Por Martín
Moreno.
La buena: el gobierno de AMLO decidió atacar a los
huachicoleros, una especie de cartel gasolinero controlado por el poderoso
crimen organizado y que se dedica a vender gasolina de manera clandestina.
La mala: bajo el sello del actual gobierno: la
improvisación, el combate al huachicoleo se hace sin planeación adecuada, sobre
las rodillas, dejando a varios estados con desabasto de gasolina y provocando
pérdidas millonarias en la industria.
La peor: según afirma el presidente López Obrador,
no hay fecha para que se normalice el abasto de gasolina en el país. Es decir:
se aguantan sin combustible.
Del
huachicoleo gasolinero al huachicoleo gubernamental.
Vicente Fox, Felipe Calderón y
Enrique Peña Nieto deberían estar avergonzados: durante sus sexenios nació,
creció y se reprodujo la ordeña de ductos de Pemex para consolidar la venta
clandestina de combustible, y no movieron un dedo para combatirlo. Los ex presidentes solaparon la proliferación
de una actividad directamente ligada al crimen organizado, aceitada desde
dentro de sus respectivos gobiernos, y nada hicieron. Las pérdidas en los
últimos tres sexenios son incalculables, criminales.
Se hicieron
tontos, pues.
Hoy, el gobierno de AMLO se enfrenta
a los huachicoleros y se dan los primeros resultados hasta la hora de entrega
de esta columna:
El plan del gobierno contra el
huachicoleo ha evitado el robo de gasolina por el equivalente a 2 mil 500
millones de pesos.
Antes de este plan, eran robadas 787
pipas diarias en promedio; la cifra disminuyó a 177 por día. Se han dejado de
robar 8,540 pipas que formarían una fila de 80 kilómetros.
Allí están las cifras. Plausibles.
Alentadoras.
Algo se tenía que hacer contra el
pulpo huachicolero. Eso es indudable.
Y allí están también los primeros
nombres de funcionarios involucrados en el lucrativo negocio del huachicoleo:
El general
de brigada, Eduardo León Trauwitz, quien
fue jefe de Salvaguarda Estratégica de Pemex y jefe de escoltas de Enrique Peña
Nieto cuando era gobernador del Edomex (¿por qué no nos extraña?), está bajo
investigación por el saqueo del combustible.
Pero hay más, muchos más
responsables. Al huachicoleo lo controlaban desde Pemex funcionarios y desde el
sindicato petrolero habría complicidad. Mucho tienen qué responder Romero
Deschamps y su cosa nostra. ¡Queremos nombres y castigos, ciudadano Presidente!
Al modus operandi del huachicoleo lo
monitoreaban desde la Torre de Pemex. Es de escándalo. Lo advirtió el propio
AMLO:
“Las investigaciones se centraban en
cómo los monitores de Pemex, en un piso de la Torre de Pemex, a pesar de que se
estaba constatando el robo, en vez de cerrar las válvulas, las mantenían
abiertas, lo que facilitaba el robo de hidrocarburos por parte de los
huachicoleros”.
El enemigo
siempre estuvo en casa. Y eso lo sabían
Fox, Calderón y Peña Nieto, y jamás lo combatieron. Su complicidad es evidente.
Su negligencia es criminal. Su responsabilidad es absoluta.
Ahora, por conveniencia personal,
para no salir más salpicados, prefieren callar.
Presidentes huachicoleros.
Ni más ni menos.
Al mediodía
del domingo pasado se celebró en CU el juego más aburrido de la primera jornada
del futbol mexicano: Pumas vs Veracruz. Un partido espantoso.
A la misma
hora, el desabasto de gasolina en varios estados: Guanajuato, Jalisco, Edomex,
Hidalgo, Michoacán, Querétaro y Aguascalientes, principalmente, se agudizaba.
Las filas de autos eran interminables. La angustia ciudadana se transformaba en
furia. Las pérdidas eran enormes.
¿Cuál fue la
reacción de la secretaria de Energía, Rocío Nahle, ¿ante este grave conflicto
social?
Tuitear lo
siguiente:
“Termina el
primer tiempo Pumas vs Veracruz en ceros. Difícil elección entre mis dos
equipos favoritos, pero soy jarocha así que mi corazón está en Veracruz. Vamos
tiburones rojos por el triunfo…”.
Para la
señora Nahle hay prioridades: un anodino juego de futbol está por encima de sus
responsabilidades como funcionaria pública de garantizar el abasto de gasolina.
La ineficacia también es sinónimo de corrupción.
Horas después, Nahle dio la cara para
ofrecer disculpas:
“Posiblemente a la hora del cálculo
no tuvimos la lógica suficiente. Le pedimos disculpas a la gente de antemano…”.
Sus excusas no alcanzan. El desabasto
de gasolina continuaba este martes, inclusive, alcanzando a la zona poniente de
la ciudad de México.
Un sello del
gobierno lopezobradorista es la improvisación. Ocurrió con el NAIM Texcoco, con el presupuesto y
autonomía de las universidades, con el Tren Maya. Y ahora, da la impresión de
que pretenden cerrar las válvulas de los ductos de Pemex con guantes de box,
con las consecuencias que, como siempre, pagan los mismos: millones de
ciudadanos sufriendo ahora por la falta de gasolina.
Los ciudadanos que siempre pagan los
errores de sus gobiernos. Como el brutal e insensible desempleo que se ha
generado en lo que va del gobierno de AMLO, despidiendo a tontas y locas dentro
del aparato gubernamental, sin estudios de viabilidad ni mucho menos programas
profesionales sobre los cuales actuar.
Al aventón,
pues.
Nadie, a menos que sea huachicolero o
tenga un interés criminal o particular, podría refutar la intención del
gobierno de AMLO para acabar con el huachicoleo, sobre todo después de que en
el pasado no solo no se combatió, sino que también se solapó y se fomentó.
Mucho tendrían qué explicar Fox, Calderón
y Peña Nieto sobre su conducta criminal al permanecer indolentes con el
huachicoleo.
Por lo pronto, habrá que reconocer el
combate contra esta actividad criminal.
Pero, en
nombre de millones de ciudadanos, traten
de hacer mejor las cosas y quítense los guantes de box a la hora de realizar
operaciones quirúrgicas dentro del gobierno.
Mucho se
agradecería.
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