José Gil
Olmos.
La primera vez que se utilizó el voto
del miedo en México fue en 1994. Entonces, el PRI desplegó toda una campaña
entre la población al asegurar que, si no votaban por Ernesto Zedillo, el país
podría entrar en una etapa de inestabilidad e ingobernabilidad por el conflicto
zapatista.
Eso y el uso del aparato del Estado
hicieron que el candidato priista le ganara a Cuauhtémoc Cárdenas y a Diego
Fernández de Cevallos.
La segunda
ocasión en que fue utilizada esta estrategia electoral fue en 1996, cuando el PAN y el presidente Vicente Fox desplegaron una
campaña sucia contra Andrés Manuel López Obrador, calificándolo como “un
peligro para México”, tras sus declaraciones de mandar “al diablo” las
instituciones que estaban coludidas con el gobierno panista.
Esa misma mecánica electoral la
volvieron a repetir en 2012, pero ahora fue el PRI y su candidato, Enrique Peña
Nieto, contra López Obrador al compararlo con Hugo Chávez.
Este tipo de estrategia o de campaña
sucia tiene la intención de impactar en la percepción del electorado creando
una figura amenazante para la estabilidad del principal núcleo social: la
familia.
De ahí que
en el 2012 la idea de que López Obrador era un riesgo para el país fue
ampliamente difundida a partir del segundo mes de la campaña, cuando tenía una
amplia ventaja sobre Felipe Calderón.
En dicha estrategia participaron
directamente el presidente Vicente Fox, quien declaró como una cuestión
personal impedir el triunfo del tabasqueño. También lo haría la jerarquía
católica, que ordenó que desde el púlpito los sacerdotes hablaran en su homilía
de los peligros que representaba un triunfo del exjefe de gobierno capitalino.
Testimonios posteriores a la elección
señalaron que sacerdotes de la región del Bajío manifestaron en las iglesias
que López Obrador era “comunista” y que si ganaba “les quitarían un hijo y un
pedazo de sus propiedades”.
La propalación de estas ideas y la
participación directa del aparato del gobierno de Fox hizo que ganara Calderón
“haiga sido como haiga sido”, como el propio candidato panista lo declaró
tiempo después.
Hoy, el PRI y el equipo de campaña de José
Antonio Meade están usando nuevamente la estrategia del voto del miedo a través
de los discursos en los mítines y en las redes sociales, con una serie de
videos en los cuales aparecen mujeres, hombres y ancianos advirtiendo que
tienen “miedo” de que gane López Obrador.
Ahora ya no
usan el eslogan de que éste es “un peligro para México”, sino una serie de
ideas de que sus propuestas de cambiar las reformas educativa y energética y
revisar los contratos de la construcción del nuevo aeropuerto y de la
extracción del petróleo son de un personaje que pertenece al pasado, que es
populista, autoritario e intransigente.
Ese es el
mensaje que se quiere transmitir para impactar en el estado de ánimo del
electorado. El PRI y su candidato presidencial, José Antonio Meade confían que
le llegarán a la gente mediante estos videos difundidos en internet.
Sin embargo, a diferencia de las elecciones anteriores,
esta estrategia se topará con un rival más fuerte y que día con día crece de
manera imparable: el enojo social por los escándalos de corrupción en el
gobierno y en el PRI por las historias de gobernadores vinculados con el crimen
organizado, el desvío de recursos de los programas sociales de funcionarios
para el enriquecimiento personal o para hacer ganar a los candidatos oficiales
en todas las entidades, entre otras acciones reprobables.
Por cierto… José Antonio Meade no ha logrado convencer de
que en medio del pantano priista él es una flor que no se mancha, pues ni con
su declaración de “7 de 7” ha podido deslindarse de la corrupción que hay en
las filas priistas y entre muchos de los integrantes de su equipo.
En los
mítines realizados, casi todos en lugares cerrados para tener un mayor control,
quien causa la mayor simpatía es su esposa, Juana Cuevas. De ahí que una idea
que comenzó a circular es que si Pepe no levanta Juana sería mejor candidata.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.