Andrés
Manuel López Obrador va de sorpresa en
sorpresa. Después de anunciar que el exrector de la UNAM, Juan Ramón de la
Fuente, será el próximo embajador de México en la ONU, se reunió con los
miembros del selecto Grupo Monterrey.
El próximo mandatario del país y los
magnates regiomontanos: Rogelio Zambrano (Cementos Mexicanos), Enrique Zambrano
(Proeza), Armando Garza Sada (Grupo Alfa), Juan González (Maseca), Federico
Toussaint (Lamosa) y Adrián Sada (Grupo Vitro), entre otros, comieron en un
restaurante cercano a la casa de transición de la colonia Roma.
Al salir, López Obrador festinó los resultados del
encuentro, que se prolongó por casi tres horas:
“La reunión se dio en muy buenos
términos. La relación es muy buena, extraordinaria y hablamos de lo que se
requiere para sacar adelante al país, que haya crecimiento económico, trabajo,
bienestar, cómo unirnos para lograr el progreso con justicia en México. Todos
están dispuestos a invertir”, aseguró.
El virtual
presidente electo estuvo acompañado en la comida por el futuro jefe de la
oficina de la Presidencia, el también empresario regiomontano Alfonso Romo
Garza, quien comentó a los periodistas
que el propósito de la encerrona fue definir una estrategia para abatir la
pobreza y crear condiciones de crecimiento y bienestar en todas las regiones de
México.
Según Romo Garza, los empresarios
también se comprometieron a respaldar el proyecto de jóvenes como aprendices en
las empresas y se les invitó a contribuir en la evaluación de proyectos.
“Estamos haciendo toda una maquinaria, de todos los sectores, para poner a
México en el lugar que le corresponde”, dijo.
Anunció que continuarán este tipo de
reuniones de manera periódica. Por lo pronto, informó que a principios de
septiembre, López Obrador viajará a la capital de Nuevo León para reunirse con
cuatro mil empresarios regios, algunos de los cuales no vieron con buenos ojos
el triunfo electoral del político tabasqueño.
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