Por Pop Lab.
Todos los
mapas de conflictos armados son fotografías del momento. Los desplazamientos de
tropas, conquistas de territorios, repliegues y ofensivas están sujetos a
vaivenes producto de la disposición de recursos, reacciones del adversario,
errores, aciertos y golpes de suerte, comunes en cualquier conflagración
armada. La radiografía que presentamos a continuación es necesariamente
provisional. Es un primer acercamiento, a vuelo de pájaro, de la posición
actual que ocupan en el campo de batalla los ejércitos que participan en la guerra
por Guanajuato se pueden establecer algunas tendencias en el curso de la guerra
de cárteles. Pero son eso, tendencias que mañana pueden revertirse, acentuarse
o diluirse.
Adelantemos
una primera conclusión. Por la cantidad de municipios que controlan y por los
territorios que ocupan los principales cárteles (Cártel Jalisco Nueva
Generación -CJNG- y Cártel Santa Rosa de Lima -CSRL-) es evidente que pasará
mucho tiempo antes de que podamos cantar el fin de las hostilidades. Los
cárteles han acumulado demasiados efectivos, recursos y consolidado muchos
territorios que están bajo su control. Cuentan con fuentes de financiamiento
regular, esquemas de reclutamiento y alianzas que les permiten mantenerse
activos. Los únicos grupos que verdaderamente enfrentan la posibilidad de ser
exterminados son La Unión de León, El Grupo Sombra y Cárteles Unidos. Pero
tanto CJNG como el CSRL tienen los recursos suficientes para mantenerse en pie
de lucha. Ciertamente el CJNG es el cártel que muestra mayor movilidad. Se comporta
como un ejército de invasión. Siempre está en la búsqueda de nuevos
territorios. Pero el Marro desata furiosos y certeros contragolpes que detienen
las embestidas del Mencho.
Por ejemplo,
si el CJNG llegara a apoderarse de la ciudad de Celaya, las tropas del Marro se
refugiarían en la ciudad de Salamanca o marcharían en retirada hacia San Miguel
de Allende. Desde ambas ciudades intentarían una contraofensiva para recuperar
el control de la ciudad cajetera. La ciudad de León lleva 4 años en guerra. A
pesar de tener una superioridad manifiesta, el CJNG no ha podido romper la
alianza de las mafias locales con la policía municipal. Ese ha sido un factor
decisivo que ha impedido que puedan exterminar a las bandas delictivas
leonesas. Pénjamo es muy grande territorialmente. Desde la inexpugnable sierra
penjamense células delictivas del Marro se atrincheran para librar una guerra
de guerrillas en contra de los ejércitos del Mencho, estacionados en Cuerámaro,
Manuel Doblado y la cabecera municipal de Pénjamo. La frontera de Pénjamo con
Michoacán es muy extensa. Grupos del narco michoacano pueden entrar en
Guanajuato en un sinfín de caminos, puentes y brechas. Pueden entrar, golpear,
retirarse a voluntad y refugiarse en tierras purépechas. En suma, la geografía
del estado de Guanajuato dificulta enormemente la terminación de la guerra.
Ésta no terminará pronto.
La
primera fase del plan para la invasión del estado de Guanajuato por parte del
CJNG consistió en la instalación “cabezas de playa” en los municipios de León y
Pénjamo. La avanzada del Mencho tenía la misión de aterrizar en colonias y
comunidades de bajos recursos, para fijar en ellas un perímetro de seguridad
que permitiera el arribo de más contingentes. Una vez obtenido el control total
de las “zonas de desembarco”, con un número de elementos suficiente y un poder
de fuego adecuados, comenzarían los avances ofensivos y la expansión del cártel
hacia más municipios del estado. En el caso de León, el reto consistía en
cooptar o aniquilar a las mafias locales. En el caso de Pénjamo la misión
consistía en desplazar a las células de los Caballeros Templarios que dominaba
en Santa Ana Pacueco, la cabecera municipal de Pénjamo, comunidades asentadas
en la carretera federal Irapuato-La Piedad y en la zona de La Herradura. La
guerra en León implicaba esencialmente aplicar tácticas de combate urbano. La
pelea por Pénjamo tenía implícito operar en un frente de varios kilómetros de
extensión, incluyendo zonas rurales de difícil acceso. Varios de los
comandantes que participaron en el “desembarco” del CJNG en León y Pénjamo, a
la postre serían jefes de plaza en los municipios que fueron conquistando en la
invasión del estado. Se fraguaron al calor de la batalla y recibirían como
recompensa posiciones cómodas en plazas que iban quedando en la retaguardia.
