¿Cómo recordará al sexenio de Enrique Peña Nieto? Si aún no
tiene muy clara su respuesta, una quinteta de moneros críticos y punzantes,
conformada por Patricio, Helguera, Hernández, ‘El Fisgón’ y ‘Rapé’, publican
Pequeño Despeñario Ilustrado (Grijalbo), una suerte de diccionario humorístico,
-que dada la cantidad de información
podría haberse convertido en enciclopedia, sostienen los autores-, que invita a
analizar el saldo de la administración saliente.
“A lo largo del sexenio Patricio estuvo trabajando la idea
del Despeñario. Podríamos habernos
puesto serios para hacer un libro analítico, pero la verdad quisimos hacer más
divertido. Además, a estas alturas
la gente ya está harta de Peña Nieto y eso lo corroboramos nosotros mismos.
Cada que sale en la portada de la revista El Chamuco las ventas bajan y lo
mismo nos comentan los de Proceso”, explica Hernández.
El análisis de Rapé es contundente: “Enrique Peña Nieto será recordado como el peor presidente que ha
tenido este país. Me parece triste haber llegado a estos extremos de descaro,
cinismo y voracidad”. El dibujante añade que el volumen abarca todos los
temas del sexenio recuperando la tradición de los diccionarios de “Rius”.
El glosario hace escala
obligada en La Casa Blanca, Ayotzinapa, las reformas educativa y energética y
el gasolinazo. “Suceden tantas cosas a lo largo de un sexenio que luego se nos
olvidan. Peña superó a Calderón en los ridículos, incluso a Fox. Cuando Zedillo
fue presidente hacíamos la broma de que cualquier pendejo podía llegar a Los
Pinos. Con Fox ya no fue broma, era un ejemplo de frivolidad y corrupción.
Calderón no fue frívolo, pero sí corrupto y además agregó la guerra contra el
narco. Pero Peña Nieto es la suma de todos los males: frivolidad, corrupción e
inseguridad. Ahora con López Obrador creemos que se da una posibilidad de
cambio real, no sabemos en qué sentido, pero al menos nos da respiro y
esperanza”.
En su balance, el monero destaca
que los casos que marcaron el sexenio de Peña Nieto fueron la Casa Blanca y
Ayotzinapa. “Ojalá sólo lo recordáramos por su torpeza o sus dislates, sería ridículo,
pero no pasaría de lo anecdótico. El problema es que atrás hay una política
pésima, corrupción, la venta del país y violaciones a derechos humanos
terribles”.
Caricatura y censura.
Históricamente, la caricatura es un género periodístico
crítico e incluso más agresivo que otros.
Rapé comenta que por su
naturaleza misma, “el dibujo permite la burla y sintetiza los hechos. La
libertad que ofrece la fueron encontrando los mismos caricaturistas y editores.
Es uno de los géneros que demuestra cuanta libertad de expresión se puede
alcanzarse en un país”.
En este sentido abunda Hernández:
“La caricatura es un género irracional, eso te permite abrir los límites de lo
que puedes decir. La exageración es algo propio de la caricatura, te permite
decir cosas distintas e interpretar, claro que con una base sólida, lo que está
sucediendo”.
Los moneros reconocen
que han tenido que aprender a convivir con la censura. Antes, contaba el propio
“Rius”, no se podía tocar al Ejército, la Virgen de Guadalupe y al presidente.
Hoy, sigue habiendo intocables, pero estos dependen de la coyuntura. Opina
Hernández: “A partir de Zedillo el espacio que dejó el presidente se llenó con
otros personajes y se diversificó. Ahora el gran poder es el económico, los
dueños del dinero.
Durante muchos años el
Padre Marcial Maciel era intocable. No se le podía atacar porque quienes
ejercían la censura eran empresarios como Lorenzo Servitje, el dueño de Bimbo y
Martha Sahagún, sus grandes amigos. Hoy, los propios
medios te piden que no toques a tal o cual personaje, en función de si el medio
está negociando algo con él”.
Actualmente, añade el caricaturista, a los editores no les gusta animalizar a los personajes; las
connotaciones sexuales y tratar cuestiones escatológicas. “Julio Scherer decía
que eso era de mal gusto y ofendía a los lectores”.
Rapé en tanto, reconoce
que durante este sexenio el Ejército y Angélica Rivera “La Gaviota” fueron
intocables. “Al menos esa fue mi experiencia, sus cartones me los regresaban
sistemáticamente. Hubo una época en la que Aurelio Nuño, tampoco podía ser
tocado”.
Para nadie es un secreto
que tanto Hernández como Rapé simpatizaron con la candidatura de Andrés Manuel
López Obrador. Ambos sostienen, sin
embargo, que no dejarán de ser críticos. “Tenemos una posición muy clara
respecto a una serie de políticas dañinas para el país más allá de los
personajes. En teoría estamos de acuerdo
con el gobierno de López Obrador y de hecho, las causas de su plataforma son
algunas por las cuales llevamos años luchando. En la medida en que ese gobierno
cumpla estaremos a gusto, pero si las traiciona seremos tan críticos como
siempre”, advierte Hernández y pone como ejemplo la boda de César Yáñez, “me
pareció una pifia importante, pero en cambio lo de Sergio Mayer no merece
demasiado espacio, a lo mejor un cartón. Hay que ser cuidadosos para detectar cuando
se hacen campañas malaleche y contra el “peje” veremos varias”.
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