Si algo se ha vuelto
una constante, a raíz del aumento a los gasolinazos, es el incremento de
precios.
Tanto lo que se
comercia entre privados, como los servicios públicos, van al alza. Y tiene una
lógica: si la gasolina incrementa su valor en 20%, todo lo que se genera, usa o
se abastece de combustible, eleva su costo.
El asunto es que los
salarios –ya no digamos el mínimo, que todavía no alcanza ni para cubrir las
necesidades más elementales- no aumentaron para este año en esa proporción.
No hay que ser genios, pues, para saber que hoy, hay que hacer magia para
tratar de adquirir los mismos productos con el mismo sueldo.
En lo privado, podría entenderse como oferta-demanda, pero
en lo público, donde debe haber autoridades que tracen políticas y encaminen
las normas hacia el bien de la mayoría, no puede ser igual. Los gobiernos
tienen responsabilidades y, si en todo momento deben ver por el interés del
grueso de la población, en las crisis, debe reflejarse más todavía.
Tomo como ejemplo el transporte público porque es, sin duda,
uno de los servicios que mayor impacto tendrán por el aumento a los
combustibles; porque es uno de los más utilizados por diferentes capas de la
población; y, porque, para la mayoría
que lo utiliza no es un lujo al cual se puede renunciar. Es una necesidad para
llegar al lugar de trabajo, a la escuela o incluso a un centro de salud.
¿Cómo andan los precios del transporte público concesionado
en las Ciudades más grandes del país?
En Guadalajara, por ejemplo, los usuarios pagan 7 pesos por
viaje, sin importar el destino ni la distancia del mismo; en Querétaro pagan 8,
también sin importar destino; lo mismo sucede en el Edomex, donde de igual
forma se pagan 8 pesos –aunque hay rutas que discrecionalmente, según se ha
reportado, ya incrementaron discrecionalmente el pasaje a 10 pesos, pero
además, después de los primeros 5km, se cobran 20 centavos adicionales por
kilómetro; en Nuevo León la tarifa es la más cara: 12 pesos por viaje sin
importar destino.
En la CDMX, por el
contrario, los usuarios pagan 4 pesos por 5 kilómetros; 4.50 pesos, entre 5 y
12 km y 5.50 si la ruta es de más de 12 km, por ejemplo Cuemanco-Toreo. Es el
transporte público más barato del país. De la calidad, eficiencia y modernidad
de unidades, ya nos ocuparemos, pero en términos económicos, es el más accesible.
Las crisis son oportunidad, sí. Pero también son momentos de
definición. ¿Qué van a hacer los gobernadores y alcaldes de las ciudades más
importantes? Porque hasta hoy, solo el gobierno de Miguel Ángel Mancera parece
estar haciendo circo, maroma y teatro, para –al menos en el transporte público-
no encarecerle la vida a sus ciudadanos. Va en contrasentido aunque, en la
actual coyuntura, llevar la contra, parece que es la ruta correcta.
Tampoco es magia que no haya protestas de los concesionarios
del transporte público. Vaya que hay presiones; la operación política se hace
desde la oficina de Héctor Serrano, secretario de Movilidad… A propósito de
Serrano, él está seguro de que dejará el cargo en septiembre de 2017. ¿Sabe
algo que los demás ignoramos? ¿O Mancera apenas cruce su quinto informe de
gobierno ira por la candidatura presidencial?
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