Por Ricardo
Ravelo.
La lucha del gobierno de Andrés
Manuel López Obrador contra la corrupción será muy larga y, como ya se ve, nada
fácil.
La corrupción en México opera por
sistema. Y los beneficiados del Estado fallido no quieren que la rueda de la
corrupción se detenga.
El sistema
es mafioso.
Todo está construido para que los
empresarios, profesionistas, políticos y la sociedad civil se ajusten a las
reglas del sistema si quieren participar en alguna actividad, ganar un
contrato, conseguir un empleo importante u obtener un beneficio legítimo. Todo
tiene un costo en el sistema de la corrupción.
Así se construyó el sistema y así ha
operado siempre, de tal manera que para los presidentes resultaba más cómodo no
alterar las reglas del juego. No se atrevían a quitar ni un sólo tornillo del
complejo entramado porque así funcionaba a la perfección para sus intereses
tanto personales como de cúpula. Las promesas de abatir la corrupción eran
parte de un discurso falso, mentira vil.
En los gobiernos priistas y panistas
resultó impensable convertirse en relojeros del sistema quitándole todos los
engranajes a la maquinaria para volverlos a colocar en su lugar. Nadie se
atrevió a tocar esa compleja máquina de corrupción que instaló el sistema
mecánico de robar.
Es por ello que resulta encomiable la
decisión de Andrés Manuel López Obrador de atacar la corrupción en Pemex y en
todas las áreas del gobierno. Empezó por el robo de combustibles –Los
Huachicoleros –pero limpiar las corruptelas de Pemex puede llevar el sexenio
completo y no alcanzará el tiempo para sanear a la paraestatal de la
podredumbre.
El robo de gasolinas es un negocio
muy viejo, ahora parece novedad porque ha atraído los reflectores nacionales e
internacionales, más todavía después de la tragedia de Tlahuelilpan, Hidalgo,
tierra del narco y del huachicol.
La corrupción en Pemex tiene una
larga historia. Algunos apuntes: Se sabe
que después de la nacionalización de la industria petrolera y particularmente
desde el sexenio de Miguel Alemán se comenzaron a construir las bases del
sistema político corrupto.
Se otorgó una concesión de televisión
para crear Telesistema Mexicano con Emilio Azcárraga Milmo, Rómulo O´Frarril y
Guillermo González Camarena –este es el antecedente de Televisa –porque el
sistema político necesitaba proyectar sus bondades a la sociedad, construirse
una imagen casi impoluta, posicionarse en cada rincón de la República y,
mediante el entretenimiento, mantenían a buena parte de la sociedad en una
especia de sueño del que, hasta ahora, les ha costado trabajo despertar.
Así construyó el PRI su hegemonía.
Hubo desarrollo en el país, nadie lo duda, pero también se desató una
corrupción atroz que con el tiempo se volvió sistemática y sigue impune.
Ya desde entonces la industria
petrolera, orgullo de México, era un negocio muy rentable para el poder
político. Nadie puede calcularlo, pero desde que México se convirtió en un país
poderoso en la exportación de petróleo el saqueo a la empresa paraestatal
rebasó todos los límites, insondable la profundidad.
Decenas de buques-tanques cargados
con hidrocarburos se vendían en el mercado internacional y gran parte de esas
ganancias iban a parar a los bolsillos de los presidentes en turno. Así amasó
gran fortuna …Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo,
Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox,
Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Cada uno de ellos tuvo un nicho de
corrupción para explotar en Pemex:
López
Portillo, por ejemplo, cobijó a su amigo
y hombre de confianzas, Jorge Díaz Serrano, apresado en 1983. Fue el primer
golpe que asestó la Renovación Moral que impulsó Miguel de la Madrid, una
medida política que se impuso como necesaria ante el desastroso gobierno de su
antecesor.
Díaz Serrano
fue acusado, siendo senador de la
República, de un fraude de 5 mil millones de pesos, entre otras causas, se le
atribuyó el incremento indebido de los precios de varios buques que, para el
servicio de Pemex, se mandaron a construir a Holanda y Noruega.
Díaz Serrano
era el operador del presidente López
Portillo en Pemex: manejaba dos líneas de negocios: la del gobierno y la
estrictamente personal del presidente, quien se enriqueció con la venta al
extranjero del petróleo crudo robado a Pemex, así como de los barcos construidos
en el extranjero, cuyos costos fueron inflados, de acuerdo con la acusación de
esa época.
Con Miguel
de la Madrid pasó lo mismo y con Carlos
Salinas de Gortari empezaron las maniobras para privatizar a la empresa, pero
el sexenio sólo alcanzó para dividirla en cuatro subsidiarias, es decir, la
dejó lista para empezar a privatizar sus principales actividades, como la
extracción de crudo, la refinación, la exploración, entre otras.
Salinas encarceló a Joaquín Hernández Galicia, “La
Quina”, el poderoso líder petrolero, pero impuso a Carlos Romero Deschamps, tan
corrupto como “La Quina”, quien tiene una larga historia negra por sus
corruptelas y sus antecedentes en el robo de combustibles, según informes de la
desaparecida Dirección Federal de Seguridad, con cuantiosas y extrañas
inversiones en paraísos fiscales, particularmente en Islas Caimán.
Romero Deschapms es una posición de
Carlos Salinas en el sindicato petrolero y a él le debe no sólo el cargo desde
1989 sino la impunidad de la que todavía goza. Es intocable hasta para el
propio López obrador, quien recientemente dijo que su gobierno no cuenta con
antecedentes para incriminar al líder petrolero. Como si su riqueza descomunal
no fuera un elemento sospechoso para investigarlo.
