Por José Gil
Olmos.
La oposición
política en México quedo pulverizada desde hace un año tras la abrumadora
derrota del 2 de julio ante Morena y Andrés Manuel López Obrador que supieron
aprovechar las graves faltas que cometieron PAN, PRD, PRD, Movimiento
Ciudadano, Nueva Alianza y el Partido Verde, los cuales quedaron desacreditados
para encabezar cualquier movimiento ciudadano, creando un vacío peligroso en el
mapa de los contrapesos políticos necesarios en una democracia.
Los yerros
en la toma de decisiones de los tres últimos presidentes y los múltiples
escándalos de corrupción, nepotismo, tráfico de influencias, negocios mal
habidos, impunidad, encubrimiento, entre otras irregularidades cometidas por
los miembros de cada partido dejaron a la mayoría de ellos sin la legitimidad y
representatividad necesaria para erigirse como una oposición con peso
legislativo y social.
Tras la
debacle de las pasadas elecciones, tanto la federal de julio del año pasado
como las de gobernador, diputaciones locales y presidentes municipales de este
año, la oposición esta huérfana de liderazgos.
Muestra de
esta ausencia y vacío de líderes opositores es la presencia de los
expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón quienes han querido aprovecharse de
esta situación para tomar la bandera y tratar de llenar un espacio que les
queda grande por los saldos negativos que dejaron en sus respectivas
administraciones.
La mayor
presencia de estos dos panistas la tienen hasta ahora en las redes sociales
desde donde emiten sus mensajes cuyo único objetivo es criticar a López Obrador
poniendo en duda la Cuarta Transformación.
No obstante,
sus palabras no bajan a las calles, a las comunidades y pueblos y cuando
asisten a las manifestaciones organizadas por algunos grupos son corridos a
gritos. Fox y sobre todo Calderón se han quedado en el mundo de lo virtual, en
las redes sociales donde se pueden pasar todo el día emitiendo y reproduciendo
mensajes en contra de las decisiones del actual gobierno.
Es así que a
pesar de una serie de yerros del gobierno del presidente Andrés Manuel López
Obrador en las áreas de educación, energética, seguridad, salud y bienestar
social, los partidos de oposición siguen sin tener la fuerza y la presencia
para hacerse escuchar por una ciudadanía que tampoco les cree.
Por ello,
antes que erigirse como partidos de oposición, habrán de trabajar con su propia
militancia para quitarse de encima el descredito que vienen arrastrando desde
hace años, desde que se centraron más en sus intereses particulares que en los
colectivos, lo que los ha llevado a la crisis en la que hoy están hundidos.
Este año el
PRI, PAN, PRD y Morena tienen que cambiar de presidentes, cada uno de ellos
tienen en su interior distintos grupos que pelean por tomar las riendas de su
partido con vistas a posicionarse y fortalecerse en las elecciones intermedias
del 2021 cuando se renovará la Cámara de Diputados.
Pero
mientras en los primeros la pelea está centrada en controlar al partido y
mantenerlo a flote, en Morena hasta ahora lo que se trata es de apoderarse de
toda la estructura nacional y usarla de trampolín para la contienda
presidencial del 2024.
Por cierto…
Ante el descrédito de todos los partidos políticos en México han sido las
organizaciones de la sociedad civil las que han tomado la batuta de las
protestas sociales y son las que han salido a las calles a expresar su
inconformidad. Todo pinta para que así siga siendo en los próximos años pues no
se ven ánimos de un cambio profundo en todos y cada uno de esos institutos
políticos que viven gracias a los recursos públicos.
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