Funcionarios del Gobierno de Enrique
Peña Nieto alertaron a la Casa Blanca que si Donald Trump no moderaba su
discurso hostil contra México beneficiaría a Andrés Manuel López Obrador y
Estados Unidos tendría un “problema de seguridad nacional” al sur de su
frontera, revela un amplio texto del periodista Jon Lee Anderson, publicado hoy
en New Yorker.
“A New Revolution in Mexico. Sick of corruption and of
Trump, voters embrace the maverick leftist Andrés Manuel López Obrador”, se llama el texto de Anderson. “Una nueva revolución en México. Hartos de la corrupción y de Trump, los
votantes abrazan al izquierdista rebelde Andrés Manuel López Obrador”.
Una gran
parte del trabajo periodístico es un perfil del líder del Movimiento de
Regeneración Nacional (Morena), basado en el acercamiento con personajes de
todas las corrientes. Anderson, quien anduvo con él por distintos lugares del
norte de México, cita a Enrique Krauze, por ejemplo, un intelectual que ha
expresado sus preocupaciones por el futuro del país si AMLO gana ampliamente,
como parece que sucederá. El último
consolidado de encuestas de Bloomberg dice que tiene 50.8 por ciento de la
intención del voto, mientras que Ricardo Anaya apenas alcanza 24.8. Menos de la
mitad. El candidato del oficialismo, José Antonio Meade, tiene 21.6 por ciento
y Jaime Rodríguez Calderón apenas el 3.7.
Cita a
Krauze: “¿Arruinará a México? No, pero
podría obstruir la democracia de México al eliminar sus contrapesos. Hemos
tenido un experimento democrático durante los últimos dieciocho años, desde que
el PRI perdió el poder por primera vez, en 2000. Es imperfecto, hay mucho que
criticar, pero también ha habido cambios positivos. Me preocupa que con este
experimento pueda terminar”.
El texto de Jon Lee Anderson –uno de
los periodistas estadounidenses más reconocidos en estos momentos– empieza
narrando algunos de los factores que han fortalecido a AMLO en 2018.
Anderson,
escritor, colaborador de New Yorker desde 1998 ha recorrido el mundo haciendo
crónicas y reportajes que son referencia internacional. Su último libro se
llama “The Fall of Bagdad”, “La caída de Bagdad”.
“El actual
Gobierno mexicano está dirigido por el presidente de centroderecha Enrique Peña
Nieto. Su partido, el PRI, ha representado a López Obrador como un populista
radical, en la tradición de Hugo Chávez, y advierte que tiene la intención de
convertir a México en otra Venezuela. La administración Trump también se ha
mostrado preocupada. Roberta Jacobson, quien hasta el mes pasado era embajadora
de los Estados Unidos en México, me dijo que los altos funcionarios
estadounidenses a menudo expresaban preocupación: ‘Hablan de una catástrofe
sobre AMLO; dicen cosas como que ‘si gana, lo peor sucederá’”.
Luego, Anderson dice: “Irónicamente, su creciente
popularidad se puede atribuir en parte a Donald Trump. A los pocos días de la
elección de Trump, los analistas políticos mexicanos predecían que su abierta
beligerancia hacia México alentaría la resistencia política. Mentor Tijerina,
un encuestador prominente en Monterrey, me dijo en ese momento: ‘la llegada de
Trump significa una crisis para México, y esto ayudará a AMLO’. Poco después de
tomar posesión, López Obrador publicó un best-seller llamado ‘Oye, Trump’ que
contenía retazos de sus discursos duros. En uno declaró: ‘Trump y sus asesores
hablan de los mexicanos de la misma forma que Hitler y los nazis se referían a
los judíos, justo antes de emprender la infame persecución y el abominable
exterminio’”.
“funcionarios del Gobierno de Peña
Nieto advirtieron a sus contrapartes en la Casa Blanca que el comportamiento
ofensivo de Trump aumentaba la posibilidad de un nuevo gobierno hostil, una
amenaza de seguridad nacional al otro lado de la frontera. Si Trump no modulaba
su comportamiento, la elección sería un referéndum sobre qué candidato era el
más antiamericano. En Estados Unidos, las advertencias funcionaron. Durante una
audiencia en el Senado en abril de 2017, John McCain dijo: ‘Si las elecciones
fueran mañana en México, probablemente obtendría un presidente izquierdista y
antiestadounidense’. John Kelly, que entonces era el jefe de Seguridad
Nacional, estuvo de acuerdo. ‘No sería bueno para Estados Unidos ni para
México’”, dijo.
Pero, dice
Anderson, “México, comentarios como el
de Kelly parecían solo mejorar la posición de López Obrador. ‘Cada vez que un
político estadounidense abre la boca para expresar una opinión negativa sobre
un candidato mexicano, lo ayuda’, dijo Jacobson. Pero nunca ha estado segura de
que Trump tenga la misma visión ‘apocalíptica’ de AMLO”.
La
diplomática le dijo al periodista: “Hay ciertos rasgos que comparten. El
populismo, para empezar”.
“Después de
que Jacobson llegó a México, en 2016, organizó reuniones con líderes políticos
locales. López Obrador la mantuvo esperando durante meses. Finalmente, la
invitó a su casa, en un rincón distante y desfasado de la Ciudad de México”,
cuenta Anderson.
“Tuve la
impresión de que lo hizo porque no creía que yo fuera”, le contó Roberta
Jacobson. “Pero le dije: ‘No hay problema, mis hombres de seguridad pueden
hacer que funcione’”.
El equipo de Jacobson siguió sus
instrucciones hasta una casa de dos pisos sin importancia en Tlalpan, una zona
de clase media. “Si parte del asunto era mostrarme cuán modestamente vivía, lo
logró”, dijo.
López Obrador fue “amigable y
confiado”, dijo la ex Embajadora a Anderson, pero desvió muchas de sus
preguntas y habló vagamente sobre política.
“La conversación hizo poco para
resolver el problema de si él era un radical oportunista o un reformador de
principios. ¿Qué deberíamos esperar de él como presidente?”, dijo Jacobson.
“Honestamente, mi sentimiento más fuerte sobre él es que no sabemos qué
esperar”.
En la primera entrevista que da desde
el pasado 5 de mayo dejó el cargo, Jacobson calificó ayer las políticas
migratorias de Donald Trump como “draconianas” y “antiamericanas”, y advirtió
que el próximo presidente de México tendrá que ser más duro después de que Peña
Nieto fue complaciente. Dijo que las políticas de Trump fueron una de las
razones que la llevó a dejar el cargo.
En
entrevista con la National Public Radio (NPR), aseguró que ninguna de las políticas impulsadas por la administración
Trump hará la diferencia, pero sí afectará la posición de Estados Unidos en la
región y en el mundo. Añadió que las decisiones del Gobierno estadounidense,
entre las que se encuentra la política de repatriación, la imposición de
aranceles a diversos productos y las renegociaciones del Tratado de Libre Comercio
(TLC), están “probando los límites de nuestra cooperación” con la
administración mexicana.
“La nueva administración de México
puede ser menos flexible”, advirtió ayer; en parte por la percepción de que la
administración de Peña Nieto fue “complaciente”.
“No creo que haya ninguna duda de que
cualquier presidente que sea elegido en México este julio tendrá que retroceder
más de lo que lo hizo la actual administración”, expresó.

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