Javier Risco.
En este
espacio hemos señalado que para superar lo sucedido el 19 de septiembre hace
falta más que llevar a cabo una reconstrucción material de la ciudad, se debe
apostar como sociedad a una reconstrucción de la memoria.
Hemos
aplaudido esfuerzos como el que se llevó a cabo el 19 de octubre a las 13:14,
cuando nos detuvimos tres minutos para recordar a los que se fueron, a los que
ayudaron y a los que permanecimos, ejercicio que abrazó gran parte de la sociedad
chilanga y que fue un emotivo homenaje.
Ahora, el
gobierno de CDMX, en voz de su consejero jurídico, Manuel Granados, informó la
intención de conservar la memoria en un espacio físico: “A partir de esta
semana iniciaremos el proceso expropiatorio de Álvaro Obregón 286, con el
propósito de generar condiciones de mucho diálogo, de conciliación con los
vecinos, para efecto de generar un memorial”.
Y pese a que hemos impulsado más que
una reconstrucción de edificios, ésta de un memorial es, cuando menos,
totalmente inoportuna. No sólo se trata de un anuncio fuera de lugar por la
prontitud, sino por la situación legal del inmueble del que quieren hacerse y
la parálisis del propio gobierno de resolver lo urgente.
De nuevo, el jefe de Gobierno y su círculo cercano,
como Granados, están lejos de entender y escuchar las reales necesidades de los
ciudadanos. Antes de pensar en un memorial se necesita, por ejemplo, tener un
atlas claro de los edificios damnificados que permitan transparencia. Es fecha
en que no se es capaz de decir exactamente cuántos edificios pueden mantenerse
en pie, y cuántos y cuáles resultaron con daños.
Antes de
pensar en un memorial se necesita tener
la certeza de que cada uno de los capitalinos que se quedaron sin hogar tienen
dónde vivir dignamente. Damnificados del Multifamiliar de Tlalpan, de la unidad
Girasoles, de los edificios de Escocia, en la Del Valle, han señalado que no
saben aún qué pasará con su patrimonio.
Antes de
pensar en un memorial se necesita llegar
hasta las últimas consecuencias, y señalar a los responsables de edificios
“nuevos” que resultaron con daños importantes o derrumbados. A los funcionarios
que solaparon pisos extras o modificaciones irregulares a construcciones. A los
responsables de obra que omitieron revisiones o a los dueños que cometieron
fraudes y que hoy no dan la cara.
Antes de
pensar en un memorial se necesita
incluir a Iztapalapa, Xochimilco y Tláhuac en las zonas de desastre para
canalizar apoyos o acercarse a los vecinos y atender sus necesidades.
Antes de
pensar en un memorial se necesita un
plan de reconstrucción, cuya primera etapa se prevé se publique entre el 26 y
28 de noviembre.
Antes de
pensar en un memorial se necesita
investigar por qué se derrumbaron decenas de edificios, incluido el de Álvaro
Obregón 286, en donde 49 personas murieron.
¿Cuál es la justificación legal del
gobierno mancerista para expropiar este predio en particular? Hasta ahora el
único argumento tira más hacia lo sentimental que hacia lo jurídicamente
correcto.
Y aunque en
1985 se expropiaron más de 4 mil predios, se basó en lo que señala la Ley de
Expropiación: es válido únicamente si se logra establecer una causa de utilidad
pública, que según la legislación federal sólo se comprueba si es para la
construcción de un transporte público como el Metro, la ampliación de
autopistas, un predio en riesgo, por razones de conservación natural, algo que
signifique una excepción al artículo 14 de la Constitución, que prohíbe que una
persona pueda ser despojada de sus propiedades.
Por más que la intención del gobierno
sea la de preservar la memoria, no se pueden violar los derechos de
particulares. Menos aún si eso no resuelve el problema. Porque la construcción de un
memorial, en el caso News Divine, por ejemplo, no repercutió en mejoras para
los lugares de entretenimiento y reglas de protección civil, y un memorial en Álvaro Obregón 286 no
significa que estemos preparados para exigir mejores construcciones, edificios
más fuertes y gobiernos mejor preparados ante la tragedia. Subsanar esas
deficiencias sería, en todo caso, un homenaje más útil.
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