Adela Navarro Bello.
De hecho, ahora que el Gobierno de la República que encabeza
Enrique Peña Nieto reculó hace unos días en el gasolinazo del 4 de febrero de
2017, que omitió, canceló, pospuso incrementar el precio de los combustibles, a
propósito de la impresionante indignación nacional, surge la pregunta ¿Y cómo
le hizo?
Recordará que en uno de sus múltiples mensajes a la Nación
(dos en directo el 4 y el 5 de enero, 5 en otros actos, el 6, 9, 12, 17 y 24 de
enero), el Presidente se la ha pasado justificando el aumento a las gasolinas.
Pero en el primer mensaje “formal”, el del 5 de enero de 2017, sobre el
incremento que dio a conocer el 28 de diciembre de 2016, incluso preguntó a los
mexicanos ¿Qué hubieran hecho?, luego que explicó, que de no imponer el aumento, o la eliminación del precio
artificial, esto significaría un déficit de 200 mil millones de pesos, lo cual
por supuesto afectaría a todos; es más, muy orondo, Peña enumeró los males a los que nos enfrentaríamos de no dar los
gasolinazos: paralizar durante cuatro meses todos los servicios del Instituto
Mexicano del Seguro Social, interrumpir durante dos años todas las ayudantías y
programas de Prospera, además de suspender por completo y durante tres años el
servicio del Seguro Popular, y quitarle dinero a los pobres para dárselo a
quienes más tienen.
De la medida dijo, y cito: “Sé que es difícil asumirlo, pero es justamente para proteger la economía
de las familias, que se vería seriamente afectada si no tomamos esas medidas”. Ajá.
Hasta ahí bien dentro de la teoría-justificación presidencial, pero entonces…
¿Por qué sigue
funcionando el Seguro Social? ¿Por qué no se ha cancelado el servicio del
Seguro Popular? ¿Por qué los programas asistencialistas de Prospera siguen su
curso, lento, paupérrimo, pero lo siguen? O sea, ¿No hubo gasolinazo el 4 de
febrero y no se colapsaron los servicios de salud? ¿El Gobierno sigue
funcionando (es un decir)?, ¿Los funcionarios siguen cobrando su sueldo? ¿La
maquinaria gubernamental federal continúa su ruta? ¿Qué sucedió? ¿Entonces no
eran tan necesarios los aumentos a las gasolinas?
Realmente resulta
sospechoso que la estructura gubernamental siga funcionando, y además que se
hayan destinado mil millones de pesos adicionales para el trabajo de los
consulados de México en los Estados Unidos. A ver, o bien el Presidente nos vio
la cara y el dinero del incremento a las gasolinas no es el que requería para
continuar gobernando y prestando los servicios, o los recursos los han sacado
de otras partes, por ejemplo, el ahorro al que está obligado y en el que poco
ha cumplido en apretarse el cinturón.
Todo este tema de
dineros, recursos, aumentos, recortes, ajustes, huele mal. Tiene un tufo no muy
extraño a corrupción. Es decir una administración es eficiente en la medida
que hace eso, administrar los recursos en lugar de imponer incrementos o
impuestos, y Peña ha hecho lo uno y lo otro. Ha dicho que la estructura ya no
aguanta más y ha subido los costos para los mexicanos y enfatizado la carga
fiscal, y al mismo tiempo ha detenido los incrementos ¿Cómo lo hizo?
Eso no lo ha explicado, porque ahora el Presidente está muy
ocupado respondiendo las declaraciones y órdenes del Presidente de los Estados
Unidos, Donald Trump, y se ha olvidado de los gasolinazos.
Al tiempo que la opinión nacional se centra en defenderse de
un Presidente de un país vecino, no sólo a Enrique Peña Nieto se le olvidan
cosas, también a los legisladores. Y
pretenden meter al país entero al tren de respondámosle a Trump ensalzando lo
mexicano, y look“uniéndonos”, para alejar al pueblo del camino que ya se
llevaba andado: el combate a la corrupción.
