Julio
Astillero.
Arturo
Herrera, el virtual secretario de Hacienda y Crédito Público, podría alegar que
prefiere no presentarse en más actos con el presidente Andrés Manuel López
Obrador en tanto su nombramiento no sea convalidado por la Cámara de Diputados.
Rocío Nahle, en cambio, no tiene muchas excusas a la mano: debió haber
acompañado la presentación del plan de negocios (tal fue su denominación
oficial, aunque el propio Presidente de la República reconoció que era más bien
un plan de trabajo) de Petróleos Mexicanos (Pemex), cuando menos para atemperar
las evidentes muestras de confrontación, o cuando menos de fuerte
distanciamiento, que a la opinión pública proveen la secretaria de Energía,
Nahle, y el poderoso amigo tabasqueño Octavio Romero Oropeza (ORO), quien
fungió como única figura destacada en la conferencia mañanera de este martes.
En cuanto a
Herrera, el sorprendido relevista emergente de Carlos Urzúa en la SHCP, su
nombramiento definitivo avanzó ayer al ser aprobada esa propuesta por amplia
mayoría en comisiones de la Cámara de Diputados, a partir de lo cual tal
pretensión luego será votada favorablemente en el pleno de San Lázaro. Hubo
críticas y objeciones a la súbita llegada de Herrera al cargo, sobre todo por
cuanto a la independencia de criterio que podría sostener ante un presidente
como López Obrador, pero los partidos políticos terminaron ayer en comisiones,
y así será luego en el pleno, reconociendo la facultad del Presidente en
funciones de designar como miembro de su gabinete a quien desee, siempre y
cuando cumpla ciertos requisitos básicos.
Herrera
llega en condiciones ambivalentes, lo cual en el escenario político actual es
una forma de aludir a lo enigmático. Su primera caracterización parece
negativa: el presidente López Obrador lo ha desmentido cuando menos en dos
ocasiones expresas y las primeras impresiones que ha causado no han sido
suficientes para configurar la idea de que vaya a actuar con energía frente a
eventuales disensos con su nuevo jefe (quien, por cierto, ya ha comenzado a
dormir y a hacer vida doméstica en un departamento instalado en Palacio
Nacional).
Sin embargo,
esa impresión apacible que ha dado hasta ahora, y el hecho de que el secretario
original (Urzúa) haya renunciado al cargo mediante una carta cargada de rayos y
centellas, hace que parezca políticamente más costoso prescindir rápidamente de
un segundo titular: dicho de otra forma, la delatora forma de salir de Urzúa
hace que Herrera pueda negociar o incluso amagar en ciertos momentos con una
renuncia que, sumada a la primera, generaría más desgaste al proyecto
autodenominado 4T.
Cierto es
que el presidente López Obrador no está casado con los cálculos y métodos
tradicionales a la hora de aceptar renuncias. Siendo tan estratégica la del
secretario de Hacienda, López Obrador la tramitó con una frialdad que pudo
parecer desdeñosa al dimitente Carlos Urzúa, quien puso su texto de salida a
consideración del titular del Poder Ejecutivo Federal por si éste deseaba
quitarle párrafos o pólvora o inclusive posponer su difusión pública hasta un
sábado en que los mercados de dinero no llegasen a castigar tan duramente esa
salida de Urzúa.
Según
reconstrucciones que han hecho algunos de quienes conocieron el ir y venir de
esas horas, de esos minutos, el presidente López Obrador decidió que se
mantuviera el texto tal como lo había redactado Urzúa y le indicó que ya lo
diera a conocer. AMLO está absolutamente firme y seguro en su legítimo derecho
y poder para nombrar y remover con libertad a los miembros de su gabinete.
En el tema
petrolero, Romero Oropeza le ha ganado nuevamente la partida a Rocío Nahle,
aunque el citado plan de negocios ha generado inmediata preocupación en firmas
de análisis económico que se han expresado con decepción o abierto rechazo a lo
presentado por el antes mencionado ingeniero Romero. Según esos observadores de
élite, el plan de negocios podría acelerar la imposición de calificaciones
negativas a la empresa petrolera y al país entero.
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