Julio Astillero.
Andrés
Manuel López Obrador conmemoró, informó y arengó, pero no emitió ningún mensaje
especial o sorpresivo durante el acto que encabezó ayer en la Plaza de la
Constitución de la Ciudad de México con motivo del primer aniversario de su
triunfo electoral.
Hubo, eso
sí, un reforzamiento explícito de su convicción de sentar las bases de un
cambio profundo en el sistema económico, político y social que le fuera difícil
de revertir a los conservadores, si es que estos regresaran al poder: Si
regresara el conservadurismo faccioso y corrupto, ni siquiera en esa
circunstancia podrían nuestros adversarios dar marcha atrás a lo establecido y
ya logrado en beneficio del pueblo.
Su hiperactivismo
(su loca pasión, que tiene un fundamento racional) tendría como objetivo, según
lo que planteó en el Zócalo chilango, que este mismo año, a más tardar en
diciembre, terminaremos de arrancar de raíz al régimen corrupto y quedarán, en
este mismo año, construidas las bases para la transformación política de
México, pues este proceso no tiene retorno ni un paso atrás. Nada de titubeos
ni medias tintas.
Habló el
político tabasqueño del sabotaje legal que sus adversarios le han montado para
impedir que avancen las obras de complemento aeroportuario en la base militar
de Santa Lucía, consideró que se pudo salvar el riesgo de una confrontación
grave a propósito de aranceles y migración, y detalló, entre aplausos de la
concurrencia, los impactos sociales inmediatos de su política, con asistencia a
los más necesitados y la eliminación de intermediaciones corruptas.
El escenario
tuvo una extraña composición. Detrás del orador único, dos sillas en las que
durante algunos momentos dialogaron la esposa del Presidente de la República,
Beatriz Gutiérrez Müller, y la jefa de Gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum.
A un lado, con cierta distancia respecto al par de asientos antes mencionados,
Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados.
No hubo presencia de ningún otro de los integrantes de la nueva clase política
morenista, acaso por algún desajuste de tiempos entre la convocatoria original
y el inicio, adelantado, de la llegada del Presidente de la República al
tapanco principal.
En términos
generales, el discurso de AMLO fue dirigido a su base social de apoyo. Fue una
confirmación de la convicción de que el triunfo en las urnas, un año atrás, ha
significado el inicio de un cambio real: Con lo conseguido en siete meses
bastaría para demostrar que el cambio de gobierno no ha sido más de lo mismo,
por el contrario, está en marcha una profunda transformación.
Siendo
celebratoria la retórica de la ocasión, no hubo espacio para la autocrítica o
para alguna corrección de rumbo. La premisa de Palacio Nacional es que las
cosas marchan bien, en general, y en el Zócalo tal postulación se mantuvo intacta.
Aun cuando la fecha se refiere a un lapso electoral y no a un periodo
constitucional de gobierno (del cual apenas se cumplieron ayer siete meses), la
efeméride pudo haber servido para plantear a los seguidores un análisis menos
optimista de lo que está sucediendo en el país, para así alertarlos ante
eventuales turbulencias.
Por otra
parte: de ser cierta la versión, ayer difundida por dos medios de comunicación
de la capital del país, que afirma que Emilio Lozoya Austin salió de México
desde el 30 de abril del presente año, se estaría en presencia de una reiterada
práctica elusiva de varios personajes relevantes del pasado político reciente.
Como si hubiera filtraciones desde el aparato gubernamental o fuese un simple
acto de olfato político y judicial, varios personajes con cuentas por rendir
por actos de corrupción han salido hacia otros países. Llama también la
atención que figuras como el ex presidente Carlos Salinas de Gortari haya
instalado un domicilio alterno en Londres, donde podría pasar más tiempo que en
la Ciudad de México.
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