Por Diego
Petersen Farah.
Nunca
imaginé que la machista, insoportable y horrible rola de Daddy Yankee, “Dame
más gasolina” terminaría convirtiéndose en el grito de guerra del estado de
Jalisco frente a las políticas del gobierno de López Obrador. La gasolina pasó
de ser un bien escaso por una decisión, sin duda correcta pero acelerada y mal
planeada del presidente de la república y su equipo, a una batalla por los
derechos de los estados frente al gobierno central.
No deja de
ser paradójico que el gobierno que planteó la descentralización (una
descentralización imaginaria e imaginada desde el centro) tenga funcionarios
incapaces de salir de sus oficinas y ver lo que sucede allende Cuautitlán. Los
secretarios viven pegados al presidente, todos tienen que estar cerca de él
porque nadie sabe cuál es la agenda de mañana. El presidente López Obrador
tiene una forma de radial de gestionar su gobierno, todo gira a su alrededor, es
el presidente-sol y los secretarios satélites. Si él no va a va de gira, nadie
lo hace; si él no toma decisiones, nadie lo hace; si el no da la palabra, nadie
la toma.
La
desatención a las demandas de Jalisco no es un castigo al estado o a un
gobierno de otro color, como algunos podrían imaginar, es simple y
sencillamente una forma de gobernar. Los secretarios tampoco han ido a ver qué
está pasando en Nuevo León (salvo cuando fueron con el presidente) o a
Guanajuato, o a Chihuahua. En Michoacán tardaron casi una semana para resolver
un bloqueo de las vías férreas que, aunada a la falta de abasto de gasolina,
estranguló al segundo estado agrícola del país. Lo que priva es la
desconfianza. Hay una clara política, justificada en la gran cantidad de
desfalcos que se dieron en el pasado, de quitarle poder a los gobernadores
reduciéndoles los recursos discrecionales, pero eso se ha traducido en ignorar
todas a las regiones que no están en las prioridades del presidente.
La crisis de
la gasolina ha puesto en evidencia no solo el tamaño del crimen organizado, las
implicaciones desde dentro del gobierno con el huachicoleo y la improvisación
de los planes gubernamentales, sino también la distancia del gobierno central
con la problemática de las regiones.
El desplegado
publicado ayer por los organismos empresariales de Jalisco pone sobre la mesa
la incomunicación que hay entre el gobierno central y los estados. Los
empresarios de Jalisco (y estoy seguro de que mucho de otros estados lo habrían
firmado porque comparten la misma condición) se quejan de los daños colaterales
que ha tenido una política aplauden en principio pero que no conocen, no saben
su alcance ni el tiempo que durara la afectación, lo que les impide timar
decisiones.
Hora y media
o dos horas de rueda de prensa todos los días ha servido para que el presidente
sea escuchado, pero no para que el presidente escuche.
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