En el
gobierno de Ernesto Zedillo la
corrupción se disparó con algunos proyectos, entre ellos, la reconfiguración de
las principales refinerías de Pemex –Cadereyta, Tula, Minatitlán, Madero, entre
otras –cuya modernización terminaron en un fiasco.
Como ya se dijo en la colaboración de
la semana pasada, la modernización de las refinerías se realizó para
incrementar la producción de gasolinas, refinar los petrolíferos pesados y
evitar las importaciones de combustibles.
Pero al término del sexenio, el país
cayó en un grave problema de producción que impactó el abasto de gasolinas y se
abrió la puerta a la importación, sobre todo de Estados Unidos.
Con Vicente Fox y Felipe Calderón el
robo de combustibles comenzó a ser una grave amenaza para la seguridad del país
y no menos grave para la economía. Se mermaron las finanzas de Pemex y se
incrementaron las fortunas de altos funcionarios de la empresa, de los
políticos del régimen y las del crimen organizado, boyante y poderoso.
Desde los
gobiernos de Fox y Calderón comenzó a ser
visible la presencia del crimen organizado en Pemex. Desde entonces surgieron
personajes como Francisco Colorado Cessa, dueño de la empresa
ADT-Petroservicios, una compañía especializada en tareas de remediación
ecológica.
Pero el controvertido “Pancho”
Colorado –financiero de campañas políticas en Veracruz –no era un simple
empresario y contratista de Pemex: fue el representante de la mafia dentro de
la paraestatal. Por largos años al empresario se le relacionó con el cártel de
Los Zetas, otrora brazo armado del cártel del Golfo.
Colorado, según sus antecedentes, era una pieza clave
del lavado de dinero del narcotráfico. Su debilidad eran los caballos de
carrera, los que compraba con dinero sucio y luego los utilizaba en justas
nacionales e internacionales donde se apostaban millones de dólares, según
cuentan algunos de sus amigos más allegados.
Se afirma que Colorado solía apostar
sumas millonarias en dólares con Heriberto Lazcano Lazcano, fundador de Los
Zetas; Ismael Zambada García, “El Mayo”, miembro del cártel de Sinaloa, entre
otros, porque –según decía — “eran los únicos que le aguantaban los putazos de
dinero” que a él le gustaba perder y ganar en las carreras.
El empresario gozó de impunidad hasta
que tuvo que entregarse en Estados Unidos porque se le perseguía por cargos de
lavado de dinero y delincuencia organizada. Estuvo preso en Texas y cuando
purgaba una pena de veinte años murió de un infarto.
El cártel de Los Zetas fue el primero
que estuvo relacionado con el robo de combustibles en México. Desde Tamaulipas
hasta Hidalgo ese grupo criminal se dedicaba a la ordeña de ductos, al trasiego
de combustibles robados, a la adulteración de gasolinas y sus altos mandos
estaban –y siguen — coludidos con funcionarios –parte de la estructura de
protección de esa actividad criminal.
Casi con el
mismo poder, el cártel de Los Caballeros
Templarios también se incorporó al robo y trasiego de combustibles y fue más
allá: en Michoacán se metió fuerte con la minería, tanto, que todavía cobran
cuotas fijas a los empresarios del ramo. Otros productores, como los de
aguacate, también sufren los embates del grupo criminal que opera también en
Guerrero y Jalisco.
Boyante en los últimos seis años, el
Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) incorporó el huachicol a su
portafolio de actividades criminales, lo que le permitió ampliar sus dominios
hacia Veracruz, Puebla, Hidalgo, entre otros estados, donde el robo de
gasolinas opera al amparo de gobernadores, alcaldes y policías.
El Cartel
del Golfo –tercero más importante en el
organigrama nacional –tiene entre sus veinte actividades criminales la venta de
gasolina robada. También roban en Pemex combustóleo –conocido como Fuel Oil –y
se usa como combustible para las plantas de energía eléctrica, barcos, calderas
y hornos. El control del robo en Pemex lo tiene el narcotráfico que, además,
también domina el mercado del solvente L, muy demandado en las tintorerías.
Las organizaciones criminales
dedicadas al robo de combustibles están conformadas por personas comunes y
corrientes que operan en campo; esta sería una estructura menor, pues la
jerarquía está dentro de Pemex y la protección, según se sabe, dependía de la
presidencia de la República.
Se trata de un cártel que, como
ocurre con los que están dedicados al narcotráfico, nacieron con apoyos
políticos y operan con total protección en todo el país.
Según las dimensiones de este
negocio, el crimen organizado, sin dudas, tiene el control en Pemex. No será
nada fácil destruir estas redes que se extienden hacia los mercados
internacionales, pues detrás de estos grupos criminales están las empresas
trasnacionales que detonaron el aumento de los precios de las gasolinas y con
ello el boyante mercado negro de combustibles robados.
¿Hasta dónde llegará el combate a la
corrupción? ¿Se podrá combatir a tal grado que sea posible sanear Pemex? Como
ya se dijo, la corrupción opera al más alto nivel porque es un sistema y detrás
de este sistema opera una bien aceitada maquinaria –hombres del PRI, PAN,
empresas y mafiosos –que no dejaron ni dejarán sus negocios ilegales.
Para ellos el sistema corrupto
funciona muy bien y sirve a sus intereses. Todo lo compran con dinero y lo
disponen en forma ilimitada.
La de López Obrador es una lucha
contra la corrupción y es evidente que sus acciones se están topando con
mafiosos dispuestos a matar. Es la acción de la justicia contra el dinero, la
corrupción sin medida.
La historia, ese implacable molino
triturador, sostiene que en esta batalla nadie gana y nadie pierde. Poder y
mafia siempre se han puesto de acuerdo.
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