Francisco
Ortiz Pinchetti.
El refranero
mexicano tiene un apartado especial dedicado a la comida. Y es que el uso de
referencias culinarias está ligado irremediablemente a nuestro lenguaje
cotidiano y se aplica lo mismo a actividades de la vida diaria que a los
deportes o la política. Decir que el que traga más saliva come más pinole tiene
claras implicaciones en este último sentido. Otro es aquel de que lo cacharon
con las manos en la masa. Y por supuesto el muy actual de que nos están dando
atole con el dedo.
Tengo
especial predilección por la enorme variedad de dichos que enriquece la versión
mexicana de la lengua española. Puedo presumir que tengo una colección que
incluye no menos de cuatro mil refranes, algunos de los cuales –hay que
reconocerlo– son adaptación de proverbios castellanos. Y puedo asegurar que
tenemos para todas las ocasiones, los temas y las actividades.
Algunos de nuestros más populares
refranes culinarios tienen que ver con la astucia, que suponemos característica
intrínseca del mexicano. Tal es el caso de aquel que recomienda medirle el agua
a los camotes o el que invita a darle que es mole de olla. Estoy como agua para
chocolate indica un estado de ánimo y a la vez una advertencia. Porque, a final
de cuentas, cada quien escoge el tamaño de la cebolla con la que va a llorar.
Hay algunos
francamente festivos, como el que
refiere que algo está como para chuparse los dedos o el clásico de barriga
llena, corazón contento. Otros contienen evidentemente un dejo de reproche,
como ese de que le echas mucha crema a tus tacos o el señalamiento de que
alguien le hizo a otro de chivo los tamales o le dio una sopa de su propio
chocolate. También hay de crítica, pero con cierta ironía: esa ya no se cuece
al primer hervor, o dónde quiera se cuecen habas.
Es cierto que cuando como no conozco
y que los hombres y las gallinas, poco tiempo en las cocinas. No tan
contundente es en cambio afirmar que cuando el hambre entra por la puerta, el
amor sale por la ventana o hasta al mejor cocinero se le va un tomate entero.
No faltan por supuesto los consejos: sólo la cazuela sabe los hervores que se
guarda o a todo se acostumbra uno menos a no comer… O de franca advertencia: El
horno no está para bollos.
Sirven con
frecuencia para justificar ciertas conductas, como el ingerir bebidas alcohólicas.
Tal es el caso del proverbial para todo
mal mezcal, para todo bien también, y menos conocidos, aquel de que aguardiente
de mi vida, quien te dio tanta grandeza, si te mando a la barriga que vas a
hacer a la cabeza, el que refiere cómo a buen comer o mal comer, tres veces
beber y el que dice que la cerveza bien helada y la sopa bien caliente. Se dice
que si el agua destruye caminos que no hará con los intestinos…Por el
contrario, se hace apología también de los alimentos sanos y nutritivos: Que tan
santo será el chocolate, que de rodillas se muele, juntando las manos se bate y
mirando al cielo se bebe.
Algunos
tienen obvias connotaciones sexuales, como
el de tanta carne y yo chimuelo y el de si como las mueves los bates, ¡qué
sabroso chocolate! O el de que es mucho jamón para dos huevitos. Y otros que
por el contrario rayan en lo inocente: Si la leche es poca, al niño le toca… Y
es que a todo se acostumbra uno menos a no comer.
Dicen que más vale llegar a tiempo
que ser invitado y que al hombre se le conquista por el estómago; que camarón
que se duerme amanece en un coctel, que olla que mucho hierve, sabor pierde;
que del plato a la boca se cae la sopa, que el que nace para tamal del cielo le
caen las hojas, que el que se quemó con leche, hasta al jocoque le sopla, y que
cuándo el pobre tiene para carne es vigilia.
Hay los que
tienen un sentido medicinal: La naranja,
en la noche es oro, en la tarde plata, y en la noche mata, por ejemplo. Enfermo
que come y mea que el diablo se lo crea, es otro. De gordos y tragones están
llenos los panteones, afirma uno más. O los que aluden a fechas festivas: A
cada guajolote le llega su Navidad.
Al igual que
en la gastronomía popular, el taco tiene
un lugar destacado en el refranero mexicano. Así, sabemos que de lengua me como
un taco y que a falta de amor, unos tacos al pastor, que después de un buen
taco, un buen tabaco; se invita a echar un taco de ojo y se advierte que en la
forma de agarrar el taco se sabe quién es tragón y que a cualquier taco le
llaman cena. Y no hay que olvidar que el taco ajeno es el más bueno.
Tan cierto como afirmar que este
arroz ya se coció es ese otro que asegura que nunca falta un prietito en el
arroz y que no falta la mosca en la sopa… O que sólo los tragones y avorazados
se queman el hocico con la sopa. Es indudable que gallina vieja hace buen caldo
y que todo lo que corre y vuela ¡es bueno pa’ la cazuela!
Y ya
encarrilados, el comal le dijo a la olla
que donde come uno comen dos y que mientras sean peras o sean manzanas a mí se
me están quemando las habas, porque te juzgué sandía y resultaste calabaza,
resultaste chiquito pero picoso, hasta lo que no comes te hace daño, lo dirás
de chía pero es de horchata y aunque a mí me importa una pura y dos con sal,
ahora es cuando chile verde, haz de darle sabor a mi caldo. ¡Atáscate ahora que
hay lodo!
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