El Cártel
Jalisco Nueva Generación (CJNG) mantiene una pelea encarnizada con las
mafias locales por el control de la ciudad de León desde hace aproximadamente 4
años. Es de hecho el primer municipio del estado de Guanajuato en donde el
Mencho quiso “sentar plaza”. Aunque había reportes de la llegada de células
jaliscienses a la ciudad zapatera desde principios del año 2013, no se calibró
en su justa dimensión la fuerza que empezaron a acumular hasta dos años
después.
No se
trató de un hecho aislado. Las células del CJNG que llegaron de avanzada a León
reportaron a sus cuarteles generales que había las condiciones propicias para
realizar una invasión del estado. Fallaron en su diagnóstico. No sería tan
simple apoderarse de Guanajuato, pero desde los cuarteles generales del Mencho
se dio por buena la recomendación y se emitió la orden avanzar tierra adentro.
A su arribo
a la ciudad de León el CJNG utilizó la doble estrategia de golpear y
negociar. Se apoderó de territorios en manos de mafias locales, pero también
invitó algunos capos leoneses a sumarse a la cruzada. La mayoría declinó la
invitación. No parecía muy atractivo ceder a unos recién llegados los
lucrativos negocios y giros negros que habían tardado años en generar, defender
y expandir. Pero el CJNG no aceptaría un negativa. De hecho, la posibilidad de
sumarse a ellos no era una opción como tal. Era una orden.
Por otro
lado, el CJNG percibió cierto nivel de debilidad en las mafias locales
leonesas. A pesar de tener décadas siendo los amos absolutos de la ciudad, no
habían expandido el consumo de drogas. No había un cártel local como tal, sino
una amalgama de pequeñas bandas dedicadas a distintos giros: narcomenudeo, robo
de vehículos, robo a transporte de carga, clonación de tarjetas, etc. Sus
pleitos y disputas eran ancestrales. Lo único que pudo unir a tantos egos,
protagonismos y desidias, fue la conciencia creciente de que tenían que unir
fuerzas para enfrentar a un enemigo común, que tenía toda la intención de
borrarlos del mapa. O se unían o los jaliscienses los aplastarían por completo.
Fue así como
empezó la guerra por la ciudad de León. El CJNG empezó a asesinar a
narcomenudistas locales que se negaron a vender la coca, marihuana y drogas
sintéticas que comercializaban los jaliscienses. Primero se lanzó en contra de
distribuidores de poca monta, pero después empezó a asesinar a los líderes
históricos de las mafias locales.
Personajes
como Agustín Álvarez Gutiérrez (a) El Guty, fueron asesinados por sicarios
profesionales traídos desde el norte para hacer trabajos limpios, precisos y
certeros. Fue ejecutado mientras despachaba en el restaurante Olive Garden del
Centro Comercial Plaza Mayor. Otro golpe quirúrgico se asestaría en contra de
Gustavo Sánchez Reynoso, alias “El Jari”, dedicado desde hacía décadas al
narcomenudeo, la extorsión y el robo de vehículos. Fue ultimado junto con uno
de sus hermanos en una reunión familiar. Dos años después, su hermano José
Carlos correría la misma suerte. Un año antes su hijo fue asesinado mientras
conducía su BMW a plena luz del día.
