Por Ernesto
Villanueva.
De manera
cada vez más recurrente los detractores de Andrés Manuel López Obrador, e
incluso los analistas que guardan distancia del presidente sin que ésta se
desprenda necesariamente de un agravio, generan mensajes con una mezcla de
realidad y de mentira: la llamada posverdad.
Esos
núcleos críticos ponen el acento en las debilidades reales o aparentes del
discurso y de las acciones del nuevo régimen. Todo ello, empero, no ha podido minar la
popularidad de AMLO en los grandes grupos de la población. Si este fenómeno se
analizara desde la lógica racional sería un sinsentido. En teoría, una
narrativa con dosis mayores o menores de realidad debería tener efectos en el
comportamiento, en las actitudes conductuales de la sociedad. Así pues, la
pregunta central es dilucidar: ¿Por qué no los hay? ¿Por qué AMLO sigue
teniendo una ascendencia en por lo menos las dos terceras partes de la
población, incluso si se dan por buenos los estudios de opinión de sus propios
detractores, aun cuando lo hicieran por consigna o por ejercer un periodismo
que pueda verse como independiente? Esa proporción sería incluso mayor si el
mismo ejercicio se hiciera de manera aséptica, sin agenda alguna.
La
respuesta reside,
desde mi punto de vista, en el hecho de que la mayor parte de la sociedad
mexicana no actúa en función de la lógica racional; es decir, del conocimiento
basado en la comprobación (o percepción de que así es la realidad) empírica de
un conjunto de datos que pudieran tener un impacto en su calidad objetivable de
vida: inseguridad, falta de oportunidades y muchos otros datos que nutren una
narrativa que da vida a la posverdad y forma las denominadas fakes news o
mentiras que se presentan como si fueran noticias veraces.
El mexicano
lato sensu abreva de la lógica emocional, que es mucho más compleja que la
racional. En grandes líneas, la primera está integrada, entre otros, por
sentimientos, datos cognitivos, ideas de referencia y actitudes
comportamentales. Este conjunto de ingredientes del pensamiento requiere de un
trabajo de psiquiatras, neurocientíficos, psicólogos y sociólogos, entre otros
especialistas, para su debida comprensión. Pero este es otro tema…
De
ninguna manera considero que AMLO haya provocado una mutación del pueblo de la
lógica racional a la emocional. En cambio, sí estoy convencido de que el presidente ha
sabido aprovechar de manera brillante esa peculiaridad emocional que mueve a la
gran mayoría de los mexicanos.
La
organización WSA, con sede en Viena, Austria, que congrega a un equipo
científico interdisciplinario internacional, lleva a cabo encuestas agregadas
por quinquenios que le dan mayor valor a las llamadas “fotos de momentos” de
las encuestas, que difícilmente podrían sustentar hábitos de pensamiento y
percepción en el tiempo.
En el
estudio más reciente de esa organización, correspondiente al periodo 2010-2014,
hay un dato que sería un despropósito si se analiza desde la lógica
racional. A la pregunta de cuál es el sentimiento de felicidad –con cuatro
respuestas posibles: muy feliz, razonablemente feliz, poco feliz y nada feliz–
México ocupa el primer lugar en el mundo al responder 67.5% de los encuestados
que son muy felices.
Racionalmente
sería poco menos que imposible aceptar que con la inseguridad, la falta de
empleos, los trabajos mal pagados y un largo etcétera exista esa respuesta
durante cinco años consecutivos.
En datos
completamente diferentes, sólo 23.1% de los ciudadanos de Alemania dice ser
muy feliz, y estamos hablando de la primera potencia europea, cuya calidad de
vida es infinitamente mejor que la mexicana. Ese mismo sentimiento declara
36.1% de los ciudadanos de Estados Unidos, la primera potencia mundial que, se
supone, es el atractivo de millones de personas para migrar.
Por el
contrario, sólo 0.4% de los mexicanos dijo ser nada feliz o infeliz, la
misma cifra que, nada más y nada menos, se registró en Suecia, considerado el
país con mayor equidad y desarrollo del mundo (Inglehart, R., C. Haerpfer,
A. Moreno, C. Welzel, K. Kizilova, J. Diez-Medrano, M. Lagos, P. Norris, E.
Ponarin & B. Puranen et al. [eds].), 2014, World Values Survey:
Round Six-Country-Pooled Datafile Version:
www.worldvaluessurvey.org/WVSDocumentationWV6.jsp. Madrid: JD Systems
Institute).
Hay, como es
evidente en estos esfuerzos, márgenes de error, pero así fueran de más de 10%,
algo improbable científicamente, los datos muestran de qué manera el pueblo
mexicano procesa la realidad percibida y cómo la internaliza para activar sus
pautas comportamentales. Un buen texto, clásico en el estudio de este tema,
es el del psiquiatra Luc Ciompi: The psyche and schizophrenia. The bond between
affect and logic, Harvard University Press, 1986.
Lo
anterior pone de relieve que falta muchísimo más que datos comprobables para
que la confianza de la gran mayoría de los mexicanos en el presidente de la
República encuentre asideros sólo apelando a la parte cognitiva. Hasta ahora
todas las estrategias en este sentido han fallado, como ocurrió en el caso de
la guerra entre Vietnam y Estados Unidos, país este último que resultó perdedor
pese a sus operaciones psicológicas, consideradas de vanguardia en su momento
pero que no cumplieron sus objetivos.
En
conclusión, si las tendencias en México se mantienen como ahora, tendremos
presidente de la República para rato, aun cuando los grandes expertos
internacionales en datos duros pongan frente a su electorado pedazos de
realidad negativa. Ese alto valor reclama al mismo tiempo que AMLO tenga la mayor
seguridad posible por el bien de todos.
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