Adela Navarro Bello.
Para el
sospechoso, los derechos en México y en los Estados Unidos coinciden en el
debido proceso, y en que el indiciado tiene derecho a no auto incriminarse.
Tanto la enmienda cinco de la Constitución de los Estados Unidos, como el
Artículo 20 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, dictan que el indiciado no podrá ser
obligado a declarar. En nuestro país se hace hincapié en que es su derecho
declarar o guardar silencio, “el cual no podrá ser utilizado en su perjuicio”.
Un detenido, aun en flagrancia, puede
guardar silencio durante todo su proceso, y al final resultar culpable si la
Fiscalía tuvo las herramientas humanas y científicas para probar la
culpabilidad. Hay asesinos en México que nunca se declararon autores del
crimen, pero que fueron sentenciados en base a las pruebas reunidas y tomadas
como válidas por un juzgador en su contra. La llamada prueba circunstanciada.
Sin embargo,
en sistemas como los impuestos en las dos últimas administraciones federales,
la figura de testigo protegido en la época de Felipe Calderón Hinojosa, y la
entrada en vigor del Nuevo Sistema de Justicia Penal en la aún vigente
administración de Enrique Peña Nieto, las
Fiscalías han tenido y tienen la capacidad para negociar con los detenidos las
condiciones de su encarcelamiento en un arreglo judicial, un juicio abreviado o
la contribución de información.
Aun así, es
evidente que en México el sistema penal
beneficia a quien tiene mejores abogados (ahí está Emilio Lozoya Austin y su
amparo ante la investigación sobre los sobornos de Odebrecht que persiste en la
PGR), a quien tiene mejores contactos, y a los miembros del narcotráfico y del
crimen organizado, a menos que estos sean extraditados. Ahí ya cambia el
ambiente y el tratamiento.
Viene al
caso el tema de las declaraciones y los acuerdos judiciales, ahora que fue dado
a conocer un reporte de la Universidad de Texas en Austin, donde se revelan
declaraciones de detenidos de Los Zetas en los Estados Unidos que señalan a los
hermanos Humberto y Rubén Moreira como dos de los funcionarios a los cuales
entregaron dinero (sobornos) para poder trasegar y distribuir droga en Coahuila
sin ser molestados por las autoridades locales.
Esas
declaraciones están en documentos oficiales de cortes de por lo menos tres ciudades
de Texas: Austin, San Antonio y Del Río. Los expedientes fueron solicitados a
las Fiscalías por la Escuela de Derecho de la Universidad de Texas en Austin,
para ser analizados en una clínica de derechos humanos organizada por el
director de la facultad, Ariel Dulitzky.
Cientos de documentos oficiales de
los casos de las detenciones y procesos de por lo menos cinco miembros de Los
Zetas juzgados allende la frontera: Enrique Rejón, Efrén Tavira, Alfonso
Cuellar, Héctor Moreno y Humberto Uribe Tapia. Todos procesados y consignados
en cortes norteamericanas.
Ahora se entiende porqué las
autoridades de los Estados Unidos influyeron en las de España para lograr la
detención de Humberto Moreira en enero de 2016 por sospechas de lavado de
dinero.
Los Zetas
son un cártel mexicano que opera en este territorio y en los Estados Unidos, de
acuerdo a la misma investigación-análisis de los estudiantes texanos, por lo
menos tienen presencia en San Antonio, Houston, Austin, Eagle Pass, Dallas, y
en estados como Chicago, Atlanta, Nuevo México, California y Oklahoma. Sin embargo, en los archivos oficiales
mexicanos hay muy poco sobre la manera de operar de Los Zetas, más allá de
obras de la literatura de no ficción que dan cuenta de ello.
Es increíble pues que en el país
vecino, ciertamente afectado por Los Zetas, las cortes hayan cedido los
documentos de los juicios para su análisis y procesamiento a los estudiantes,
además que en territorio norteamericano Los Zetas depuestos sí hayan declarado,
lo que no hicieron en México: la estructura de la red de corrupción que
establecieron en los gobiernos de Coahuila para delinquir tranquilamente y con
la venia de las autoridades todas; explicó el profesor Dulitzky a la prensa texana: “encontramos conexión y colusión entre
Los Zetas y autoridades de Coahuila en todos los niveles de gobierno, desde
municipales y jefes de policía hasta el actual y anterior Gobernador”.