El Jari,
El Guty, El Bule, Luis Daniel García Oropeza (a) El Naranjero, Daniel y
Salvador Campos, Aurelio Aguayo, etc., todo ellos líderes del narcotráfico en
León, fueron cayendo bajo el fuego de las ametralladoras del CJNG. Colocados
desde una posición de fuerza los comandantes del Mencho mandaron una nueva
directriz. Tal y como lo documentó la periodista Sofía Negrete, desde Milenio
León, los capos locales solo tenían dos opciones: irse de Guanajuato o morir.
Pero
varios grupos del narcotráfico leonés decidieron pelear. Conformaron la Unión
de León, una especie de confederación de grupos delictivos locales que
resistirían la invasión del CJNG. Se dieron a conocer mediante un tragicómico
video, con una escenografía y discurso con la que reivindicaban su origen
leonés y hacían un llamado para defender la ciudad. Desde entonces, las bandas
locales del narcotráfico y el CJNG han matado policías y abogados,
narcomenudistas y taxistas, parejas de los narcotraficantes y dueños de
narcotienditas. Al igual que en Celaya o Salamanca, en la ciudad de León se ha
disparado el consumo de sustancias ilícitas. Para financiar la guerra los
grupos en disputa han incrementado sus actividades. Aunque los cárteles son los
que están en guerra, los ciudadanos son quienes las financian. Grandes
cargamentos empezaron a llegar a la ciudad. El número de carpetas de
investigación por delitos relacionados por el narcotráfico se disparó. León se
convirtió en una plaza más en manos del narco.
Pero la
conquista de la ciudad de León ha tomado mucho más tiempo que el que
inicialmente habían contemplado los comandantes del CJNG.
Las
mafias locales tienen tres ventajas innegables. En primer lugar, conocen bien
el terreno. Todos los barrios, colonias, callejones, bodegas y escondites, los conocen
como la palma de su mano. En segundo lugar, muchos comandantes de sector y
mandos policiacos mantienen una relación histórica con las mafias leonesas. No
solo cobran sobornos, sino que varios comandantes son integrantes con plenos
derechos de los propios cárteles. Defienden a las mafias locales porque ellos
mismos son parte de ellas. Finalmente, extirpar a mafias locales, en muchos
casos conlleva aniquilar a familias y barrios completos. A los leoneses no les
gusta el control externo. La presencia de un ejército de invasión proveniente
del estado de jalisco resulta odiosa. Hay un regionalismo y un espíritu de
independencia que incita a tomar las armas en contra de los invasores. No han
impedido la invasión, pero la han dificultado.
Frente a
este panorama, el CJNG no esperó más tiempo y lanzó a sus huestes a ocupar
nuevos territorios. A final de cuentas los narcos leoneses estaban haciendo
maniobras estrictamente defensivas. No ponían en riesgo las líneas de
abastecimiento, ni el control de la ciudad. Son una molestia permanente, pero
incluso muchos de los asesinatos dolosos que se cometen en León ya no son
producto de la guerra del CJNG conta los narcos locales, sino se trata de bajas
que las rebeldes pandillas leonesas están dispuestas a tener para resistir al
ejército de ocupación.
Sin embargo,
en los últimos meses el CJNG se ha apuntado muchos éxitos en el asesinato y
exterminio de narcomenudistas de grupos rivales. Lo anterior como resultado
inesperado y colateral de la valiente campaña de denuncia realizada por el
activista Adolfo Enríquez Vanderkam. Adolfo es un activista que ha puesto sus
considerables habilidades mediáticas al servicio de distintas causas
ciudadanas. La última ha tenido un éxito inesperado. Usando sus cuentas personales
de Facebook y Twitter ha invitado a los ciudadanos leoneses que han sido
víctimas o testigos de un hecho delictivo para que proporcionen detalles de los
mismos. Protegiendo la identidad de las víctimas, ha armado el mejor banco de
datos que hay sobre delincuentes que azotan a la ciudad de León. Publica en sus
redes sociales los nombres, apodos, delitos que cometen, domicilios y zonas en
las que operan los asaltantes, narcotraficantes, pandilleros y demás
delincuentes que viven en los barrios y colonias de León.
