Adela Navarro Bello.
Desde su toma de posesión y hasta la fecha, el todavía
presidente de la República Mexicana, Enrique Peña Nieto, ha convivido con 35
gobernadores priístas en 24 estados. De los cuales, en nueve, durante su
administración, el Partido Revolucionario Institucional perdió las elecciones
ante la oposición. Actualmente, solo trece entidades federativas son
encabezadas por miembros del Revolucionario Institucional.
Si de algo estuvo
plagado el sexenio de Enrique Peña Nieto, fue de casos de corrupción. No solo
en el gobierno central que ha titulado desde 2012, cuanto más en los estados de
la República; “destacados” priístas que de su mano, sea en apoyo institucional,
electoral o político, terminaron por saquear erarios y dejar tras sí una estela
de corrupción, y en la mayoría de los casos, de impunidad política.
De los nueve estados que perdió ante la oposición, en uno de
ellos el gobernador electo aun no toma posesión. Es el caso de Enrique Alfaro
quien de la mano de Movimiento Ciudadano ganó la elección al gobierno de
Jalisco el 1 de julio de 2018, siendo derrotado tanto el candidato del PRI como
su gobernador Aristóteles Sandoval.
En el resto de los estados que el PRI perdió ante la
oposición, en 2015 fue derrotado en Michoacán por el perredista Silvano
Aureoles (aunque ciertamente un independiente ocupaba el gobierno en
sustitución del priísta Fausto Vallejo); ese mismo año, Jaime Rodríguez
Calderón hacía historia al convertirse en el primer candidato independiente en
ganar una gubernatura, fue en Nuevo León derrotando a Rodrigo Medina, y por
esos mismos meses el presidente llamó al gobernador de Querétaro, José Calzada,
a integrarse a su equipo solo para perder aquel gobierno ante el panista
Francisco Domínguez.
Para el 2016, Peña y el PRI perdieron Chihuahua. El
abanderado del PAN, Javier Corral Jurado, derrotó al tricolor y al ex
gobernador César Duarte. El mismo año, perdieron Durango en la elección que
ganó el panista José Rosas Aispuro. Tamaulipas fue llevado a las parcelas
panistas con Francisco Javier Cabeza de Vaca, lo mismo que Quintana Roo donde
triunfó Carlos Joaquín González, y Veracruz donde salió avante Miguel Ángel
Yúnez, y tomó posesión del gobierno dejado por Javier Duarte.
Y en 2017, el tricolor de Peña fue vencido en Nayarit por el
panista Antonio Echeverría.
Resaltan estos ocho
casos de gobiernos priístas derrotados por oposicionistas, porque es
precisamente en ese tipo de transiciones, de un partido a otro, que las
facturas de la corrupción suelen cobrarse. Al pasar de una ideología a otra, de centro a
derecha, de centro a izquierda, imperando la competencia política por encima de
la negociación en los mismos términos, los nuevos gobiernos suelen cumplir con
sus promesas de un cambio, de combatir la corrupción, de ordenar las finanzas,
de hacer valer el estado de derecho. De hecho, cuando un partido hegemónico como lo fue el PRI en México comienza a
perder elecciones, es precisamente porque los electores castigan el mal
gobierno, la corrupción.
En los estados es lo mismo. Un mal gobierno entrega la
administración a la oposición desde donde prometen rendición de cuentas, no
caer en los mismos errores, y por supuesto, cárcel a los corruptos. Ejemplo de
ello sucedió en los estados de Chihuahua y Veracruz, con menor medida en Nuevo
León.
De los ocho
gobernadores de oposición que derrotaron al PRI adolecido ya de corrupción,
únicamente en dos de manera directa y con resultados, se ha investigado la
corrupción de los ex gobernadores. Es el caso de Chihuahua con Javier Corral
Jurado al frente de la cruzada contra la corrupción y decidido –como él lo
dice- a romper el pacto de impunidad que impide que en otros estados y aun
entre administraciones federales de diferentes partidos, se castigue a los
corruptos. En la
misma dinámica, pero con otra tónica, Miguel Ángel Yúnez en Veracruz inició
investigaciones contra Javier Duarte de Ochoa. Jaime Rodríguez Calderón lo
intentó al inicio de su administración sobre lo dejado por Rodrigo Medina.
