Por Arnoldo
Cuellar.
Como el
padre de familia que no quiere darse cuenta de las disfuncionalidades en su
casa y pretende superarlas celebrando rumbosamente una fiesta de 15 años para
su primogénita, así el Gobernador de Guanajuato, rodeado de un grupo de
asesores cuyo fuerte es “la imagen”, pretende pasar por encima de la delicada
situación que vive la entidad, dedicándose solo a las cosas positivas.
Con una
disciplina que parece forjada más por coaches que por estrategas, el Gobernador
aplica las máximas del “pensamiento positivo” y parece estar plenamente
convencido de que “el pensamiento positivo no solo nos hará sentirnos
optimistas, sino que favorecerá que de hecho las cosas salgan bien. Si uno
espera que el futuro le sonría, el futuro le sonreirá.”[1]
Sin embargo,
las cosas no parecen tan sencillas.
Dotar de vehículos deportivos de postín a la nueva policía turística no hará
que mejore la percepción sobre Guanajuato en el exterior, sobre todo si
continúa la cadena de noticias trágicas que nos tiene en portadas nacionales y
del extranjero desde enero hasta la fecha.
Hacer de León la sede de lanzamiento
de una campaña medioambiental no funcionará si la ciudad prosigue su acelerada
devastación arbórea y persiste la inclinación por edificar centros comerciales
y zonas residenciales en demérito de las áreas verdes. La alta polución que
registra el aire del corredor industrial es el más claro ejemplo de que los
discursos y la publicidad gubernamental no hacen buenas políticas públicas.
Este arranque de semana el estado de
Guanajuato estuvo presente en la mente de actores políticos y líderes de
opinión del país por la desatada violencia del fin de semana, a la que abonó la
exagerada reacción del ex Presidente Fox con su denuncia de un comando armado
amenazando su rancho, que solo pareció existir en su imaginación.
Frente al
tema, el Presidente Andrés Manuel López
Obrador que parece estársela jugando a fondo con el Gobernador Diego Sinhue
Rodríguez en el respaldo a las acciones contra la inseguridad, reconoció que en
Guanajuato “se arraigó mucho el problema de la violencia, se toleró por mucho
tiempo y sí, está haciendo crisis”.
Sin embargo,
esa coordinación parece tener una pata
coja cuando en Guanajuato, a las pocas horas de esa declaración, el Gobernador
asegura no haber escuchado las palabras del Presidente y rechaza hablar de las
muertes ocurridas el fin de semana, delegando en sea vocera la atención del
tema, quien, por cierto, tampoco lo hizo.
Pero Sinhue sí aborda con largueza el tema de su vista
a Alemania y la visión sobre Guanajuato. Animado, afirma: “Lo ven muy bien,
sigue siendo un referente. Hace 20 años no sabían que existía ahora es el
epicentro automotriz pero no solo eso, en materia logística lo ven viable y
logramos cerrar con empresas acuerdos”.
Llama la atención que el Gobernador
descubra esa vertiente de novedad, asegurando que a fines de los noventa en
Hannover no sabían que existía Guanajuato. Quizá se refiera al tema
exclusivamente automotriz, porque en otros terrenos había existido una
fructífera colaboración, no se diga en el de la cultura, donde el Festival
Cervantino a menudo tuvo presencia de coreógrafos, ensambles y compañías de
teatro del país germánico.
El vicio de los políticos de pensar
que el mundo empieza con ellos no es necesariamente negativo. Al final del día
constituye un impulso renovador, una capacidad de renacer que le viene muy bien
a las sociedades.
Incluso, ese ánimo de hacer sentir que Guanajuato
requiere de nuevos impulsos y de una viabilidad renovada, es el que se extraña
en materia de seguridad, donde el Gobernador Sinhue ha decidido desentenderse
del tema por desagradable, porque da mala prensa y no reditúa imagen, para
dejárselo a los alguaciles de su Gobierno, verdaderos Sheriffs de Nottingham,
que se encargan del trabajo sucio y que vienen del pasado.
Por eso los agujeros del discurso
renovador de Diego Sinhue, quien no puede hablar de industria 4.0 y de mente-factura
con solvencia, mientras su Gobierno arrastre el peso muerto de una política de
seguridad coja y una criminalidad desafiante.
Por más tuits que mande el área de
comunicación social del Gobernador con fotos agradables y tareas constructivas,
sigue persistiendo la idea de que “algo está podrido en Dinamarca”.
Cuando ha habido un asomo de
sinceridad, como en el primer informe de gobierno, Diego ha llegado incluso a
coincidir con López Obrador: “se restableció el estado de derecho en Santa Rosa
de Lima”, dijo el mandatario estatal; “se arraigó la violencia, se toleró por
mucho tiempo”, dijo el Presidente.
Y entonces el elefante en la sala
aparece: que hacen allí esos mismos funcionarios que dejaron hundir el estado
de derecho, no solo en Villagrán sino en todas partes; porque se les renueva la
confianza a quienes toleraron la violencia y permitieron su arraigo.
Esas preguntas no se contestan en un
tuit y tampoco se olvidan con la foto de un Corvette disfrazado de patrulla
fifí.
1. Fragmento
de: Barbara Ehrenreich. Sonríe o muere. P.15. Turner Publicaciones en iBooks.
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