Javier Risco.
¿Por qué –la
mayoría- son incapaces de ver el despilfarro?
Empezamos
con la figura más importante de Morena, Andrés Manuel López Obrador, y cito una
nota publicada por el periodista Jorge Monroy: “Cuando se le preguntó acerca de
las facturas de electrodomésticos; maquillaje; pijamas; vestidos de diseñador y
hasta donas y tintes para el cabello que endosó la senadora Layda Sansores al
Senado de la República, enfatizó que también se trata de una campaña de guerra
sucia en su contra. ‘Es una guerra sucia, están desesperados, siguen las
llamadas telefónicas a todas diciendo de que somos un peligro para México, pero
ya la gente no les cree nada’, añadió”. López Obrador dice que lo publicado por
la periodista Fátima Monterrosa en el espacio de Denise Maerker es “guerra
sucia”.
Por su
parte, Claudia Sheinbaum, candidata de Morena a la jefatura de Gobierno,
señaló: “Quiero decir, primero que nada, que yo me siento muy orgullosa de
Layda Sansores y que es una terrible calumnia lo que están haciendo”.
Irma
Eréndira Sandoval, diputada constituyente y la persona propuesta para ocupar la
Secretaría de la Función Pública en caso de que López Obrador llegue a la
presidencia, señaló en twitter: “Mi solidaridad y apoyo con nuestra senadora y
próxima alcaldesa en Álvaro Obregón @LaydaSansores” y pegó una carta publicada
el pasado 14 de junio por la senadora Sansores.
En medio de esta justificación del
abuso, porque insistiré en que lo es, ha aparecido una voz que le debería dar
rumbo al Movimiento de Regeneración Nacional, que no busca justificar lo
injustificable, que reflexiona, da justa dimensión y voltea hacia delante.
Hablo de Gerardo Esquivel, uno de los asesores en materia económica de Andrés
Manuel López Obrador, quien la noche del sábado publicó el siguiente mensaje a
través de su cuenta personal de Twitter: “Lo de Layda Sansores es la punta del
iceberg del dispendio de recursos públicos. Hay un margen enorme para ahorros
fiscales en los tres poderes de la Unión. Debe combatirse la cultura del
despilfarro en todos los niveles.” ¡Vaya! Unos ojos que ven lo que se niegan a
ver los demás, el caso de la senadora Morenista es justo eso, el abuso.
En esta
misma columna el viernes pasado planteábamos la oportunidad que este caso podía
representar para López Obrador, hacer un alto en el camino de la campaña,
reconocer el error, corregir, y previo al 1 de julio consolidar su eterno
discurso anticorrupción en una convincente respuesta modelo que podría marcar
su forma de gobernar en caso de llegar a la presidencia… pero no. La postura
oficial del partido está en uno de los párrafos del justificante de la
senadora: “entendemos que esta distorsión de la información y cada una de las
calumnias mencionadas en el programa de ayer, se deben a estrategias de poder
por intereses afectados y, porque ahora, estamos denunciando actos de corrupción
realizados por Mancera, Serrano y Luna, como se halla detallado en mis redes
sociales”. Torpe respuesta ante el trabajo periodístico de una reportera como
Fátima Monterrosa, que en los últimos diez años se ha dedicado a incomodar y
exponer a políticos de todos los partidos.
Ojalá se escuche más la voz de
Esquivel dentro de ese partido, ojalá rectifiquen, quedan 13 días para las
elecciones ¿qué necesita México, respuestas conspiratorias o hechos reales
contra la eterna dinámica del abuso de los políticos?
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