Guadalupe
Correa-Cabrera.
La semana
pasada, el académico Sergio Aguayo Quezada recibió un revés judicial en el caso
de la demanda por supuesto “daño moral” en su contra interpuesta por el ex
Gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, en junio de 2016. Aquí, Moreira
argumenta que la opinión de Aguayo en una de sus columnas dañó su “honor”, por
lo que exigió al académico el pago de 10 millones de pesos para restañar sus
“sentimientos, afectos, creencias, decoro y reputación”. Aguayo presentó sus
pruebas y argumentos en un proceso complejo y tortuoso—según lo relató él
mismo, describiendo los primeros seis meses de litigio como “una pesadilla”. El
viernes 29 de marzo de 2019, el juez falló a su favor, concluyendo que Moreira
“no acreditó su acción” y dio por válidos los argumentos del demandado.
En
respuesta a la apelación que interpuso Moreira por esta decisión, magistrados
de la Sexta Sala Civil del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México
revocaron hace unos días dicha sentencia, argumentando que Aguayo sí “ha
causado daño moral a la parte actora […] afectando su honor”. Además de los 10
millones de pesos, se le condena al demandado al pago de los gastos en los que
incurrió el demandante en este proceso judicial, así como a la “publicación o
divulgación de la sentencia condenatoria a su costa, en los diarios Reforma y
el Siglo de Torreón”, y en su cuenta personal de Twitter. Esta decisión me
parece desafortunada en extremo por las causas que esbozo a continuación.
En primer
lugar, y como se ha establecido por el demandado—así como por diversos
analistas, estudiosos de derecho mexicano e internacional y defensores de
derechos humanos y de periodistas que han opinado sobre el caso—una decisión de
este tipo atenta de forma importante contra la libertad de expresión en México.
Como dice la defensa de Aguayo: “Este litigio ilustra la creciente utilización
de las demandas por ‘daño moral’ para acosar a periodistas”. Así, la decisión
de la semana pasada a favor de Moreira, no sólo afecta a una importante voz
crítica en México, sino a toda la sociedad mexicana y, sobre todo, a aquellos
que desde el periodismo y los espacios de opinión en medios de comunicación
hacen un contrapeso a las estructuras de poder para luchar contra la
injusticia, la corrupción y la impunidad.
Mucho se
ha comentado sobre la demanda de Moreira en contra de Aguayo, la cual parece
ser a todas luces ilógica e inadecuada, considerando el contenido de la columna
del demandado, además del hecho de que muchos otros—en diversos períodos de
tiempo y en diversos medios y foros de opinión—han realizado críticas muchísimo
más fuertes, vinculando a Moreira con todo tipo de delitos en caso muy
particulares. Entonces, como nos preguntamos desde 2016, ¿por qué fue
precisamente Aguayo a quien el exgobernador demanda por presunto “daño moral”
en un momento en que las críticas no se hicieron esperar y subieron bastante de
tono? Recordemos que la columna de Aguayo se escribió cuando Humberto Moreira
se encontraba detenido en España.
Como lo
explica el mismo Aguayo en su defensa, sus “afirmaciones tenían información
sólida”. Menciona, por ejemplo, la “copia del documento empleado por la
Audiencia Nacional de España para detener a Moreira” a la que tuvo acceso.
Según esta información, “El político era presunto responsable de los ‘delitos
de blanqueo de capitales, pertenencia a organización criminal, […] malversación
de caudales públicos y cohecho’”. Esas eran acusaciones graves realizadas por
un gobierno extranjero; pero no serían las únicas. Además, existían acusaciones
que establecían vínculos directos del exgobernador de Coahuila con la
delincuencia organizada—en particular con la organización criminal de los
Zetas—en documentos de cortes federales de los Estados Unidos. Asimismo, se
había ya señalado formalmente a Humberto Moreira como uno de los posibles
responsables por la contratación irregular de deuda por parte del Gobierno de
Coahuila por más de 32 mil millones de pesos—en una operación que se conoce
popularmente como “moreirazo”.
Nada se
le ha podido comprobar a Humberto Moreira en un país donde reina la impunidad.
Los que estudiamos a los Zetas y a la delincuencia organizada en el noreste
mexicano (y en particular en el Estado de Coahuila), hemos escuchado infinidad
de historias sobre la supuesta vinculación del exgobernador a las actividades
ilícitas y al crimen organizado en esta entidad mexicana. A las investigaciones
formales se aúnan un sinfín de acusaciones contra Moreira que no se han podido—o
querido—verificar hasta la fecha. Recordemos que el exgobernador fue absuelto
en los últimos meses del sexenio de Calderón por las acusaciones de fraude en
su contra y que la administración de Enrique Peña Nieto decidió no
investigarlo—en incluso le brindó un gran respaldo por el caso que libraba en
España en 2016.
