Los enfrentamientos de la semana pasada en Sinaloa –que
dejaron 11 muertos en menos de 72 horas– anticipan una nueva guerra intestina
en el cártel que dirigía Joaquín Guzmán Loera. Su hermano Aureliano, El Guano,
inició una pugna por el control de territorios con Dámaso López Núñez, El
Licenciado, uno de los operadores más cercanos al Chapo que incluso orquestó su
fuga del penal de Puente Grande, Jalisco, en enero de 2001.
Los tiroteos ocurrieron mientras elementos de la Policía
Militar patrullaban las calles de Culiacán como parte de las acciones
emprendidas el 6 de enero pasado para reforzar la seguridad en la capital del
estado.
Según fuentes no oficiales, El Guano tomó el lugar del Chapo
para proteger a los hijos de éste –Iván Archivaldo y Alfredo Guzmán– e intenta
desplazar al Licenciado.
El Cártel de Sinaloa sufrió una ruptura en 2008, cuando
Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, acusó al Chapo de entregar a su hermano
Alfredo, El Mochomo, a las fuerzas federales en Culiacán. En dos años, la guerra
entre El Chapo y los Beltrán Leyva causó 2 mil 250 muertes, de las cuales mil
167 fueron en 2009.
Desde el 1 de enero pasado, cuando Quirino Ordaz Coppel
asumió la gubernatura, la violencia repuntó. Ese mes cerró con 116 homicidios
dolosos. El 70% ocurrieron en Culiacán y Mazatlán –donde se registraron 40
casos, una cifra histórica–, municipios donde los cárteles se disputan el
control del territorio. En lo que va de febrero ha habido 39 asesinatos,
incluidos los 18 de Culiacán y los siete de Navolato, así como 12 personas
privadas de su libertad.
En el puerto, autoridades estatales atribuyen la violencia a
la lucha entre el Cártel de Sinaloa y el de los Beltrán Leyva, mientras que en
la capital del estado se habla de la fractura entre El Guano y El Licenciado.
En el segundo semestre de 2016 el primero mantuvo otra
guerra contra los Beltrán Leyva en Badiraguato, tierra de éstos y del Chapo.
Ahí le disputó territorios a Alfredo Beltrán Guzmán, El Mochomito –hijo del
Mochomo–, quien fue detenido en diciembre pasado.
A su vez, El Licenciado y su hijo Dámaso López Serrano, El
Mini Lic, mantenían su batalla en Baja California Sur contra la célula de Los
Adanes por el control del narcomenudeo.
Villa Juárez, en el fuego cruzado.
El último desencuentro entre los Dámaso y los Guzmán ocurrió
el martes 7 por la tarde en la sindicatura de Villa Benito Juárez, en Navolato,
zona que se disputan las células Los Montana, quienes operan para El
Licenciado, y Los Chimallis, cercanos a los Guzmán.
En solo media hora hubo cuatro enfrentamientos más sobre las
carreteras 20 y 50 y la que conduce al campo pesquero Las Puentes, en los
cuales murieron dos presuntos delincuentes y tres civiles, incluida una joven
de 22 años, según los reportes.
Sin embargo, los lugareños comentaron que en realidad hubo
más bajas entre los sicarios, sólo que éstos se llevaron los cadáveres de sus
compañeros; lo mismo hicieron con cuatro personas, a quienes subieron en la
caja de una camioneta a punta de pistola.
Una testigo narró que sobre las carreteras 20 y 50
circulaban varias camionetas desde las cuales se disparaban los sicarios de los
grupos rivales. “No sé de dónde salió tanto carro, yo corrí a esconderme”,
dijo.
Un video grabado desde una gasolinera que se encuentra en el
cruce de ambas carreteras captó parte de la balacera. A un costado del expendio
quedaron atrapados en el fuego cruzado dos jornaleros de la colonia Los Amapas
–Zenén Santiago y Norberto “N”–, quienes viajaban en una camioneta Ford
Explorer. Según otro testigo, ambos bajaron del vehículo e intentaron
refugiarse debajo del vehículo, pero cayeron muertos.