La
ciudadanía participa activamente en la elaboración de este singular “mapa el
delito”. En todo caso, sorprende la pasividad de las autoridades para
retomar toda esta información que serviría sin ninguna duda para poner tras las
rejas por lo menos a los 100 principales delincuentes de la ciudad. Pero si
para la Fiscalía General del Estado (FGE) o para la policía leonesa, la
información de Adolfo Enríquez pasó desapercibida (o fue convenientemente
ignorada), hubo quien no iba a desaprovechar tan valiosa información. El CJNG
ha comenzado desde hace semanas a retomar los datos que suben a las redes
sociales la red de ciudadanos que colaboran con Enríquez. Detectan a los
individuos, actividades y domicilios y van por ellos.
En
efecto, nadie puede culpar a Adolfo Enríquez de tener vínculos con el crimen
organizado. Pero es un hecho que la información que sube a sus redes sociales
es un insumo al que el CJNG le saca todo el jugo posible. Son los mapas de ruta
que guían muchas de las incursiones nocturnas de los escuadrones de la muerte
del CJNG.
La
segunda cabeza de playa que el CJNG estableció en el estado de Guanajuato fue
en el municipio de Pénjamo. El arribo de los jaliscienses a la zona coincidió
con la llegada al poder de un alcalde de extracción priista, Jacobo Manríquez
Romero. A la fecha es recordado como el peor alcalde que ha gobernado el
municipio que Pedro Infante inmortalizó en una canción. Para los hechos que nos
ocupan, solo nos referiremos a una de sus peores decisiones. Esto es, la
designación de Hugo Tinoco como subdirector de la policía de Pénjamo.
Antes de
llegar a Guanajuato, Tinoco ocupó varios cargos en ciudades fronterizas del
norte del país. De acuerdo con Jesús Blancornelas periodista y director del
legendario semanario Zeta, Tinoco estuvo varios años en la nómina del cártel
de los sanguinarios hermanos Arellano Félix, líderes del cártel de Tijuana. Si
bien es cierto que en la recta final del trienio del panista Eduardo Luna, hubo
un incremento de la incidencia delictiva, durante la época del binomio formado
por Jacobo-Tinoco, empezó una larga noche de violencia y muerte para los
penjamenses.
De 2012 a
2015 la policía municipal sufrió una transformación pocas veces vista. En el
arranque del gobierno de Jacobo Manríquez la policía de Pénjamo trabajaba para
narcos y grupos michoacanos. Comenzó a ser infiltrada poco a poco por el CJNG.
Para el último año del gobierno de Jacob, la policía penjamense ya trabajaba
para el CJNG, aunque había elementos de la policía municipal que seguían fieles
a los cárteles michoacanos. Un giro radical de 180 grados.
El punto
de inflexión ocurrió en el año 2014. Fuerzas federales, encabezadas por un
escuadrón de la Marina, capturaron en las inmediaciones de Mitad de Noria a
Martín Soto Chávez (a) El Pony, máximo líder La Familia Michoacana. En el
rancho de su propiedad había un hipódromo, en donde se hacían carreras de
caballos los fines de semana a las que llegaron a asistir integrantes del
primer círculo de Jacobo Manríquez. La detención de El Pony la dio a conocer en
conferencia de prensa en la ciudad de México y ante medios nacionales, el
propio titular de la Comisión Nacional de Seguridad (CNS), Monte Alejandro
Rubido García.
Sin embargo,
este “golpe” a las estructuras del narcotráfico no se debió a las labores de
inteligencia que realizó el gobierno federal. La detención de El Pony se logró
gracias a información que filtró el CJNG a la PGR sobre la ubicación,
propiedades, rutinas y protección de la que El Pony gozaba en el municipio de
Pénjamo. Rubido se colgó la medalla por la detención de uno de los últimos
líderes de La Familia. El CJNG obtuvo el control del suroeste del estado de
Guanajuato. Se trató de un buen intercambio, mutuamente beneficioso.