Pero de todos estos
gobernadores de oposición que ganaron estados al PRI, solo hay uno al que
evidentemente le tiene miedo el presidente Enrique Peña Nieto: Javier Corral.
No existe otra
explicación para justificar que hace unos días el jurídico de la presidencia de
la República, interpusiera ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, una
controversia constitucional, para evitar que las investigaciones y acciones
judiciales que ha emprendido Corral en Chihuahua para que no quede impune César
Duarte Jáquez, lo alcancen a él o a los integrantes de su gabinete.
Es conocido
ciertamente, que las investigaciones de Chihuahua, donde varios ex funcionarios
han sido detenidos y encarcelados, y se le han decomisado decenas de
propiedades al ex gobernador, y probado el desvío de por lo menos 250 millones
etiquetados por el gobierno federal para el uso del gobierno estatal, pasando
por un alto miembro del PRI, están dando resultados, y que podrían llegar hasta
el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la cúpula del
Partido Revolucionario Institucional, y la misma Presidencia de la República.
La mecánica de la
corrupción en este caso fue, según lo explicado el gobernador Corral, que
dinero autorizado por la SHCP fue ejercido por el gobernador Duarte contratando
empresas fantasmas en un esquema ideado por Alejandro Gutiérrez (secretario
adjunto del PRI en tiempos de Manlio Fabio Beltrones), y desviando el recurso a
la campaña priísta de 2016. Al final, el dinero salió del erario, pero el
servicio no se prestó.
¿Usted cree que de los 35 gobernadores priístas con los que
convivió Enrique Peña Nieto durante su administración, y los cuales
respondieron a por lo menos ocho dirigencias nacionales priístas (Humberto
Moreira, Pedro Joaquín Codwell, María Díaz, César Camacho, Manlio Beltrones,
Enrique Ochoa, René Juárez y Claudia Ruíz), únicamente dos ex gobernadores (o
gobernadores) priístas desviaron dinero a su causa político electoral?
Só, es difícil de
creerse. Pero lo que sí es certero, es que únicamente dos gobernadores de
oposición que ganaron al PRI sus estados, decidieron hacerlos rendir cuentas de
manera más o menos exitosa: Javier Corral en Chihuahua y Miguel Ángel Yúnez en
Veracruz.
¿Cuál es el pacto de
impunidad que siguieron el resto de los gobernadores para no investigar a sus
predecesores priístas? ¿O usted cree que únicamente dos priístas desviaron
recursos para su partido (independientemente que lo hayan hecho para sus arcas
personales)?
El hecho que Peña Nieto
y su equipo busquen el amparo de la justicia a partir de una controversia
constitucional para evitar ser investigados o detenidos por la Fiscalía de
Chihuahua en las investigaciones sobre corrupción que se llevan en relación a
la anterior administración encabezada por el priísta César Duarte Jáquez,
permite entender que quizá sí haya evidencia de la corrupción institucional del
gobierno federal y el Partido Revolucionario Institucional.
Peña no ha pedido no
ser investigado en ninguno de los otros estados donde su partido perdió el
gobierno del Estado contra miembros de la oposición, lo cual también evidencia
–dijera Corral- el pacto de impunidad que persiste en estos tiempos de
transición política.
Definitivamente los
gobernadores que desde la oposición no investigaron a sus predecesores priístas,
están siendo opacados y evidenciados por el trabajo de combate a la corrupción
que desarrolla Javier Corral, quien se enfrenta ahora a un gigante
personificado por la presidencia de la República, que con una controversia,
busca que ni el presidente ni sus funcionarios sean investigados en el estado
de Chihuahua.
En los estados como en
la federación, hace falta más combate a la corrupción y menos pacto de
impunidad.
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