Por Gustavo
De la Rosa.
SEGUNDA
ENTREGA.
Recordando
que la Universidad rechazó incluir mi investigación en su presupuesto, contraté
por mi cuenta a tres estudiantes que estaban por terminar sus carreras: dos
psicólogas y una socióloga, y empezamos a trabajar con un grupo de 750 internos
sentenciados por delitos patrimoniales; primero distinguimos entre robo con
violencia y sin violencia, para quedarnos con un grupo que integraba a ladrones
de casas solas, de automóviles, de tiendas de barrio y de conveniencia, robo a
transeúntes y defraudadores.
En 2002, y
con esta idea de buscar el perfil del delincuente juarense, coincidí con una
investigadora de la UNAM, aunque ella más bien buscaba el perfil psicológico
del criminal; con su apoyo se aplicó el test Minnesota II a estos internos
seleccionados. La evaluación fue muy complicada, participaron una gran cantidad
de alumnos de psicología, y el objetivo era encontrar alguna conducta que
sirviera como hilo conductor en sus decisiones de vida.
No se obtuvo
ninguna respuesta significativa, lo que representó un hallazgo por su cuenta:
la conducta de los delincuentes no se podía explicar a partir de un único
aspecto o característica compartida. Interpretar tantas evaluaciones les llevó
un buen tiempo a los investigadores del programa de psicología involucrados, y
mientras tanto mi equipo se quedó con la información estadística de los
internos; durante siete meses trabajamos cualitativamente a través de
entrevistas personales que se realizaban tres días por semana (se hicieron más
de 100 entrevistas a profundidad).
A mediados
de 2003 revisamos el material reunido, buscando lo que Bordieu denominó
habitus, o esquemas de acciones y actitudes asociados a la posición social; nos
llevó otro año encontrarlos en el mar de información recolectada. La
información obtenida la compartimos con un compañero maestro de la Universidad
que nos ayudó a interpretarla y yo me quedé con los datos que me interesaban
(con ellos desarrollé mi opinión sobre el perfil de los delincuentes patrimoniales
en Ciudad Juárez durante los años 2003-2004).
Hago
hincapié en los años que abarcó la investigación, porque hasta 2007 éramos una
ciudad violenta y con actividad delictiva dentro de la normalidad nacional: un
promedio de 200 homicidios dolosos por año. Sin embargo, a finales de aquel año
se desató una guerra entre cárteles del narcotráfico y se modificaron las
características personales de los actores del delito. De 300 homicidios dolosos
en 2007, pasamos a mil 600 en 2008; 2 mil 600 en 2009; 3 mil 200 en 2010; hasta
que en 2011 las cifras volvieron a bajar paulatinamente, con 2 mil 500
homicidios registrados (aunque en 2018 volvimos a subir a más de mil
homicidios).
Aún así,
algunos de nuestros hallazgos han permanecido vigentes y nos permitieron diseñar
un modelo para interrumpir la incorporación de jóvenes a las pandillas de
barrio y a organizaciones delictivas. Hemos podido llevar nuestra investigación
a la acción y desarrollar este proyecto que, tras siete años, ha cerrado su
primer ciclo.
La atención
y seguimiento a los 137 jóvenes en la práctica de Miembros Activos en Derechos
Humanos con Educación y Maduración Asistida, y a los otros 10 que se
incorporaron en la etapa de seguimiento, nos ha brindado mucha información y ha
permitido desarrollar el siguiente perfil hipotético (al sujeto de estudio lo
identificaremos con el nombre ficticio de Kevin Brandon, KB, y a su amigo como
Johann Heriberto, JH):
KB termina
su primaria a los once años y se inscribe en la secundaria de la zona; sus
padres entran a trabajar a las seis de la mañana a una empresa, por lo que él
debe levantarse y prepararse su desayuno, para poder acudir a la escuela a las
ocho de la mañana.
Antes de
terminar segundo año de secundaria, KB advierte que no está aprendiendo lo
suficiente y la escuela le parece aburrida; después de las primeras dos horas
de clase empieza a desesperarse y asume actitudes violentas que van en aumento
hasta manifestarlas en la última hora; se convierte en un agresor de los más
débiles y decide abandonar la escuela. A su amigo JH lo expulsan de la
institución por conducta agresiva.
Al quedar
fuera de la escuela, él y su amigo (de entre 12 y 14 años) se incorporan a una
pandilla del barrio; cometen su primer delito de baja peligrosidad entre los 13
y 14 años (hay que recordar que se trabaja con internos sentenciados por la
comisión de delitos patrimoniales); cometen su primer delito grave entre los 15
y 17 años y son festejados por los miembros de su pandilla. La distinción llama
la atención de los delincuentes profesionales en su zona.
Estos
delincuentes profesionales se dedican al tráfico de migrantes y trasiego de
droga, facilitados por la ubicación de Anapra en el límite fronterizo, y KB y
JH terminan incorporados de tiempo completo a su grupo como ladrones de
automóviles. La región era entonces controlada por La Línea, un grupo del
cártel de Juárez y de la familia Carrillo Fuentes, encargado de manejar lo que
cruzaba ilegalmente entre El Paso y Juárez.
KB
finalmente es detenido en un robo nocturno de vehículo a los 17 años y, aunque
obtiene su libertad a los 18 años, vuelve a ser detenido a los 19 años;
mientras tanto, JH es detenido en sus 20s, durante un robo a mano armada a una
tienda de conveniencia; por estas razones estaban detenidos cuando hicimos la
investigación.
A grandes
rasgos, esa fue la trayectoria de la mayoría de los más de 100 sentenciados que
se entrevistaron (en 2012, JH fue asesinado en la guerra entre La Línea y el
Cártel de Sinaloa, pues de 2007 a 2013 se registraron más de 8 mil jóvenes
juarenses víctimas de homicidio).
Revisando
con detenimiento, y con colaboración de investigadores del Cenapi (un centro de
investigación dependiente de la PGR), descubrimos que el eslabón más débil en
la vida de los ahora sicarios es el momento antes de ingresar a, o consolidarse
como miembros de, la pandilla de barrio; ese es el momento donde se debe
intervenir para poder derivarlos a un proyecto de vida dentro de la legalidad.
Cuando nos
propusimos recuperarlos de la deserción escolar y ofrecerles apoyo en su
proceso de maduración por el que todos estaban y están pasando, nació el
proyecto de Educación a Menores con Maduración Asistida (EMMA).
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