Por Luciano
Campos Garza.
MONTERREY,
N.L. - El Penal del Topo Chico cerrará definitivamente sus puertas antes de
que termine el mes en curso.
De su
vieja estructura, sólo se conservará el edificio conocido como El Rondín,
construido en forma de cruz e inaugurado en 1943. Una vez reacondicionado, se
convertirá en el Archivo Histórico de la entidad. Los otros dormitorios son
considerados basura arquitectónica y serán demolidos para dar espacio a un
ágora para el goce ciudadano.
A la fecha, el
Centro de Reinserción Social tiene una capacidad para albergar a 3 mil 800
internos, aunque poco a poco se ha ido despoblando. Ahora sólo tiene hay 2 mil
763 reos distribuidos en toda la superficie de construcciones que fueron
añadidas al área central.
Un
informante recuerda que Topo Chico llegó a tener hasta 6 mil 500 reclusos y que
integrantes del Cártel de Los Zetas eran los que reinaban en el interior del
penal.
Este
reportero realizó un recorrido por los dormitorios y las áreas comunes, y
constató que la prisión ya no es el infierno que lo caracterizó por muchos
años. Los internos conviven ahora en aparente armonía.
Aunque nunca
fue así. De acuerdo a cálculos de la Dirección de Centros Penitenciarios del
Estado, los presos que hasta hace poco ejercían el control en el interior del
centro de reclusión, obtenían ganancias de hasta un millón de pesos semanales a
través de la extorsión.
Y es que
se cobraba por todo: protección, ingreso, circulación interna y visitas
conyugales.
Los capos
que controlaban el penal llegaron a tener un sofisticado sistema de
administración que incluía programas de computación y archivos del interno con
registro de toda la familia por si había necesidad de ejercer presión.
Pero la
bonanza vino a menos con la llegada del asesor penitenciario Eduardo Guerrero
Durán, quien en el mes de diciembre inició la transformación generalizada de
los Centros de Readaptación Social en la entidad.
En el caso
de Topo Chico el funcionario decidió cortar de tajo la corrupción y reubicó
a 350 internos, los capos, que controlaban todo dentro del penal. Lo hizo a
pesar de que los líderes soltaron dinero evitar su traslado y perder así los
privilegios.
Pero las
autoridades resistieron y desmantelaron toda la estructura informal que se
había construido dentro del penal. Fueron más de 20 toneladas de desechos los
que sacaron, principalmente cobertizos y mobiliario diverso que se alquilaban
al mejor postor.
El gobierno
estatal tiene urgencia por presentar una nueva imagen de los penales estatales,
los tres varoniles –Topo Chico, Apodaca y Cadereyta—y el femenil de Escobedo.
Este último era ocupado antes por adolescentes infractores se encuentra ubicado
en el municipio de Escobedo.
Topo
Chico fue escenario de una de las peores masacres que se tenga memoria en la
historia penitenciaria del país. Entre el 11 y el 12 de febrero de 2016 grupos
antagónicos de internos riñeron por el control del penal, con un saldo de 49
reos muertos por golpes y objetos punzantes. Algunas versiones que se manejaron
entonces aseguran que en realidad en esa pelea perdieron la vida 52 internos.
El penal
de Apodaca también vivió su propio infierno: el 12 de febrero de 2012 fueron
asesinados 44 internos y, en la confusión, 30 reos lograron fugarse.
El origen
de la disputa fue por el control del penal entre integrantes de los cárteles de
Los Zetas y del Golfo.
Y, el 10 de
octubre de 2017 una riña en el Penal de Cadereyta dejó 16 muertos.
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