En su
momento, la pelea por el control de Pénjamo situó al municipio como el de
mayor tasa de homicidios dolosos en el estado. A la fecha todos recuerdan como
dieron inicio las hostilidades. En la glorieta del Boulevard Lázaro Cárdenas,
de la cabecera municipal fue encontrada una hielera con la cabeza de una
persona que había sido decapitada. A los pocos metros estaba el resto de su
cuerpo con huellas de tortura. Había dado inicio las limpias de los
jaliscienses, situación que no hizo retroceder a las subsecuentes células de La
Familia y Los Caballeros Templarios. Todo lo contrario.
Al igual que
en el municipio de León, el CJNG si bien llegó controlar gran parte del
municipio, nunca logró pacificarlo del todo. Cuando eran derrotadas las células
michoacanas se internaban en la sierra de Pénjamo en espera de refuerzos, armas
y suministros. En la sierra, los michoacanos habían podido instalar
narcolaboratorios en varias ocasiones. Cuando les cortaban la retirada por ese
flanco, emprendían la huida hacia La Piedad, Numarán y demás municipios de la
larga frontera que Pénjamo tiene con el estado de Michoacán.
Es necesario
reconocer que los gobiernos panistas habían previsto y se habían preparado para
evitar una invasión de cárteles del narcotráfico provenientes del sur. Se
resistieron por todos los medios a construir una infraestructura que permitiera
mayor movilidad de Guanajuato hacia Michoacán. No construyeron ni puentes, ni
caminos por muchos años en la región. En el trienio del panista Erandi
Bermúdez, instalaron una base de la SEDENA en la carretera federal Irapuato-La
Piedad. Pero, sobre todo, levantaron una “muralla política” entre el cártel de
Los Caballeros Templarios y Pénjamo, financiando y apoyando la campaña del
panista Ricardo Guzmán a la alcaldía de La Piedad, Michoacán. Para llegar a
Pénjamo y a Guanajuato, los narcos michoacanos antes tenían que apoderarse de
La Piedad. Una vez electo, Ricardo Guzmán no cedió ante las amenazas recurrentes
de los narcos. Durante los casi 4 años que duró su mandato, gestionó recursos
para obras de alto monto (dos libramientos carreteros de 4 carriles), limpió la
administración municipal y tuvo un gobierno cercano a la gente. El jefe de
plaza de los caballeros templarios, exasperado por la resistencia que ofrecía
un popular y honesto alcalde del PAN, ordenó su muerte. Con su desaparición
física y con la llegada del PRI al gobierno de Pénjamo se aceleró la invasión
de los michoacanos a territorio guanajuatense.
Pero no les
duró mucho el gusto, pues al poco tiempo dio inicio la invasión del CJNG.
Los michoacanos no habían esperado tanto tiempo para dejar que se les fuera su
presa, así como así. Cuando perdieron el control del municipio, emprendieron
una guerra de guerrillas, de hostigamiento y de desgaste en contra del CJNG en
Pénjamo. Además, cuando el CJNG se trenzó en una feroz batalla contra las
tropas del Marro, en la zona de Salamanca, Celaya y los Apaseos, el líder de
CSRL emprendió una hábil táctica militar. Empezó a atacar la retaguardia del
CJNG.
En los
momentos álgidos de la guerra en el así llamado “triángulo del huachicol”, el
Marro empezó a atacar la retaguardia del CJNG en San Francisco del Rincón,
Cuerámaro, León y Pénjamo. Con ello aliviaba temporalmente la presión sobre las
zonas que controlaba el CSRL. Al principio el Marro enviaba células de hombres
armados, pero posteriormente empezó a abrir un sistema de “franquicias”. El
Marro empezó a reclutar a delincuentes de las zonas dominadas por el CJNG que
no se habían doblegado frente a los jaliscienses. Les dio armas, parque y
dinero para que empezaran maniobras de hostigamiento en contra del CJNG. No
detenían el avance en territorios del Marro, pero lo hacían más lento y
tortuoso.
PAX NARCA,
SÓLO UNA PROMESA.