Cabe
destacar que, de acuerdo a diversos testimonios—incluso algunos de
personajes que han formado parte de las altas esferas de la política mexicana,
como el propio ex Presidente Felipe Calderón—Moreira brindó protección a los
Zetas y facilitó su expansión dentro del estado de Coahuila. Estas acusaciones
se complementan con información judicial en investigaciones realizadas—pero no
confirmadas aún—por los gobiernos de México, Estados Unidos y España, las
cuales se acompañan por una multitud de testimonios más informales en medios de
comunicación y redes sociales. Recordemos también la muerte del hijo del
exgobernador, José Eduardo Moreira Rodríguez, quien algunos especularon fue
asesinado por el crimen organizado por los vínculos directos de su padre con el
mismo. Considerando todo lo anterior, y estando preso en España, Aguayo emitió
la siguiente opinión:
“Moreira
es un político que desprende [un] hedor corrupto; que en el mejor de los
escenarios fue omiso ante terribles violaciones a los derechos humanos cometidos
en Coahuila, y que, finalmente, es un abanderado de la renombrada impunidad
mexicana”.
La
opinión de Sergio Aguayo parece justificarse ampliamente por la multitud de
testimonios, investigaciones judiciales en México y en el extranjero, y principalmente
por encontrarse en ese momento preso en España. No me es posible entonces
entender el origen de la demanda y muchos menos la más reciente decisión del
Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México. Considerando la
información que es del dominio público, el momento de los hechos, y mi
experiencia en los temas de delincuencia organizada y en las operaciones de la
organización criminal de los Zetas en el noreste mexicano, no me sorprende la
opinión expresada por Sergio Aguayo en su columna de 2016 en el diario Reforma.
No
encuentro espacio alguno para considerar lo dicho por Aguayo como difamatorio.
Es muy posible, como lo plantea el mismo Aguayo, que la demanda de Moreira
tenga más bien que ver con la investigación coordinada por él desde su institución,
El Colegio de México, “sobre las atrocidades cometidas por los Zeta en Allende
y Piedras Negras, Coahuila.” Una parte del periodo que analizaría, serían
“algunos de los años en que fue gobernador de aquel estado” el profesor
Humberto Moreira.
No puedo
imaginarme otra causa por la cual Moreira quisiera demandar a Aguayo que su
posible temor ante los resultados de una investigación académica seria sobre un
periodo que le compete. Tampoco puedo entender cómo es que los magistrados que
integran la Sexta Sala Civil del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de
México hayan confirmado “por unanimidad de votos”, el daño moral hacia Humberto
Moreira. Revisé las 115 páginas del documento de la sentencia y me encuentro
seriamente confundida. Me enredo en una larga discusión sin coherencia ni
estructura, y no logro comprender cómo es que la opinión de Aguayo en su
columna de 2016 afecta el “honor” de Humberto Moreira.
Vale la
pena revisar esa sentencia pues sienta un precedente peligrosísimo para la libertad
de expresión en México. Interpreto que cualquiera que mantenga (mantengamos)
una opinión crítica—e incluso bien fundamentada—sobre un político o personaje
sujeto al escrutinio público, podría ser demandado e incluso obligado a pagar
una cantidad de dinero desproporcionada para resarcir un supuesto daño moral
que no puede ser verificado con prueban claras ni argumentos. Es posible pensar
que los magistrados en este caso han sido parciales a favor de Humberto Moreira
y en contra de Aguayo. Se ignoran los motivos, pero es preciso investigar a
profundidad, por ser este un caso de interés general que tendría enormes
repercusiones negativas para la procuración de justicia y la libertad de
expresión en México.
Por último,
y con relación al “honor” del exgobernador de Coahuila, no puedo dejar de
pensar en el penoso intercambio que se dio entre éste y el ex Presidente Felipe
Calderón en 2017, cuando ambos se acusaron de tener vínculos con la
delincuencia organizada y de otros delitos graves, sin mostrar pruebas
consistentes o interponer una queja formal ante las autoridades competentes (en
ese momento). Me llaman un poco más la atención las graves acusaciones que hace
Humberto Moreira en contra del exmandatario mexicano, pues me pongo a pensar en
la demanda que él mismo había ya interpuesto el año anterior contra Sergio
Aguayo.
Vale
también la pena ver el video donde Moreira acusa a Calderón y lo llama
“malandro”, “borracho”, “asesino” y “ratero”
(https://www.youtube.com/watch?v=VteYRT-tD1o). Dice, por ejemplo: “Tú sí estás
embarrado con el narcotráfico, Calderón, estás hasta las chanclas […] no te
hagas”. Se refiere a él como un “hombre del mal” y lo considera “más loco que
Victoriano Huerta”. En el mismo video, atribuye el origen de la conducta de
Calderón a un “problema mental y de alcoholismo”. También afirma que son “pocos
los minutos del día que [Calderón pasa] sin estar briago” y menciona algo sobre
una “alcoba” a la que supuestamente el ex Presidente se fue “con aquella”
(mensaje que no pude entender muy bien). Finalmente, el Profesor Moreira
sugiere al ex Presidente que “cuando tome no tuitee”. Puedo pensar que esas
frases sí podrían dañar el honor de una persona.
Lo dicho
por Moreira en contra de Calderón contrasta fundamentalmente con la frase que
escribe un académico serio y profesional de la talla de Sergio Aguayo en su
columna del diario Reforma de 2016. Parece irónico que alguien que alega “daño
moral” sea capaz de expresarse así, en público, de otro ser humano sin
presentar prueba alguna de lo dicho y sin fundamentar estos alegatos con
investigaciones concretas en curso. Finalmente me pregunto: ¿Qué pensarían los
magistrados que decidieron a favor de Moreira en este caso?
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