Javier Risco.
Un día
contaremos lo que está sucediendo en Baja California como una de las peores
anécdotas de nuestra clase política nacional. Diremos que fue en tiempos de
López Obrador, que en una época de división la “Ley Bonilla” unió a gran parte
de la clase política en su contra y que finalmente sucedió... el gobernador
electo de Baja California, Jaime Bonilla Valdez, logró estar cinco años en el
poder en lugar de los dos, por los que fue electo.
Hablaremos
de cómo el 2 de junio de 2019 ganó la elección cuyo mandato duraría dos años,
de acuerdo con lo resuelto por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la
Federación.
También nos
reiremos al decir que el Congreso del estado, con ayuda de diputados panistas,
aprobó modificar el artículo 8 transitorio de la Constitución local para
ampliar el periodo de Bonilla a cinco años.
Nombraremos
a los primeros que se opusieron, subrayando el nombre de Cuauhtémoc Cárdenas,
líder moral de la izquierda mexicana, calificando el hecho como una traición a
la democracia. También mencionaremos que el gobernador se negó a publicarla y
que regresó al Congreso y que a partir de ahí se formó una nebulosa llena de
despropósitos y ridiculeces.
Diremos que
después de la elección, el congreso se sacó de la manga una “consulta
ciudadana” para saber si “el pueblo” quería un gobierno de dos o cinco años y
enmarcaremos las palabras sin sentido de la diputada local morenista, Miriam
Elizabeth Cano Núñez: “La pregunta es muy básica, el proyecto que tú quieres
para el próximo Gobierno es de 5 años o de 2 años […] No queremos ponernos ni
un máximo ni un mínimo de porcentaje (de votación) que sea la población que se
acerque a emitir su voto, uno , dos, 20, 18 mil, 70 mil votos son
importantes’’. Contaremos cómo fuimos testigos de aquel 13 de octubre cuando
salió a votar “todo el pueblo” bajacaliforniano y en la mañanera de los
siguientes días escucharemos al presidente decir que no hay nada por encima de
la voluntad de ese “pueblo”.
Sin duda,
uno de los mejores chistes de esta anécdota será contar cuando varios
periodistas preguntamos al Congreso por qué tardaban tanto en publicar la
reforma constitucional local y nos contestaban desde el congreso de BC que
“estaba perdida”, que nadie la encontraba, que no sabían en qué escritorio
estaba metida y que por eso nadie la había publicado –esto no es un invento,
esta fue la respuesta que nos han dado todos los órganos de gobierno del
estado, repito, no se publicaba la ley “porque nadie la encuentra”, con esta
última anécdota la historia tiene más tintes de La risa en vacaciones que de
cualquier película tragicómica sobre nuestra política nacional.
Al final
contaremos que no la publicaron, sino hasta el 31 de octubre, dos días antes de
que Bonilla llegara al poder, para que no se discutiera, no se impugnara, y no
diera tiempo a nada, ni siquiera a que se pronunciara la Suprema Corte de
Justicia de la Nación, ¿qué iba a hacer la SCJN con un gobernador en funciones
por cinco años después de que fue publicada la reforma al artículo 8, con un
periodo distinto al que votaron los ciudadanos?
Recordaremos
cómo expusieron al INE, cómo a pesar de todos y contra todos, lograron imponer
una decisión antidemocrática, en fin, así será el peor chiste de lo que será un
lejano 2019.
Ojalá no
suceda, pero esto avanza, habrá consulta, y el precedente aterra a cualquiera.
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