Por Diego
Petersen Farah.
Por más que los expresidentes y sus
funcionarios quieran defenderse en sus cuentas de twitter hay un hecho
incontrovertible: ninguno de los anteriores gobiernos había combatido el robo
de combustible como lo está haciendo López Obrador. Calderón podrá defenderse
porque en su sexenio no era ni de lejos un delito prioritario. El gobierno de
Peña no hizo sino perseguir pipas y agujeritos mientras el delito se multiplicaba,
en una visión aparentemente ingenua si no es que realmente perversa. Sacar la
gasolina del ducto no es sino la parte visible y mediática del problema, pero
detrás de ese “huachicolero” hay una red de corrupción enorme en Pemex, y
después de él una banda de empresarios corruptos que comercializan o compran
gasolina robada. La red es, pues, mucho más amplia y el primero en describirla
y atacarla integralmente ha sido López Obrador.
Escatimar estos méritos es poco menos
que mezquino. Pero ello no quita que hubo errores graves en la planeación de la
estrategia y que estos han tenido una afectación directa en la población y en
la economía. Tan no lo midieron que el propio gobierno ha venido cambiando la
versión sobre la dimensión del problema: lo que era un asunto de 72 horas pasó
a 10 días y luego a un mes. Lo que era un tema puntual de distribución en el
occidente del país por falta de pipas se convirtió en una escasez mayor.
Quienes debían dar la cara por lo
sucedido, el director de Pemex, Octavio Romero, y la Secretaria de Energía,
Rocío Nahle, han sido incapaces de dar una explicación convincente. El primero
no habla; Nahle al menos atinó a decir “posiblemente a la hora del cálculo no
tuvimos la logística suficiente”. Lo cierto es que este desabasto acusa un
problema serio de improvisación en las acciones de gobierno. Si algo
caracteriza a López Obrador es su olfato político, su gran capacidad para
reaccionar intuitivamente. Pero al resto de los funcionarios lo que se les pide
no es intuición sino capacidad técnica. Algunos claramente la tienen (haiga
sido como haiga sido los funcionarios de Hacienda sacaron adelante el reto del
aeropuerto, que no era menor) otros, como quedó demostrado en esta crisis, no.
El
nombramiento de Romero en Pemex y de Nahle en Energía fueron de los más
cuestionados. Ya quedó claro por qué.
Todo combate
a la corrupción y a los mercados ilegales implica una afectación. No hay
remedio. Lo que no se vale es pasar facturas extras a la población y que por
incapacidad la pretendida Cuarta Transformación se quede en Cuarta
Improvisación.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.