El CJNG
ha fracasado rotundamente en la promesa que de manera recurrente realiza en
narcomantas y videos. En ellos afirma que abatirá a delincuentes locales, que
aniquilará a ladrones, secuestradores y extorsionadores. Como parte de su
propaganda de guerra insiste que bajo el dominio del CJNG, llegará la ansiada
paz para las familias guanajuatenses. No ha sido así.
Ni en
León, ni en Pénjamo, sus dos cabezas de playa, el CJNG pudo imponer un cese de
las hostilidades. Por el contrario, ambos municipios desde hace varios años
muestran una alta tasa de homicidios dolosos que se mantiene constante. Las
masacres continúan. Solo en algunos pocos municipios bajo su control
(Cuerámaro, Manuel Doblado, Huanímaro, Romita) ha habido periodos de paz que
súbitamente se ven interrumpidos por delitos de alto impacto.
El CJNG
puede convivir con gobiernos municipales de distintos partidos (ese no es el
caso del CSRL). Pero la pax romana de su narcoimperio sigue siendo una promesa
incumplida, que deja sin sustento uno de los pocos argumentos que los
pragmáticos esgrimen para defender la guerra de conquista que los jaliscienses
emprendieron en Guanajuato.
Sin haber
podido pacificar del todo los territorios que conquistó, pero con un razonable
control de los mismos, el CJNG puso a sus ejércitos en marcha. Desde León,
con una manobra de flanco, se apoderaron de Purísima y San Francisco del
Rincón. Desde Pénjamo, emprendieron la conquista de Abasolo, Cuerámaro y
Huanímaro. Una tercera columna avanzó sobre Manuel Doblado y Romita. Salvo
Abasolo, fueron plazas relativamente fáciles de conquistar. Los problemas
empezaron de nuevo cuando llegaron a Silao e Irapuato. Las primeras células de
avanzada que llegaron a explorar el terreno fueron aniquiladas.
Se ha
discutido desde hace tiempo si hay más cárteles peleando en territorio
guanajuatense. Se suele ofrecer como prueba la detención de distintos capos del
Cártel del Golfo, del Cártel de los Beltrán Leyva y del Cártel de Sinaloa en
las ciudades de León, San Miguel de Allende e Irapuato. Por ejemplo, el
excelente estudio que realizó LANTIA CONSULTORES (Panorámica general de las
organizaciones criminales en Guanajuato) identifica 11 grupos criminales
operando en la entidad.
Pero no
se debe confundir “contactos y relaciones” con “presencia”. La Unión de León
sigue recibiendo cargamentos de droga por parte del cártel de Sinaloa. El CSRL
recibe droga de parte de cárteles michoacanos y de parte del Cártel del Golfo.
Es común encontrar en las zonas de guerra a sicarios de Sinaloa, custodiando
embarques y envíos de armas. Es decir, a menos de que espectaculares
investigaciones periodística demuestren lo contrario, Guanajuato no produce la
droga que consume. En su mayoría viene de fuera. Para abastecer a las ciudades
y zonas metropolitanas de Guanajuato se requieren cargamentos regulares y una
red de transporte, almacenaje y distribución. Pero al día de hoy la presencia
de otros cárteles en Guanajuato está orientada a suministrar armas, municiones
y cargamentos de droga.
Es decir, hay
dos niveles de participación en la guerra de cárteles. Por un lado, están los
“peleadores” (CJNG-CSRL), que llevan varios rounds arriba del ring, pero en sus
“esquinas” están los managers (Michoacanos, Cártel del Pacífico, Zetas, Cártel
del Golfo), que asisten a los contendientes, curando heridas, dando agua,
poniendo el protector bucal y dando consejos.
Incluso
para distinguir “la droga propia” de la ajena, los cárteles ya han empezado a
usar “marcas” y distintivos. Los primeros fueron los michoacanos. Los productos
de piratería que comercializaban entre los tianguistas de Santa Ana Pacueco
venían marcados con el logo de una mariposa, lo que permitía reconocer su
“autenticidad”. De igual modo, desde hace tiempo, la marihuana y cocaína del
CJNG ya se distribuye en empaques debidamente pesados y rotulados.
