El presidente Enrique Peña Nieto
piensa que puede eludir la acción de la justicia si debilita a las
instituciones encargadas de sancionar los actos de corrupción. En mayor o menor
medida, muestran las huellas de sus embestidas las seis entidades públicas
incluidas dentro del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA): la Auditoría
Superior de la Federación (ASF), la Secretaría de la Función Pública (SFP), el
Tribunal Federal de Justicia Administrativa (TFJA), el Instituto Nacional de
Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai),
la Fiscalía Especializada en el Combate a la Corrupción y el Consejo de la
Judicatura Federal.
Esto es
sobre todo evidente en los siguientes casos: En el de la fiscalía anticorrupción, no ha sido posible designar a
quien deberá ser titular transitorio hasta el 30 de noviembre de este año; en
el de la Fiscalía General de la República, tampoco fue posible avanzar; por lo
demás, fue muy cuestionada la designación del nuevo titular de la ASF, y en
cuanto al TFJA sus nuevos magistrados se designaron con el voto favorable de
sólo 49 senadores (apenas 38% de los 128 integrantes del Senado) en una de las
últimas sesiones del último período.
En lo que
respecta a la Fiscalía General, la injerencia presidencial provocó la
movilización de un grupo de organizaciones de la sociedad civil en el
movimiento denominado Fiscalía que Sirva, a fin de solicitar la reforma al
artículo 102 de la Constitución para establecer un procedimiento de designación
de su titular que garantice su independencia del presidente. Aunque no se ha podido avanzar en la
creación de la mencionada fiscalía ni en la designación de un fiscal
anticorrupción, la Procuraduría General de la República opera bajo el mando de
un encargado de despacho que descabezó la Fiscalía Especializada para la
Atención de Delitos Electorales (FEPADE) y frenó todas las investigaciones
vinculadas a la corrupción, particularmente las relacionadas con el caso
Odebrecht.
La Fiscalía
Anticorrupción y el TFJA son particularmente importantes porque serán las
instancias responsables de sancionar por la vía penal y administrativa los
actos de corrupción. En lo que atañe a
la primera, su intento de dejar a un fiscal a modo (conocido popularmente como
“fiscal carnal”) no prosperó y puede pagar caro su desmesura, pues las
posibilidades de designarlo en la actual Legislatura ya son mínimas.
En el caso del tribunal, logró operar
de último minuto, el 25 abril, en la antepenúltima sesión ordinaria de la
actual Legislatura, la aprobación de los magistrados propuestos por el
presidente de la República para integrarlo y asegurar la llegada de jueces
afines al actual gobierno.
Mientras
tanto, la ASF en lo general ha sido
eficaz para detectar los delitos e irregularidades que se cometen en las
entidades obligadas, incluyendo el ejercicio del gasto público federalizado en
las entidades; pero sus denuncias y recomendaciones han sido prácticamente
ignoradas por los órganos de control internos, responsables de sancionar las
faltas administrativas hasta antes de la creación del SNA, y por los
ministerios públicos, tanto federal como estatales, encargados de integrar las
averiguaciones previas para consignar ante el Poder Judicial.
Por ello la designación del nuevo
titular de la ASF, al concluir el período constitucional de Juan Manuel Portal,
era crucial porque del buen desempeño de dicha instancia depende en gran medida
la posibilidad de sancionar los actos de corrupción, ya que la ASF es la
responsable de identificarlos y denunciarlos ante las instancias
correspondientes.
Peña Nieto lo sabía y sus diputados
operaron para conformar una terna a modo. A partir de la misma designaron a
David Rogelio Colmenares Páramo, priista que fue secretario de Finanzas del
gobierno de Oaxaca durante el mandato de Heladio Ramírez, de 1986 a 1992, y
aspiró a suceder a su jefe. También fue representante del gobierno de Oaxaca en
el entonces Distrito Federal (1998-1999) durante el gobierno de José Murat, y
director de Administración y Finanzas de Liconsa (1995-1998).
En apenas
dos meses al frente de la ASF Colmenares
ya removió a tres de los cuatro titulares de las Auditorías Especiales (las de
Cumplimiento Financiero, Desempeño y Gasto Federalizado), movimientos que
pasaron prácticamente desapercibidos, hasta que removió la semana pasada a la
directora general de Auditoría Forense, Muna Dora Buchahin Abulhosn. Entre
otras cosas, esta funcionaria fue la responsable de realizar la auditoría que
permitió denunciar la llamada “estafa maestra”, que hasta la fecha alcanza un
monto de 7 mil 700 millones de pesos e involucra a funcionarios de la Sedesol,
Sedatu, universidades públicas y particulares involucrados como supuestos
proveedores.
Buchahin hizo pública una carta en la
que cuestiona la decisión de separarla de su cargo sin razón explícita, así
como la negativa de la Unidad de Asuntos Jurídicos de la ASF a realizar otras
dos auditorías forenses a la Sedatu a partir de denuncias documentadas, a pesar
de los graves antecedentes.
El nuevo
titular de la Auditoría Especializada en Cumplimiento Financiero, Gerardo
Lozano Dubernard, justifica la separación de Buchahin por un presunto conflicto
de interés y, eventualmente, en un presunto desvío de recursos humanos.
Sin embargo,
los cuestionamientos de conflicto de
interés ya se habían expuesto en la Cámara de Diputados, cuando el propio Lozano
compareció ante la Comisión de Vigilancia, que entrevistaba a los candidatos a
ocupar el cargo de auditor superior. Los atajó de la siguiente manera:
“Tengo que
decir: no litigamos, no vendemos consultorías, auditorías a los gobiernos de
estados, no hacemos libros blancos, no ofrecemos asesorías de solventación de
auditorías, no ofrecemos intervención ante ningún organismo…lo que hemos hecho
10 años es difundir la educación y hacer capacitación antifraude, que es un
capítulo internacional que tuvimos la oportunidad de fundar con el auditor
Portal en México… Entonces, yo no veo
ningún conflicto de interés”. Añadió que la labor de Buchahin en la
organización de la sociedad civil era pro bono y que eso estaba permitido.
Si
efectivamente existe presunción de algún tipo de conflicto de interés o desvío
de recursos, debe solicitarse la intervención de la Unidad de Evaluación y
Control de la Cámara de Diputados, responsable de iniciar la investigación y
fincar las responsabilidades, lo que según Lozano ya hizo; pero en ese caso hay
que esperar el dictamen correspondiente y no adelantarse a las actuaciones de
la misma y despedir a Buchahin.
Todo apunta a que el nuevo auditor se
dispone a integrar un equipo a modo para intentar proteger al actual presidente
Enrique Peña Nieto y su gabinete; es una pieza más de este blindaje que el
titular del ejecutivo pretende construir para evadir la acción de la justicia.
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