José Gil
Olmos.
La multa del INE a Morena por el
fideicomiso para los damnificados del sismo del 19 de septiembre del año pasado
ha servido como una descarga de aversión de todos aquellos que están en contra
o que les disgusta la figura de Andrés Manuel López Obrador y que buscan
cualquier incidente para poner en duda su probidad o su capacidad de gobernante
aun cuando ni siquiera ha asumido el cargo de presidente.
“¿No que muy honesto?”, “ya se le
acabo la luna de miel”, “se le agotó demasiado temprano el bono de confianza”,
son algunos de los cuestionamientos en las redes sociales o en algunos medios,
de gente que no está convencida de la integridad ni de la capacidad del
tabasqueño.
Muchos de estos críticos son
columnistas y articulistas que han sido ampliamente beneficiados en los
sexenios pasados y ahora ven en peligro sus onerosos ingresos que les han dado
una vida de opulencia que no se sustenta con su salario, sino con las prebendas
oficiales.
Otros son críticos por cuestión
ideológica y política o simplemente porque les disgusta irracionalmente la
imagen del próximo presidente.
López
Obrador es el primer presidente que llega con una de las más altas expectativas
sociales de las últimas décadas, traducidas en 30 millones de votos. Además de
eso, su carrera de 18 años por la presidencia, las controversias en los
procesos anteriores que dejaron muchas dudas en el triunfo de sus adversarios,
su personalidad empecinada y carismática, así como sus vastas promesas de la
última campaña, lo exponen de forma clara como la figura principal en el
escenario público para los próximos años.
Y como tal, sobre él irán las principales críticas,
observaciones, denuncias, denostaciones, maldiciones, exigencias, reclamos,
acusaciones y ultimátum, como ya sucede.
Con o sin razón, también en las redes
sociales López Obrador será la figura principal de ataques y defensas de
adversarios y simpatizantes. Será en la red global donde seguramente se
expresará la lucha más tóxica en torno a la figura del próximo presidente.
Las
principales expectativas que ha generado la llegada de López Obrador a la
Presidencia de la República las refleja muy bien la última encuesta de
Mitofsky.
Se trata de la seguridad, la economía
y la política, tres aspectos de la vida nacional que están presentes en el
ánimo social y de los que se esperan resultados claros en un año, principalmente
entre la población joven y de las zonas urbanas.
De acuerdo
con esta encuesta, más del 60% de la
población recibió con alegría, felicidad, satisfacción, seguridad, tranquilidad
y confianza el triunfo de López Obrador. Si embargo, el porcentaje refleja
también una enorme responsabilidad de dar buenos resultados.
Menos del 30 por ciento recibió la
victoria del tabasqueño con tristeza, enojo, decepción, inseguridad, miedo y
desconfianza. Y será esa población la más exigente con el próximo gobierno.
El sentimiento de ilusión o
esperanza, así como de incredulidad y decepción, habrá de ir de la mano de las
acciones que tome y aplique el gobierno de López Obrador que aun cuando aún no
ha empezado ya está en el ojo del huracán.
Así que, bienvenido “Peje” a la
Presidencia de un país destrozado, expoliado y confrontado, corrompido y
corrupto, vejado y engañado, violentado hasta sus entrañas y con una prensa
cebada por el poder.
Por cierto… Con antelación les dijeron a los miembros
del consejo del fideicomiso “Por los demás”, de ayuda a los damnificados del
sismo, que había que tener en regla el manejo administrativo de las
aportaciones para que no se contaminara con la operación de los recursos de
Morena en la campaña electoral. No hicieron caso y ahí están las consecuencias.
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