La única
presencia documentada de cárteles foráneos operando en Guanajuato la tenemos
con el grupo Cárteles Unidos y con el Grupo Sombra, del Cártel del Golfo que
controlaban Silao e Irapuato, respectivamente. Cárteles Unidos y Grupo Sombra
conforman la legión extranjera que apoya al CSRL en su guerra contra el Mencho.
Propinaron duros reveces a las huestes del CJNG en varias ocasiones. Incluso
llegaron a interrogar y torturar a algunos narcomenudistas del CJNG que dieron
información sobre casas de seguridad y cargamentos. Para derrotarlos, el Mencho
se vio en la necesidad de enviar a uno de sus grupos de élite que había
demostrado ser mortalmente eficaz en encomiendas pasadas en otras entidades.
Con
rapidez y contundencia el Cuerpo de Élite del CJNG detuvo, torturó, asesinó y
descuartizó a los cabecillas de Cárteles Unidos y del Grupo Sombra. Puso al
descubierto la complicidad de la policía de Silao y de agentes ministeriales de
Irapuato con El Marro. Para rematar distribuyó los videos de los
interrogatorios y de las confesiones de sus integrantes hechas bajo tortura.
Silao e
Irapuato aún están en llamas, pero si siguen el rumbo de otros municipios como
Abasolo, San Luis de la Paz y Guanajuato capital (en donde el número de
homicidios ha bajado de forma significativa) poco a poco la pax narca impuesta
por el CJNG permitirá que los habitantes vuelvan a las actividades que
realizaban antes de la guerra. Pero si se replica el escenario que se vive en
Salamanca y Celaya, las medallas que el grupo de élite se ganó en Silao e
Irapuato, tendrán que ser refrendadas por nuevos operativos para terminar el
trabajo que dejaron inconcluso.
CELAYA,
CIUDAD SITIADA.
Como ya se
comentó en otro momento, desde hace meses el CJNG lanzó un ataque directo en
contra de la ciudad de Celaya. No sólo envió a un ejército de invasión, que
llegó desde Salamanca. Atacó la retaguardia de las células del Marro
estacionadas en esa ciudad, con un amplio arco y rodeo que sus tropas
realizaron para atacar desde la zona de los Apaseos. La ciudad cajetera está
siendo atacada desde dos frentes. Sucesivas incursiones del CJNG, hasta el
momento, no han podido doblegar a la “heroica” defensa que el Marro ha
realizado de la que él considera su ciudad. La llegada de 700 efectivos de la
Guardia Nacional, sin duda tendrá un impacto en el desarrollo del conflicto.
Con cierta ingenuidad las autoridades piensan que quizá la FGE, las Fuerzas de
Seguridad Pública del Estado (FSPE) y la Guardia Nacional lograrán la paz en la
ciudad. El efecto será de otro tipo.
Todo
depende del tipo de actividades que la Guardia Nacional desarrolle. Si la
Guardia realiza labores de inteligencia, contrainteligencia y localización de
objetivos, la guerra se recrudecerá. El Marro lanzará un contraataque para
minar las capacidades de sus oponentes, ya sea en Celaya o en ciudades bajo el
control del CJNG. Pero si la Guardia Nacional solo llegó para realizar
operativos de patrullaje y presencia disuasiva, entonces quienes se verán
impedidos para continuar con la ofensiva serían los efectivos del CJNG. La
presencia de la Guardia Nacional le permitiría el CSRL reorganizarse
aprovechando el cese al fuego y una virtual tregua.
Bajo cualquier
escenario no se alcanza a apreciar de qué manera 1,200 efectivos podrían poner
fin o imponer una disminución de los balaceras, ejecuciones, cobros y
extorsiones que azotan a la ciudad.
