Ricardo
Ravelo.
Durante la guerra fallida de Felipe
Calderón en contra del crimen organizado y las acciones emprendidas por la
administración de Enrique Peña Nieto en materia de seguridad, un hecho ha
quedado claro: los cárteles de la droga siguen adquiriendo armamento de alto
poder y continúan moviendo cuantiosos cargamentos de droga. Lo grave es que
todo este trasiego se realiza a través de las 49 aduanas del país, en una
abierta complicidad entre altos funcionarios del SAT y el crimen organizado.
Ya ni se diga del movimiento del
contrabando –textiles, ropa, juguetes chinos, cigarros… –cuya introducción
ilegal se paga en efectivo a los funcionarios y luego los cargamentos pueden
ser trasladados, en fletes privados, hasta la ciudad de México para ser
comercializados en Tepito. Y detrás de las mercancías el administrador de la
aduana envía por carretera los maletines de dinero para salpicar a toda una red
cómplice. ES LA MAFIA OFICIAL.
Los cobros son cuantiosos: 35 mil
dólares por cruce.
Cuando las sumas alcanzan varios millones de pesos el dinero es trasladado a la
ciudad de México, donde empieza el reparto y éste llega hasta la cúspide, pues las operaciones, en su mayoría ilegales,
deben llevar el visto bueno del administrador general de Aduanas, Ricardo
Treviño Chapa y de Gerardo Alberto Suárez Hasbash, titular de la Administración
Central de Operación Aduanera. De ahí parte todo.
De acuerdo
con informes de inteligencia consultados, la
mayoría de los administradores de las aduanas del país ya tienen acuerdos
establecidos con las mafias del contrabando, del narcotráfico y del tráfico de
armamento. Desde las administraciones aduaneras –incluso existen despachos
privados que cobran por dar asesoría al crimen organizado –les indican qué
aduana utilizar, qué ruta marítima tomar, donde descargar la mercancía. Todo
esto ocurre porque mientras los cargamentos están en trayecto la red mafiosa
opera en tierra la corrupción para que las mercancías ilegales ingresen al país
sin mayores contratiempos.
Cuando un cargamento de armas o de
textiles está por arribar a alguna de las aduanas del país, ya todo está listo.
Los pagos en efectivo se han realizado y de esa forma se garantiza el ingreso
de las mercancías. Si es por barco, les indican la ruta y por qué aduana pasar;
si es por tierra, ocurre lo mismo. Todo está arreglado previamente.
Y en el momento en que el cargamento
cruza se le da trato preferencial. Se puede solapar desde la subvaluación de
mercancía, los permisos de importación falsos y hasta cruzar droga, si fuera el
caso, previo pago en efectivo que de inmediato lubrica a todo el sistema. Todo
esto ocurre a diario. Incluso existen administradores de aduanas que pueden
estar en Mexicali y al mismo tiempo controlan otra aduana de Reynosa. Es toda
una red mafiosa que está al servicio del crimen organizado y que es tolerada al
más alto nivel del gobierno federal.
La de Lucio
Eliseo González Coronel –fue
administrador de la aduana de Reynosa y actualmente despacha en Mexicali, Baja
California –tiene una historia truculenta: Era el encargado de manejar todo
tipo de mercancías y traslados de dinero en efectivo hasta la Ciudad de México
para entregar a los altos funcionarios del SAT.
A través de él, las redes del
contrabando podían introducir al país productos de todo el mundo en forma
ilegal: tabacos, telas, ropa, armas previo pago. Cuando lo cambiaron a
Mexicali, hace un año, no soltó la aduana de Reynosa, sino que dejó a un
encargado, Walter Cordero, quien ahora funge como su principal enlace y se
asegura que “desde Mexicali sigue controlando la aduana de Reynosa” y todo el
negocio con las mafias.
En México
operan 49 aduanas, de las cuales son 11 interiores, 17 marítimas y 21
fronterizas. De estas últimas existen 19 en el norte de la República y 2 al
sur.
De acuerdo
con las fuentes consultadas, cada una de las aduanas ha cobrado fama por
facilitar el cruce de cierto tipo de mercancías, lo cual es del conocimiento de
los mafiosos. Por ejemplo, por la aduana
de Reynosa el cruce de un contrabando de ropa cuesta entre 32 y 35 mil dólares
si se coloca en el lugar de destino. Si sólo se cruza el rango –es decir, sin
que sea trasladado a ningún otro punto –el costo es de entre 17 mil y 22 mil
dólares.
En cualquier
caso, los contrabandistas deben tener bien aceitadas sus relaciones con el administrador
de la aduana y quienes se encargan de cerrar estas operaciones ilegales son los
subadministradores de control y vigilancia, así como de operación aduanera. El
administrador es quien autoriza todos los movimientos. Este esquema opera en
las 49 aduanas del país.
Es fama
pública, por ejemplo, que buena parte de
la piratería que se mueve en el país ingresa por la aduana de Ciudad Hidalgo,
Chiapas; también por la de Subteniente López, en Quintana Roo. Y toda esta
mercancía ilegal se vende en Tepito. Ambas aduanas están consideradas como las
más abandonadas de todo el sistema, pues carecen de infraestructura y de
vigilancia adecuada.