La corrupción sigue
ahí, sin ser combatida, sin ser investigada, engrandeciéndose acaso cuando
gobierno y sociedad tienen la mirada puesta en otro flanco.
La mayoría de los
problemas de México, la impunidad, la ausencia del Estado de Derecho, la mala
administración de los recursos, el pésimo estado de los servicios públicos, el
freno del crecimiento, la disminución en la inversión, la pobreza educativa y
la pobreza marginal y alimentaria, tienen origen en actos de corrupción que se
traducen en pagos ilícitos, en compra de justicia, en negociaciones que
benefician a unos cuantos, y así.
El 1 de febrero, el
Poder Legislativo mexicano entró en sesiones, luego de estar de descanso desde
diciembre. En la Cámara de Senadores está
pendiente desde el último trimestre de 2016, la designación del Fiscal
Anticorrupción. Nombrados ya los cinco ciudadanos que integran el Comité
Ciudadano del Sistema Nacional Anticorrupción, hace falta –entro otros nombramientos- el Fiscal Anticorrupción, para
echar a andar la máquina del combate del ilícito cometido por funcionarios y
que afecta a los mexicanos todos.
Desde el mismo
diciembre de 2016, los senadores tienen las carpetas de cada uno de los 31
ciudadanos que creen cumplir los requisitos impuestos para convertirse en el
primer Fiscal Anticorrupción de México, cuyas facultades, serán, de acuerdo
a lo publicado en el Diario Oficial de la Federación, edición del lunes 25 de
enero de 2016:
“Proponer campañas de denuncia contra la corrupción.
Mecanismos de cooperación para solicitar información y evidencia a autoridades
en el extranjero. Solicitar información a autoridades federales, estatales y
municipales sobre presuntos actos de corrupción. Proponer estrategias de
colaboración entre los tres órdenes de gobierno para la persecución de los
delitos de corrupción. Estudio de valoración jurídico de agentes ministeriales
para las atribuciones en la resolución de averiguaciones previas. Supervisar a
las agencias del Ministerio Público. Solicitar por conducto de agentes del
ministerio público información para ampliar investigaciones. Conducir a los
agentes del MPF en la investigación de delitos relacionados con actos de
corrupción cometidos por servidores públicos.
“Dictar normas y procedimientos para la organización de la
fiscalía anticorrupción. Planear la estrategia para combatir la corrupción en
el servicio público. Nombrar a los titulares de las Unidades de la Fiscalía
Anticorrupción. Aprobar las investigaciones para la intervención de agentes del
MPF, ejercer facultad de atracción de delitos del orden común relacionados con
actos de corrupción. Autorización definitiva de la no ejecución de la acción
penal, previo dictamen del agente del ministerio público. Emitir instrumentos
legales para el funcionamiento y operación de la Fiscalía Anticorrupción.
Promover ante las autoridades judiciales las medidas precautorias. Mantenerla
coordinación con instancias gubernamentales para el seguimiento y cumplimiento
de acuerdos y tratados para erradicar la corrupción. Programas de actualización
y especialización en materia de prevención y lucha contra la corrupción.
Promover colaboración de instituciones públicas y privadas para el desarrollo
de la tecnología y el intercambio de información para la prevención de delitos
de corrupción”.
Ya está aprobado el
Sistema Nacional Anticorrupción y se conocen los entes gubernamentales que lo
integran; ya están nombrados los cinco ciudadanos del Comité central, ya está
creada la Fiscalía Especializada en Materia de Delitos Relacionados con Hechos
de Corrupción, falta nombrar al Fiscal. Y esa pelota está en la cancha de los
Senadores, quienes se comprometieron a iniciar los trabajos de entrevistas y la
deliberación, para elegir en febrero (de manera pública y transparente).
Han pasado 8 días de
febrero y México sigue sin Fiscal Anticorrupción. ¿Cuántos más habrán de
transcurrir para que los legisladores hagan su trabajo y sostengan su palabra?
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