal) o con el Verde, no… cero”.
Ricardo Monreal: “Yo no tuve ningún
acuerdo con la Cámara. Estoy tranquilo con mi conciencia. Si hay suspicacias,
lo lamento (…) para mí es un asunto concluido, es un asunto cerrado”.
Manuel Velasco: “Antes que nada,
quiero asegurarle que no existe ninguna relación entre la aprobación de mi
licencia en el Senado y la decisión de diputados del Partido Verde de formar
parte de otro grupo parlamentario”.
Se olvidan estos personajes que
quienes los vemos, tenemos claro algo desde hace años: nada, NADA en política
es coincidencia. ¿O de verdad asumen que 90 años de ver el
cinismo negociador del PRI no fue suficiente escuela para todos?
Que queden como precedentes estas
respuestas para, en algunos días, atar cabos, entender acuerdos y decisiones;
sus palabras sólo pueden estar sustentadas en hechos y cae más pronto un
hablador que un cojo.
Y es que ese mentado conjunto de
principios que nos vendieron en campaña de “no robar, no mentir, no
traicionar”, lo rompieron en la primera oportunidad,
Porque les tengo noticias: la
chicanada legislativa que le permitió a Manuel Velasco hacer de dos puestos lo
que quiso, sin el consentimiento de los millones que viven en Chiapas, sí es
una traición a la voluntad del pueblo.
El que de
plano no quiso hablar (aunque tampoco es que pudiera justificarse) fue el
presidente electo, Andrés Manuel López
Obrador. El encargado de marcar agenda, de cepillar todos los temas, de jugar
con la prensa y de crear polémica para aparecer en las primeras planas no quiso
decir nada, a pregunta expresa de una reportera: “Licenciado, ¿del caso de
Manuel Velasco y su licencia?” Su respuesta fue: “no, no, no, no, no, no, voy
ahorita a…”. La periodista insistió: “pero esto ha generado mucha polémica,
estos diputados del Verde que se fueron a Morena”. Y el presidente electo
volvió a contestar: “No voy a hablar de eso, corazoncito”. Ella volvió a
cuestionarlo: “¿estos acuerdos políticos no van en contra de lo que usted
decía? Y contestó: “voy a la reunión ahora con los legisladores, corazones,
corazoncitos, corazoncitos, no, no, no, corazones (…) entonces adiós, no tengan
cuidado”.
Alguien que por favor le explique a
quien será responsable de la conducción ejecutiva de 120 millones de personas
que la campaña terminó hace meses, y que si como candidato que buscaba el voto,
era obligatorio tener respuestas de él, como uno de los máximos funcionarios
públicos del país son imprescindibles sus respuestas. Prometió honestidad y
transparencia, y eso debe dar.
Sí, sé que muchos dirán que como
Ejecutivo “debe” respetar la libertad de la vida del Legislativo, pero no para
un personaje que sabiéndose en la cumbre de la popularidad, basó gran parte de
su campaña en pedir el voto por carro completo para facilitarle la
implementación de la tan mentada cuarta transformación. Así que no,
“corazoncitos”, pronunciado con dulzura en lugar de
argumentos y explicaciones no sólo no es un cambio, sino evidencia aquello que las personas tanto
criticamos de los políticos: llegando al poder, sin importar el color, todos
tienen las mismas mañas… digo, argumentos.
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