jueves, 28 de febrero de 2019

En su cancha, presidente.


Javier Risco.

Hace un mes, en una de las ya famosas conferencias mañaneras del presidente Andrés Manuel López Obrador, el director del Infonavit, Carlos Martínez Velázquez, anunció la reestructura de deuda de 160 mil trabajadores a los que su crédito se había convertido en una impagable cuenta que, aunque abonaran, sólo crecía.

En ese momento parecía un ejercicio de esa famosa cuarta transformación que estaba intentando mejorar la vida de los que todos los días trabajan un poco para pagar un techo que tardan de 20 a 30 años en llamar “suyo”.

“El director del Infonavit explicó que desde 2015 no se otorgan financiamientos bajo el esquema propuesto, pese a que todos los créditos emitidos con antelación fueron contratados en ese rubro, por lo que en 2017 el incremento de los mismos se realizaba con referencia a la Unidad de Medida y Actualización (UMA), a fin de colocar el aumento entre el valor del salario mínimo y del UMA.

“Derivado de esto, señaló que los trabajadores concentrados en el esquema en VSM presentan dificultades para terminar de pagar sus créditos bajo el modelo implementado en 2017, ya que destinan menos a su capital y su deuda incrementa conforme al UMA”, señalaba la prensa que cubrió la mañanera. El mensaje estaba ahí: el Infonavit cumplía con el pueblo bueno que confió en que bastaba la buena voluntad de un político idealista y su determinación para terminar con la corrupción, para que México fuera otro.

Ayer, una investigación periodística, esa que va más allá del discurso que todos los días posiciona al Ejecutivo como trending topic, de ese que México necesita para ver el panorama completo de lo que nos está pasando, nos abrió los ojos sobre algo más que pasa en el Infonavit, además de la reestructuración de deudas.

Raúl Olmos y Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad nos contaron sobre dos funcionarios que hoy siguen teniendo un nivel directivo en el Infonavit y que aprovechando sus cargos abusaron de su autoridad para beneficiarse de su puesto: el director empresarial del Infonavit, Sebastián Bernabé Fernández Cortina, y el director general de Riesgos, José Manuel Pelayo Cárdenas.

Lo que Olmos encontró debería prender todos los focos rojos de la 4T. ¡Avísenle a Andrés Manuel! No, Presidente, la corrupción no se va a terminar nomás porque usted lo dice o con la confianza de que “no somos malos por naturaleza”.

“El actual director empresarial del Infonavit, Sebastián Bernabé Fernández Cortina, traspasó una deuda personal de 5.2 millones de pesos al propio instituto a una tasa de 4% anual y 0% en intereses moratorios.

“El traspaso de su deuda se efectuó en diciembre de 2015, cuando la tasa promedio que cobraba el Infonavit a los trabajadores por un crédito hipotecario era de 12%, según consta en documentos obtenidos por Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI).

“Aquel año, el Infonavit otorgó 690 mil créditos a igual número de trabajadores, quienes tuvieron que pagar una tasa 3 veces superior de la que gozó el propio directivo del instituto”. Así abre la investigación de MCCI que para efectos de fact checking tiene a disposición de todos (empezando por las cabezas de la Secretaría de la Función Pública: cof, cof, Irma Eréndira Sandoval) para corroborar hechos.

Una de las cabezas del instituto que da vivienda a los trabajadores se aprovechó de su cargo para abusar y beneficiarse en lo personal. Spoiler alert, Andrés: sí, eso también es corrupción.

En el reportaje también se revela que Pelayo Cárdenas usó un esquema similar y “traspasó al mismo instituto otro adeudo bancario por 8 millones 500 mil pesos, con los mismos beneficios de 4% de tasa anual ordinaria y 0% en interés moratorio”. En eso sí tiene razón, Presidente: si lo hacen los de arriba, lo hacen los de abajo.

Aquí tiene la 4T otra maravillosa oportunidad de mostrar que aquello del cambio verdadero y de barrer la escalera de arriba hacia abajo no son sólo dichos para obtener votos, sino políticas y acciones de gobierno. Ya está en su cancha, Presidente.

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