Adela
Navarro Bello.
Ninguna
encuesta seria, de prestigio, o con antecedentes de certeza científica,
cuantitativa, ha posicionado al candidato del PRI a la Presidencia de la
República, José Antonio Meade Kuribreña, en el segundo lugar de las intenciones
electorales de los mexicanos para la elección del 1 de julio de 2018. Ninguna.
De las
recientes, la del diario de la Ciudad de México, Reforma, que reflejaba la
intención del voto de los electores en los últimos días de mayo, lo sumía en el
tercer lugar con 19 por ciento, frente al segundo lugar del candidato del
PAN/PRD Ricardo Anaya Cortez con el 26 por ciento de las preferencias, y el
arrastre de Andrés Manuel López Obrador de Morena, con un 52 por ciento.
Días después
la Confederación Patronal Mexicana (Coparmex), dio a conocer una encuesta donde
los cuestionarios superaron las 13 mil unidades y el estudio cuantitativo fue
realizado por dos de las más serias casas encuestadoras de México, Berúmen e
Ipsos, donde una vez más el candidato Meade cayó en la tercera posición con
13.6 por ciento de las preferencias, contra el 21 por ciento que registró
Anaya, y el 41.7 por ciento obtenido por López Obrador.
Tanto en el candidato oficial como en
su círculo principal se notó el enojo. Lo de menos fue desprestigiar las
encuestas, decir que no creían en los números, que la gran encuesta es el 1 de
julio, y que no se confían de los estudios de opinión. Pero de repente
empezaron a dar visos de que sí creían en las encuestas y comenzaron a ¡Pelear
por el segundo lugar!
En efecto,
en una de esas el candidato Meade escribió en una de sus redes sociales:
“Aquí tienen
la señal que muchos esperaban. Con base en esta encuesta seria y robusta que
difundió hoy @dparamooficial estamos en un claro y ascendente segundo lugar y
vamos recio hacia la victoria. Les pido su voto libre, consiente, útil y
razonado. No les voy a fallar”.
Y la “encuesta” que difundió no era
tal. De hecho, era solo la imagen de una gráfica, sin el nombre de la casa
encuestadora, sin el número de cuestionarios realizados, sin metodología
explicativa sobre el levantamiento del cuestionario, sin las preguntas
realizadas, ni las respuestas ni los cruces de las mismas. Solo una gráfica con
rayitas de colores asignados a cada uno de los aspirantes a la Presidencia de
la República (incluida Margarita) en dirección ascendente y descendente.
En la ni
“seria” ni “robusta” “encuesta” que presentó Meade, se daba cuenta de una
medición desde noviembre de 2017, mes a mes, hasta junio de 2018. En el primer
mes, o sea en noviembre, los números eran así: AMLO 30 por ciento, Anaya 24 por
ciento, Meade 20 por ciento. Ocho meses después, en junio de 2018, la misma
gráfica daba cuenta de los siguientes números: AMLO 44 por ciento, Meade 24 por
ciento, Anaya 20 por ciento.
Tal
“encuesta” no sólo fue la primera en colocar al panista en la tercera posición,
sino en reflejar el lentísimo (en dado caso que hubiese contado con una
metodología científica) crecimiento de quien pelea el segundo lugar, pues de
noviembre de 2017 a junio de 2018, José Antonio Meade Kuribreña “subió” ¡4
puntos! Aun así, él dice a sus seguidores que va derechito a la victoria, con
todo y que le faltarían de acuerdo a esa “encuesta” 20 puntos que tendría que
subir en dos semanas, hazaña que no pudo lograr en ocho meses.
Hace unos
días La Razón, un periódico de la Ciudad de México muy cargado al oficialismo,
divulgó en interiores de su edición otra encuesta que, vaya, no solo ponía a
Meade en segundo lugar con 28 puntos, por encima de Anaya a quien le pusieron
24 por ciento, sino que lo posicionaba a 8 puntos del puntero, Andrés Manuel
López Obrador, al cual le colgaron el 36 por ciento de las preferencias
electorales. La encuestadora la identificaron como Conteo SC, sin más ni más.
Después de esas dos, ningún estudio
serio le otorga al candidato del PRI el segundo lugar en las preferencias
electorales. La última encuesta seria en darse a conocer fue la de Consulta
Mitofsky de Roy Campos, y que refleja la intención del voto de los electores
mexicanos durante la primera quincena de junio, y que para mayor consulta está
en su página electrónica, pero que se resume así: AMLO 37.2 por ciento, Anaya
20.3 por ciento, Meade 17.1 por ciento. Como ha sido común, el priísta
independiente en la tercera posición a 20 puntos porcentuales de quien lleva la
delantera.
Eso a Meade,
es evidente, no lo tiene satisfecho. Y antes pelear que aceptar la derrota. Por
eso se enfrascó en redes sociales para defender su segundo lugar, el cual le
daban únicamente aquellos que se definen abiertamente con el candidato. De
hecho, en la primera “encuesta” la que divulgó David Páramo, el embrollo fue
que la dio a conocer como el resultado de las que habían ordenado desde el
Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, cuando estos no se la adjudicaron y de
hecho dijeron más adelante, que ellos habían pedido un tracking para consumo
interno y no para divulgarlas.
A Meade le ha dado por pelear el
segundo lugar con la lógica de una campaña del voto útil, en la que participan
por supuesto los priístas y sus aliados, los panistas, y algunos empresarios de
gran calado que incluso han hecho videos para pedir un “voto razonado” o “de
conciencia” como dice el propio Meade, esperando que los indecisos no voten por
el candidato de su preferencia el día de la elección, sino por quien va en
segundo lugar, y así no dispersar el voto con miras a ganarle al puntero.
La teoría,
no muy aceptada en el ámbito político, tanto como en el mundo utópico de
ciertos actores de la política, es apostarle a la no dispersión del voto para
concentrarla en una opción dentro de una campaña de miedo sobre las acciones
que puede desencadenar el triunfo de quien lleva el primer lugar.
Los priístas le apuestan a eso, a ser
a la fuerza de su candidato la segunda opción -más incluso que los panistas con
Anaya- sin saber que los puntos que no les han favorecido en las encuestas, son
precisamente guiados por el hastío, el cansancio, el hartazgo de los mexicanos
que han observado seis años de corrupción, inseguridad y mal gobierno.
Pero en el mundo ideal de Meade, su
pelea a doce días de la elección es por el segundo lugar.
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