Por Arturo
Rodríguez García.
Hay que
tenerlo claro: el maridaje de los políticos con los grandes empresarios
nacionales y algunos extranjeros no sólo evitó el desarrollo de la vida
nacional, también empeñó a varias generaciones de mexicanos que no pertenecen
al exclusivo grupo de los 100 acaudalados.
Políticos-empresarios,
ese binomio cuadrado perverso, no se limitó a la simple práctica de la
corrupción, esa que adjudica contratos con moche de por medio, infla costos en
obras o reporta en informes construcciones y equipos inexistentes.
Tampoco
fue sólo el desvío para la compra de votos que se ocultaba detrás de
satisfactores inmediatos como el reparto de despensas, materiales de
construcción y tinacos, donde naturalmente había una red de contratantes,
proveedores y contables que maquillaban cifras, todo para el aprovechamiento
electoral de lo que se supone es de todos.
No fue
nada más rascarle al presupuesto con facturas falsas, agarrar dinero para
mandarlo a cuentas o bienes personales, ni ese tipo de corrupción que, en la
mordida, alcanza para especular en bienes raíces o se beneficia de una
concesión transportista, minera o por agua.
Hablo de
la gran corrupción, esa que condenó a millones de personas a través de un siglo
a pagar la deuda con la que se salvó a los grandes magnates mexicanos o que, en
el favor gubernamental, evadieron las obligaciones fiscales con las que se pudo
financiar el progreso.
La semana
pasada, Ricardo Monreal presentó su libro “Reforma al sistema financiero
mexicano, una visión de futuro” (MA Porrúa. 2019), en el que ofrece numerosos
datos para evidenciar el abuso –digámoslo en lenguaje presidencial— leonino de
la banca pero que, a efectos de este artículo, destaca el cálculo por lo que
aun falta de pagar del rescate bancario de los años noventa: 170 años.
El reportero
Alejandro Lelo de Larrea tomó nota del dato y, en “la mañanera” del 15 de
julio, se lo preguntó al presidente Andrés Manuel López Obrador, autor de
“Fobaproa, expediente abierto” (Grijalbo. 1999), quien no sin antes explicar
que no podrá hacer nada al respecto (tampoco, ya lo dijo hace un año, cambiará
el sistema financiero como propone Monreal), dimensionó el costo:
Fue
Ernesto Zedillo quien dijo que costaría 110 mil millones de pesos. Hoy, la
deuda por ese rescate que permitió subsistir a los magnates mexicanos suma ya 2
billones de pesos y cada año, el país debe destinar sólo al pago de intereses
hasta 50 mil millones.
Personalmente
no puedo dejar de recordar que la motivación para aumentar el IVA de 10% a 15%
en 1995 fue paliar la crisis que incluiría más tarde ese rescate de los ricos
mexicanos a costa de todos los demás. Y que fue Felipe Calderón quien,
argumentando entre otras cosas que era necesario tener recursos para comprar
vacunas contra la influenza, aumentó a 16% el cobro de dicho impuesto que nadie
en este país podemos evadir a la hora de comprar algo.
Siempre
habrá quien diga que los países desarrollados tienen impuestos altos y sí. Lo
que no se supone tengan son las enormes exenciones de impuestos que los más
ricos de México han gozado y que recientemente fueron prohibidas por el
gobierno actual.
En la misma
“mañanera”, López Obrador informó que en los dos sexenios pasados se condonó
impuestos por el orden de 400 mil millones de pesos. Destaca el año 2013,
cuando el presidente Peña Nieto perdonó 219 mil millones. También que a 153 mil
422 personas, esto es el 99.93% del total de los beneficiarios, se le condonó
un millón 229 mil pesos a cada uno en promedio. Pero hubo 108 beneficiarios, a
los que se les condonaron mil 972 millones de pesos a cada uno en promedio.
Acaso la
mayoría de esos 108 “grandes contribuyentes” y, en particular 16 que por la
gracia presidencial evitaron pagar más de 5 mil millones, sean los mismos que
se beneficiaron con el Fobaproa, esa entelequia opaca y onerosa que en
impuestos pagaron nuestros abuelos, padres, nosotros mismos y que quizás
seguirán pagando hasta los tataranietos de nuestros tataranietos.
Mientras
ellos, los magnates, verdaderos hampones, figuran generación tras
generación, en las listas de millonarios de México y el mundo. Su legado,
debiera ser, el oprobio también una generación tras otra.
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