Darío Celis.
En las
próximas horas es muy probable que ya se apruebe en comisiones la iniciativa de
la Ley de Ingresos 2020 con la intención de que hacia el jueves se suba al
Pleno para su discusión.
Más allá
del impacto que en cientos Mipymes y trabajadores independientes tendrán las
reformas al Impuesto sobre la Renta (ISR), hay otro golpe del que poco se ha
hablado.
Se trata
de ajustes que van a limitar la deducción de intereses de las empresas, un
asunto que ya prendió focos rojos entre los asociados al Consejo Mexicano de
Negocios, de Antonio del Valle.
Los
intereses netos por créditos no serán deducibles cuando excedan el 30 por
ciento sobre la Utilidad Fiscal Ajustada a partir del año entrante,
independientemente de cuando se haya contratado la deuda.
La
iniciativa que envió la Secretaría de Hacienda de Arturo Herrera, establece
que el monto de los intereses no deducibles se podrá deducir en los tres
ejercicios siguientes, nada más.
Se
incluye una excepción a los primeros 20 millones de pesos del ejercicio y no
será aplicable a los intereses que deriven de deudas contratadas para financiar
obras de infraestructura pública.
Incluye
construcciones en territorio nacional y proyectos para exploración, extracción,
transporte, almacenamiento o distribución de hidrocarburos y para generación,
transmisión o almacenamiento de electricidad o agua.
Esta no
deducibilidad de intereses aplicaría en lugar de la capitalización delgada que
actualmente incluye la Ley del Impuesto sobre la Renta.
La medida
limita la flexibilidad de las empresas para elegir financiarse entre deuda y
capital y restringe su libertad para organizarse de la manera más eficiente.
Además perjudicará
cierto tipo de inversiones, como aquellas en las que se involucran fusiones y
adquisiciones en las que los créditos juegan un papel muy importante.
Las
limitaciones a la deducibilidad de intereses para las empresas pueden llevar a
un incremento significativo de sus obligaciones fiscales y vulnerar su
situación financiera.
El
impacto debe también tomar en cuenta los ajustes por inflación a dicha deducibilidad,
como es el caso de México aún antes de las modificaciones propuestas al Paquete
Fiscal 2020.
Asimismo,
es importante reconocer el reto que significa aplicar este tipo de medidas que
pueden llevar a la pérdida de competitividad del régimen fiscal de un país
frente a otros.
La falta
de estabilidad del régimen tributario es un costo adicional en términos de
riesgo que los inversionistas tomarán en cuenta en el futuro y por el que
descontarán un premio.
De acuerdo
con un estudio realizado por el despacho De la Calle, Madrazo y Mancera, estas
consideraciones permiten concluir que las restricciones a la deducibilidad de
intereses significarían niveles inferiores de inversión privada, inversión
total, PIB y empleo.
La inversión
privada sería entre 1.89 y 5.67 por ciento menor, la inversión total entre 1.63
y 4.88 por ciento menos, el PIB entre 0.36 y 1.08 por ciento inferior.
Finalmente
el número de empleos, incluyendo directos, indirectos e inducidos, se
desplomaría entre 20 mil 586 y 61 mil 758 plazas.
AYER LA
COMISIÓN de Competencia tuvo que salir a confirmar que encontró evidencia de
presuntas prácticas monopólicas de siete bancos en la intermediación de bonos
gubernamentales. Como siempre sucede, la instancia a cargo de Alejandra
Palacios no las mencionó pero se trata de las que ayer señalamos aquí: BBVA,
Citibanamex, Santander, JP Morgan, BofA, Deutsche Bank y Barclays. Las
operaciones de sus mesas de dinero se dieron con mayor intensidad en las
gerencias de Luis Robles Miaja, Javier Arrigunaga, Marcos Martínez, Eduardo
Cepeda, Emilio Romano, Jorge Arce y Raúl Martínez-Ostos. En todos los casos las
áreas de Tesorería se saltaron a las de compliance y legal. El que se acogió al
programa de inmunidad y empezó a colaborar con la autoridad investigadora a
cargo de Sergio López fue el inglés Barclays, que en 2012 fue encontrado
culpable de engañar a inversionistas globales por manipular a su conveniencia
la tasa Libor, lo que llevó a su CEO, Bob Diamond, a dimitir. Por eso enmendaron
el camino en México.
LA UNIDAD
FLOTANTE de Almacenamiento y Regasificación de Gas Licuado Natural (FSRU) quedó
en el limbo. Este contrato para procesar hasta ocho millones de pies cúbicos
por día con un valor que podía llegar hasta 7 mil millones de dólares lo traía
el Centro Nacional de Control de Gas Natural, que dirige Elvira Daniel. Pero lo
bloqueó la CFE, que comanda Manuel Barlett, y atrás está Rocío Nahle, la
secretaria de Energía. El negocio quedó en medio de la disputa que sostienen con
Octavio Romero, mandamás de Pemex. Un actor que ha entrado a mediar es Lázaro
Cárdenas Batel, el influyente jefe de asesores de la Presidencia. Ayer por
cierto en un hotel de Polanco donde suele despachar asuntos, con la directora
de Petróleo para México y Costa Rica de Trafigura, Katia Eschenbach, uno de los
interesados en ese FSRU.
DONDE LA
RELACIÓN cada día está más complicada es en la Afore Siglo XXI. Y es que su
director, Juan Pablo Newman, simplemente no se lleva nada bien con el
presidente de esa administradora de fondos para el retiro, Felipe Duarte. Éste
fue designado por Banorte, de Carlos Hank González, apenas hace escasos tres
meses luego de que el IMSS, que lleva Zoé Robledo, nombrara a aquél director.
Ambas poseen 50 por ciento de la Afore, que de ser la líder hoy se ubica en la
cuarta posición, superada por Azteca, Citibanamex y Coppel.
NO PIERDA
DE vista al fondo soberano de Singapur GIC. Acaba de adquirir el 19.9 por
ciento de la Red Carretera de Occidente que vendió Goldman Sachs. A los
asiáticos los está promoviendo ni más ni menos que el gobernador de Oaxaca,
Alejandro Murat. El político ha estado tratando de convencer al presidente
Andrés Manuel López Obrador de que sea GIC el que retome el fallido aeropuerto
de Texcoco. Quién sabe si lo logre. Pero donde los singapurenses sí van a tener
entrada es en el Tren Transísmico que unirá Salina Cruz con Coatzacoalcos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.