QUÉ HUBIERA
PASADO SÍ…
Luego de
este largo recorrido por varias de las batallas y teatros de disputa de la
guerra es inevitable hacerse una pregunta contrafactual: ¿Qué hubiera pasado
si gobierno del estado hubiera combatido con todo su poder de fuego al CJNG en
el inicio de su invasión al estado de Guanajuato? ¿En cuál situación nos
encontraríamos actualmente si el gobernador Miguel Márquez hubiera eliminado
las cabezas de playa que el Mencho estableció en el año 2013 en la entidad? A
la luz de los hechos subsecuentes queda claro que si Guanajuato tenía una oportunidad
para evitar la penetración del CJNG era muy al principio de la guerra. Es
decir, cuando la invasión estaba en su fase preparatoria. Cualquier intento por
hacerlo después estaría condenado al fracaso.
También vale
hacerse la pregunta contraria, ¿Por qué Carlos Zamarripa permitió que el
CSRL creciera tanto en la zona de Villagrán, Celaya, Salamanca y los Apaseos?
¿Cómo es que nadie se percató de la fuerza que estaba acumulando José Antonio
Yépez, al grado de financiar campañas y comprar candidatos? ¿Por qué no se
estableció una estrategia de combate-negociación con él, si no había
condiciones para aprehenderlo? ¿De verdad el monto de los sobornos para
subprocuradores y comandantes de las FSPE fue tan grande como para provocar un
nivel de ceguera que impidió percibir que estaban incubando un conflicto
inmanejable en el mediano plazo?
Todavía
hasta hace algunos años tanto la PGE como las FSPE tenían la capacidad para
mantener a raya y limitar las actividades delictivas de grupos del narcotráfico
como los Zetas o La Familia Michoacana. Por ejemplo, en los tiempos de Juan
Manuel Oliva, Gobierno del estado había frenado y combatido el crecimiento del
PRD en el sureste de Guanajuato. En Palacio de Gobierno siempre se supo que el
triunfo de los candidatos perredistas en Acámbaro, Valle de Santiago, Santiago
Maravatío, etc., traería consigo la instalación de células del narco
michoacano, que eran quienes normalmente financiaban las campañas de los
candidatos del sol azteca. Incluso para regresarles la “cortesía”, el PAN
operaba con dinero, despensas, abogados y operadores políticos en el municipio
de La Piedad Michoacán. Si los narco-perredistas conquistaban Acámbaro, el
panismo guanajuatense les impediría ganar en La Piedad. Era la política del ojo
por ojo.
Incluso en
2011, en el trienio del alcalde perredista Gerardo Silva, la Procuraduría
General del estado aprehendió al director y subdirector de la policía municipal
de Acámbaro, detuvo y desarmó a todos los elementos de la policía municipal y
estuvo a nada de iniciar el proceso de destitución del presidente municipal,
por su presunta colaboración con La Familia Michoacana ¿Qué pasó después?
¿Dónde quedó toda esa contundencia, rapidez y reflejos para combatir primero al
Marro y después al CJNG? Quizá las respuestas a algunos de esto enigmas las
tendremos de manera indirecta en las memorias no escritas de muchos de los
actores que vivieron y protagonizaron estos episodios.
Pero todavía
hay una historia pendiente por contar. Frente a todos estos movimientos,
planes de guerra, ataques y contraataques de los cárteles, ha habido
movimientos análogos de la Fiscalía General del Estado, de la Fuerzas de
Seguridad Pública, de la Marina y ahora de la Guardia Nacional. A diferencia de
los movimientos realizados en el tablero por los generales del narco, las
respuestas de las fuerzas de seguridad pública siempre han tenido una fuerte
dosis de improvisación, imperativos mediáticos para apaciguar a la opinión
pública y en general han sido de carácter esencialmente reactivo.
Quienes
están marcando el ritmo de la guerra son los barones de la droga, la extorsión
y el secuestro. A cada movimiento de los cárteles hay una acción y respuesta
espejo. Pero sobre la comedia de enredos y equivocaciones en las que han
incurrido las fuerzas estatales y federales, en sus operativos de captura,
despliegue de efectivos y recuperación de territorios, nos referiremos en una
siguiente entrega.
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