A unos metros de ahí, Rocío Rendón y su esposo también
fueron alcanzados por las balas cuando caminaban frente a una refaccionaria.
Ella murió, mientras que él sólo resultó lesionado.
Durante el tiroteo, trabajadores y personas que se
encontraban en la clínica número 11 del Seguro Social, ubicada en el área de la
refriega, fueron encerrados en el inmueble por personal de seguridad.
Peritos y agentes investigadores de la Procuraduría General
de Justicia del Estado (PGJE) levantaron cuatro cadáveres esa tarde y olvidaron
uno. Al día siguiente fueron por él. Estaba a un costado de la carretera que
conduce al campo pesquero Las Puentes, junto a una camioneta.
En los cuatro lugares donde fueron los enfrentamientos
quedaron ocho camionetas, tres fusiles AK 47, 16 cargadores para AR 15 y AK 47,
una granada de fragmentación y 437 casquillos percutidos.
Entre el béisbol y las balas.
Mientras los equipos de béisbol se disputaban la Serie del
Caribe en el estadio de Tomateros, los grupos delincuenciales se enfrentaban a
balazos en las calles de Culiacán.
Entre el viernes 3 y el lunes 6 hubo enfrentamientos en la
sindicatura de Imala, en el fraccionamiento Villas del Real y en las colonias
Las Flores, La Costera y Libertad.
El domingo 5 por la tarde, grupos armados se encontraron
sobre la avenida Pedro Infante, en el sector Las Flores, y se enfrentaron a balazos.
Hubo dos lesionados. En el lugar quedaron ocho vehículos, dos fusiles AK 47,
dos granadas, 14 cargadores, 82 casquillos, cinco cascos blindados y 422
cartuchos.
Poco después hubo otra refriega en la que murieron dos
presuntos delincuentes. Las autoridades hallaron tres fusiles AK 47 y cuatro
pistolas calibre 9 milímetros en la zona. En los primeros minutos del lunes 6,
elementos del Ejército se enfrentaron con civiles en la colonia Libertad. No
hubo ninguna baja; tampoco detenidos.
Al día siguiente, en el fraccionamiento Villas del Real hubo
otro tiroteo entre elementos de la Marina y civiles. De acuerdo con la PGJE,
los marinos realizaban patrullajes cuando se encontraron con un grupo armado y
se inició la refriega.
El saldo: cinco presuntos delincuentes y un marino muertos.
Ahí quedaron también una camioneta, cuatro fusiles AK 47, un AR 15, seis
pecheras, 28 cargadores para AK 47 y AR 15 y 250 casquillos. Los delincuentes
se desplazaban en al menos cinco vehículos.
La tarde del viernes 3 se desató otra balacera en la
comunidad de El Pozo, en la sindicatura de Imala, entre delincuentes y la
Policía Militar. Un agente castrense resultó herido en un tobillo; los
delincuentes lograron escapar.
El incidente provocó un despliegue policiaco en la zona. Los
agentes localizaron un plantío de 10 hectáreas sembradas de mariguana, así como
un predio de cinco hectáreas de amapola, cuatro vehículos, uno de ellos
blindado y con pedestal para portar un rifle de grueso calibre, 56 cargadores,
310 cartuchos calibre 50 y tres granadas.
Ninguno de los presuntos delincuentes muertos ha sido
identificado y sus cadáveres permanecen en el servicio forense sin ser
reclamados. Hasta el cierre de edición, las autoridades no habían detenido a
ningún sospechoso relacionado con los tiroteos.
Las carencias de la autoridad.
Ante la reciente ola de violencia, la entidad dejó las
investigaciones en manos de la Procuraduría General de la República (PGR), en
tanto que el gobernador Ordaz Coppel ha evadido los cuestionamientos de la
prensa sobre la inseguridad.