Ahora, ¿por qué esas acciones no suceden en
México? Obtener cualquier documento oficial, sea de la corte, de un juzgado, de
una Secretaría o dirección cualquiera, federal, estatal o municipal, implica un
viacrucis burocrático que inicia con la petición al Instituto de Transparencia
y Acceso a la Información, y que en ocasiones implica un seguimiento de trabajo
legal para poder obtener un documento, que es probable, que esté tachado en sus
partes medulares.
Las Procuradurías de los Estados o la
General de la República, están negadas a entregar expedientes a Universidades
para su análisis, porque pocos son los casos que cierran, especialmente en
temas de narcotráfico y crimen organizado analistas y estadísticas refieren un
85 por ciento de impunidad.
En México acceder a la información
sobre juicios a criminales del Estado es tan difícil como imposible, más ahora
con el Nuevo Sistema de Justicia Penal tan garantista de los imputados, que en
ocasiones ni sus nombres se pueden hacer públicos y a sus fotografías les
degradan la imagen hasta hacerlos irreconocibles.
La negativa en el acceso a la
información o la opacidad en los procedimientos de procuración y administración
de la justicia es parte del engranaje que en México mantiene la impunidad y la
corrupción.
Pareciera que el sistema mexicano
está construido para favorecer a la impunidad y no a la certeza jurídica, la
transparencia y la justicia.
Resulta pues
que, tanto en los Estados Unidos como en
Brasil, políticos mexicanos ligados al Presidente Enrique Peña Nieto son
señalados de corruptos, pero en México gozan de libertad, exigen respeto,
demandan a “los difamadores”, y la justicia no los toca ni con la sospecha, o
concediendo el beneficio de la duda a las cortes extranjeras.
El reporte
de la Universidad de Texas en Austin es tan claro como documentado, uno de los declarantes en las cortes
norteamericanas fue precisamente el contador de la organización criminal Los
Zetas, un hombre que era asesor de inversionistas en Piedras Negras frontera
con Eagle Pass, Humberto Uribe, y quien entre sus declaraciones más fuertes
está el contar cómo entregó dos millones de dólares a Rubén Moreira a través de
su Secretario Particular y de su entonces Procurador.
La
información de los documentos de las cortes texanas está a disposición de la
Universidad, y en la Escuela de Derecho la han hecho del conocimiento público,
los detenidos también existen, como los acuerdos judiciales a los que llegaron
con las fiscalías para proveer la información ahora conocida.
En México no declara ningún criminal,
las fiscalías no acuerdan en busca de información para capturas mayores,
básicamente por dos razones: o no tienen la capacidad profesional y científica
para hacer acuerdos, o están coludidos con los criminales. Por lo mismo no hay
acceso a la información o los expedientes, y los estudiantes de las
universidades mexicanas no pueden hacer análisis sobre la narco-política actual
porque no hay material para ello.
En los mismos análisis de los
expedientes texanos, se describe la forma en que empresas formales para el
lavado de dinero de Los Zetas, hicieron convenios de obra con la Comisión
Federal de Electricidad y con Pemex, también la ruta del dinero ilícito de
manos de narcotraficantes a manos de políticos y funcionarios.
El de los Moreira y Los Zetas en las
cortes de Texas, es como el caso de Odebrecht y Emilio Lozoya en Brasil, donde
las rutas trazadas de los dineros ilícitos hacia los políticos priístas y
cercanos a Peña Nieto, están clarísimas, aunque en México no las quieran
entender, ni ver, ni investigar.
Tan fácil que sería que la Secretaría
de Hacienda y Crédito Público investigara las fortunas de los políticos
referidos para ver el crecimiento económico que tuvieron en los últimos años, o
averiguar si el enriquecimiento es ilícito. Pero nada, el secretario anda en campaña porque
quiere ser presidente, mientras en la Secretaría de la Función Pública le echan
todas las ganas al caso de seis anónimos trabajadores de Pemex que registraron
un incremento en sus dineros personales y que no corresponde a sus ingresos.
México el país de la impunidad para
los amigos del presidente, aunque en el extranjero esté claro, que mínimo, son
sospechosos de corrupción, lavado de dinero y ahora de asociación delictuosa. De
plano, la administración de la sospecha y la impunidad.
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