Por AP.
Un grupo de delincuentes robó
aproximadamente de 2 a 3 millones de dólares en concentrados de minerales a
través de un sofisticado mecanismo que duró meses, informó el martes la
compañía minera canadiense Telson Mining Corp.
El
presidente de Telson, Ralph Shearing, dijo
que algunos choferes de camiones trabajaban con los ladrones que sortearon las
medidas de seguridad mientras el material se transportada de la mina de Campo
Morado, en el estado sureño de Guerrero, al puerto de Manzanillo, en la costa
del océano Pacífico.
Shearing dijo que medidas de seguridad adicionales
han resuelto el problema. Señaló que los robos parecen haber ocurrido durante
un periodo de cuatro a cinco meses mientras la compañía, con sede en Vancouver,
investigaba la razón por la que la calidad de su producto se medía a un nivel
inferior de lo que estaba cuando salió de la mina.
“Tenía la impresión de que los
concentrados no eran algo que se robara con frecuencia, porque ¿qué haces con
ellos?”, dijo Shearing. “Tienen que venderlos a un corredor de materias primas
o a una fundidora”.
Los robos de
minerales no son algo desconocido en México. En 2015, hombres armados robaron concentrado de oro con un valor
estimado de 8.5 millones de dólares de una mina en el estado norteño de
Sinaloa. Y Codelco, una empresa minera de cobre de Chile, descubrió un
mecanismo similar al de Telson, pero a una escala mucho mayor que pareció haber
robado toneladas de concentrado durante años.
El crimen
organizado en México se ha diversificado. La
lucha contra el robo de mercancía más grande del país es contra los ladrones de
combustible que perforan los ductos y venden la gasolina y el diésel robado. El
Gobierno ha reportado que 14.895 de esas tomas clandestinas fueron descubiertas
en 2018, un promedio de 41 perforaciones diarias a nivel nacional.
Telson compró la mina de Campo Morado, ubicada en
las montañas de Guerrero, en 2017 y comenzó con la producción comercial el año
pasado. La mina produce zinc y concentrados de plomo.
Los directores de operaciones
comenzaron a notar discrepancias entre los niveles de concentrado de las
muestras tomadas de los camiones antes de que salieran de la mina y los grados
que recibían de sus compradores en Manzanillo. Tras revisar rigurosamente sus
propios procesos de laboratorio y determinar que todo estaba bien, la compañía
amplió su investigación.
Encontró que algunos choferes de una
compañía de transporte contratada estaban haciendo paradas en alguna parte del
estado de Jalisco durante el viaje de cuatro a cinco días en el que
transportaban entre 35 y 40 toneladas de concentrado. Antes de partir de la
mina, el concentrado se cubría con una capa de cal y se tomaban fotografías
para que el cargamento pudiera ser revisado a su llegada en busca de señales de
alguna alteración.
Luego, se cubría el cargamento con
una lona asegurada con un cable y supuestamente con candados a prueba de
falsificaciones.
“Estos muchachos eran tan
sofisticados como para saber cómo abrir los candados sin dejar alguna evidencia
y sacar algo del concentrado”, dijo Shearing.
Los ladrones remplazaban el material
robado con un concentrado de menor nivel del mismo peso, y volvían a cubrir la
carga con la cal, la lona y los candados.
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