El martes 7, ante la insistencia de los reporteros, Ordaz
dijo que se estaba reforzando la seguridad en coordinación con fuerzas
federales. “Tengo un mes en el cargo y estamos trabajando en ese sentido”, se
justificó.
El secretario de Seguridad Pública estatal, el general Genaro
Robles Casillas, aseguró que la delincuencia no ha rebasado a la autoridad,
pese a las evidencias en sentido contrario. Sin embargo, dijo, “estamos
cubriendo todas las necesidades, respondiendo a la necesidad de la población”.
Mencionó que las corporaciones locales necesitan más
vehículos y unidades aéreas para reaccionar de manera más pronta. Admitió
también que a los uniformados se les dificulta la detección de grupos armados
en las calles debido a que las cámaras de vigilancia no funcionan.
De las 168 cámaras que controla C4i en Culiacán, sólo 11
sirven, y de las 249 que opera el Centro de Emergencias y Respuesta Inmediata
del municipio, apenas 14 están activas, reveló.
El encargado del despacho de la Procuraduría General de
Justicia Estatal, Marco Antonio Higuera Gómez, dijo que la ola de
enfrentamientos se debe al antagonismo entre delincuentes, pero la fiscalía no
los ha identificado. Asimismo, manifestó que dejarán la investigación de los
tiroteos a la PGR.
Pánico ciudadano.
Los recientes hechos de violencia provocaron sicosis entre
los habitantes de Culiacán y Navolato. El martes 7, luego del tiroteo en Villa
Juárez, empezaron a circular mensajes de voz y de texto en los que se alertaba
a la población sobre la supuesta presencia de grupos armados en las calles;
otros indicaban que se dirigían hacia una población; uno más hablaba de un
toque de queda.
Los mensajes se acompañaban de imágenes de personas
presuntamente asesinadas en Villa Juárez, aunque en realidad correspondían a
otros enfrentamientos. Ese martes por la tarde, la línea de emergencias 911
recibió 7 mil 375 llamadas en las que se reportaron supuestos hechos violentos
y la presencia de grupos armados, de los cuales sólo 475 resultaron verídicas.
Por la noche circularon mensajes de tiroteos en las
cercanías del estadio de béisbol, donde se jugaba la final de la Serie del
Caribe entre México y Venezuela, así como en varios sectores de Culiacán y
Navolato. El inmueble y las inmediaciones estuvieron fuertemente resguardados
por policías locales y militares.
Mientras la sicosis cundía entre los ciudadanos, el
gobernador Ordaz Coppel se encontraba en el estadio de béisbol disfrutando la
final del encuentro. Lo acompañaba el titular de la Secretaría de Agricultura,
Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, José Calzada Rovirosa.
Entre los padres de familia empezaron a circular mensajes de
que habría tiroteos y decidieron no enviar a sus hijos a clases.
Al siguiente, el miércoles 8, en por lo menos 148 escuelas
de la zona centro del estado se suspendieron las clases y 40% de los
estudiantes de las preparatorias y facultades de la Universidad Autónoma de
Sinaloa no acudieron a las aulas.
A la sindicatura de Villa Juárez la paralizó el miedo y la
sicosis después de los tiroteos. Las calles lucían desoladas, los comercios
cerrados y las escuelas vacías. El síndico Pedro Rodríguez Nevárez no se
presentó a trabajar; tampoco sus empleados.
En el poblado tampoco había vigilancia, no se observaron
patrullas de policías ni militares. “Pensamos que iba amanecer lleno de guachos
y marinos”, comentó uno de los habitantes.
En el mercado municipal Benito Juárez, los pasillos
estuvieron solos, pues la mayoría de los locales permanecieron cerrados.
Quienes sí abrieron calcularon que cuando mucho una cuarta parte del mercado
estaba funcionando. Los negocios tampoco abrieron.
Los seis jardines de niños, seis primarias, tres
secundarias, cuatro preparatorias y una guardería del DIF no dieron clases. Fue
hasta el jueves 9 cuando elementos de la Policía Estatal y la Policía Militar
empezaron sus recorridos.
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