Los informes consultados indican que
por las aduanas del norte del país, principalmente por el cruce conocido como
“El Chaparral”, se introducen armas que provienen de Estados Unidos. También
cruzan los llamados carros “chocolates” y ropa de contrabando.
Por la
aduana de Mexicali, donde despacha como
administrador Lucio Eliseo González –uno de los funcionarios consentidos de
Ricardo Treviño –el cruce de las pacas de ropa es frecuente y a los
contrabandistas se les permite la subvaluación, es decir, introducir las
mercancías a un precio inferior. Por otorgar esa “facilidad” el cobro en
efectivo y por debajo de la mesa es de 32 mil dólares. La red de mafiosos opera
en Tepito con absoluta protección de las autoridades de la Ciudad de México.
A través de las aduanas de
Manzanillo, Lázaro Cárdenas y Veracruz cruza mercancía subvaluada como
cigarrillos, productos chinos de todo tipo, electrónicos y textiles.
En estas
aduanas, por ejemplo, por cruzar
ilegalmente un contenedor de 40 pies que ingresa con clave A1 (Importación
Definitiva) cargado con gabardinas o mezclilla tiene un costo de entre 340 mil
y hasta 450 mil pesos. En forma legal, el importador tendría que pagar un costo de
entre 800 y un millón de pesos. En realidad, en estas aduanas juegan
con la fracción arancelaria y con la unidad de medida de la tarifa, además de
que todo opera mediante una red de complicidades internas.
También
existen las llamadas operaciones virtuales. Es una modalidad muy socorrida para
evadir impuestos. Y las operaciones son de la siguiente manera: la mercancía
ingresa con la clave T3 (Tráfico Interno) y puede pasar por la aduana de
Pantaco, en la ciudad de México y luego se introduce a Tepito o bien a otros
puntos de comercialización. Otra forma es la importación con retorno, pero
después de un tiempo la mercancía ya no regresa a su lugar de origen.
Por la aduana de Monterrey cruzan
productos químicos y por Lázaro Cárdenas y Manzanillo –también llamada la ruta
de la corrupción –el crimen organizado introduce precursores químicos como
efedrina, la
sustancia para producir medicamentos antigripales que también es utilizada por
el narcotráfico para elaborar drogas sintéticas que, de acuerdo con la PGR, son
muy demandadas en el país por la red de consumidores.
Por la aduana de San Emeterio, en
Sonora, el cruce más frecuente es de armas, droga y dinero. Lo mismo en
Michoacán y Colima. El huevo chino ingresa al país por la aduana de Ciudad
Hidalgo, Chiapas. Y por Veracruz entran productos de La India como textiles y
las playeras que utilizan los candidatos a puestos de elección popular.
Todo esto ocurre a pesar de que el ex
director del SAT, Aristóteles Núñez, desmanteló muchos sistemas de vigilancia
de las aduanas, como las cámaras. La corrupción institucional al más alto nivel
es lo que explica que todos estos productos ilegales ingresen al país sin
restricciones, pues las 49 aduanas están equipadas con rayos X, Gamma,
Rapiskán, bonomios y cámaras de videovigilancia. El problema, como siempre, es
el factor humano y la corrupción.
En las diversas aduanas, los
decomisos de armas y drogas, por ejemplo, no coinciden con lo que realmente
cruza al país. Los montos que ingresan son estratosféricamente mayores que los
que se aseguran. Lo mismo ocurre con el decomiso de dinero. Lo que se declara
como asegurado jamás equivale a la realidad. Así está ese mundo oscuro de las
aduanas, una verdadera mafia al servicio de la mafia.
El propio
Administrador General de Aduanas, Ricardo Treviño, reconoció desde el 2016 que
aumentaron las alertas por decomisos de armas hasta en un 227 por ciento.
Y es que
según se afirma en las aduanas ahora operan nuevos controles, a través de
equipos operador con software para detectar riesgos. Con base en ello, dijo, de
enero a abril de 2016 se decomisaron 85 mil 294 kilogramos de drogas, casi
cuatro veces más que en mismo periodo del 2015.
De igual
forma, se aseguraron 35 mil 951 piezas de cartuchos, armas largas y cortas y se
embargaron 2.7 millones de dólares en efectivo. Y dijo que las drogas más socorridas
para mover dinero y droga por parte del crimen organizado son Manzanillo,
Veracruz y Nuevo Laredo.
Lo que el
administrador General de Aduanas no explicó es por qué en las aduanas del norte
del país ingresan miles y miles de cartuchos para armas largas y cortas y el
decomiso de armamento es menor. Hay casos en Mexicali, Reynosa y Nuevo Laredo
donde se ha asegurado un arma de alto poder y miles de cartuchos útiles.
Las cifras de aseguramientos de armas
no coinciden con la de los cartuchos útiles. Lo que a
juicio de las fuentes consultadas es la muestra de que el armamento cruza e
ingresa a México sin mayores problemas. Quizá esto explica el nivel de
violencia que impera en el país y que por momentos parece decirnos que estamos
en un Estado de Guerra sin cuartel.
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