Por Roberto
González Amador.
El
gobierno federal echará mano del gasto público para revertir el freno de la
economía. Lo hará por dos vías: adelantar los procesos para el inicio de obras
de infraestructura y con el estímulo al consumo entre la población de menor
ingreso, describe el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público
(SHCP), Arturo Herrera Gutiérrez.
Atribuye
a factores principalmente externos la desaceleración de meses recientes y
reconoce como altamente preocupantes las cifras sobre el desplome de la
construcción, sector que refleja el estado de la actividad productiva del país.
Herrera
Gutiérrez, titular de la dependencia desde el 9 de julio pasado, rechaza el
planteamiento de que la economía sea la parte más débil de la Cuarta
Transformación (4T), como el presidente Andrés Manuel López Obrador ha definido
al actual gobierno.
En
entrevista con La Jornada, no acepta que medidas tomadas por el actual
gobierno, como la política de austeridad o el retraso en el gasto del
presupuesto, hayan contribuido al estancamiento económico. Se han dado, señala,
algunos temas que no explicamos.
Concede
una probabilidad de entre 65 y 75 por ciento a que el Tratado México, Estados
Unidos y Canadá (T-MEC), que sustituirá al vigente TLCAN, será ratificado por
el Congreso estadunidense antes de finalizar noviembre.
–El
miércoles fue dado a conocer el dato de que la construcción acumuló 14 meses de
caída. Un día después, la SHCP anunció un plan para adelantar la licitación de
obras de infraestructura. ¿Cómo relaciona la coyuntura con el anuncio?
–Es,
precisamente, un tema de coyuntura. Hay que diferenciar la tendencia del ciclo.
La tendencia de la economía mexicana desde hace 30 años es de un crecimiento de
alrededor de 2.4 por ciento al año. Sobre esa tendencia hay periodos de
expansión mayor y otros de desaceleración. Ahora, existe un proceso de
desaceleración sincronizada en el mundo. Están así 18 de las 19 economías más
importantes. Lo que hemos hecho es identificar el elemento cíclico, coyuntural,
para utilizar instrumentos que incidan en ese ciclo.
Lo que
estamos haciendo, y hacia allá va el anuncio (del miércoles pasado), es
utilizar el gasto y adelantar las licitaciones. Aunque ese gasto, en sentido
estricto, se va a realizar en enero, al hacerse las licitaciones, las empresas
que obtengan algún contrato van a empezar a contratar trabajadores, a comprar
asfalto y maquinaria desde ahora. Es, precisamente, para efectuar un contraste
en el ciclo.
Buscar el
estímulo a través de adelantar licitaciones de infraestructura tiene sentido
por la relevancia de la construcción en la actividad económica que, explica
Herrera, se mueve antes que otros indicadores. Para nosotros es altamente
preocupante si en cualquier momento la construcción comienza a moverse en el
sentido que lo ha hecho.
Son dos
acciones específicas las que el gobierno federal ha puesto en marcha para
reactivar la construcción: anticipar licitaciones para proyectos, con
inversiones por 8 mil 700 millones de pesos, e identificar cinco concesiones a
las que se ampliará el plazo y, por tanto, los concesionarios aumentarán sus
inversiones en ellas. Ambas, dice, apuntan en la misma dirección: asegurarnos
de que estamos dando, a través de las acciones del gobierno, un impulso al
sector de infraestructura.
–¿Qué dice
de la economía mexicana el desempeño de la construcción y, en general, la
infraestructura?
–México
está en un contexto incierto a escala internacional. Para 19 de las 18
economías más importantes se revisó a la baja la previsión de actividad
económica en relación con los que tenían en enero. Cuando hay un periodo de
incertidumbre, el tipo de gasto que primero se frena es en bienes durables,
construcción o capital. Lo que nosotros hicimos fue reconocer el momento del
ciclo en que nos encontrábamos para empezar a adoptar medidas.
–¿Era
posible hacerlo antes, o por qué hasta este momento?
–No era
secretario de Hacienda antes.
–Los
primeros anuncios fueron en julio.
–Yo tenía
tres semanas de ser secretario.
Además de la
infraestructura, otra acción para estimular la actividad económica está
relacionada con apoyar desde la banca de desarrollo créditos al consumo, que es
la otra variable, junto con la construcción, que normalmente se desacelera en
el ciclo.
Una de
más largo plazo es el inventario de proyectos de infraestructura hecho por el
sector privado y que será anunciado en los siguientes días. Están pensados para
ayudar al país en el largo plazo, pero en la medida en que son implementados
apoyan en el corto plazo, en la coyuntura.
Detalla
que ha estado trabajando con grupos del sector privado, que han empezado a
clasificar esos proyectos en tres grupos:
Obras de
infraestructura que son rentables por sí mismas y lo único que requieren es una
concesión o aprobación del gobierno; en estos casos el sector privado aporta
los recursos.
El
segundo son aquellos no rentables completamente y que requieren alguna garantía
o un contrato de asociación pública-privada, y el tercero son aquellos
rentables socialmente, que son muy importantes para el país o para una comunidad,
pero no se pagan solos y serán realizados con recursos públicos.
Nos
estamos poniendo de acuerdo con ellos en la secuencia, y cuando hagamos el
anuncio oficial será con proyectos muy específicos. Eso es lo que se tiene que
hacer en una coyuntura como esta.
–Habló del
contexto externo. ¿Cuáles identifica como los factores internos que han llevado
a la situación actual de la economía?
–Hay una
parte cíclica y ahí el tema externo pesa mucho, como el de los conflictos
internacionales, sobre todo el de China y Estados Unidos o el Brexit, en los
que poco podemos hacer nosotros. Hay otro tema de economía internacional que va
a ser el que probablemente va a jugar más para nosotros, que es la ratificación
del T-MEC. Si se firma, probablemente será uno de los mayores elementos que impulsarían
la economía. Vemos una probabilidad de entre 65 a 75 por ciento de que se
ratificará antes de finalizar noviembre. Otro elemento que va a empezar a
operar ya, de manera muy importante, es que cuando hay procesos de
desaceleración se da una disminución del consumo en la base de la pirámide, y
si el estímulo va a la base de la pirámide tiene mayor impacto. Estamos dando
ese estímulo a través de los programas sociales.
¿En la
situación de la economía tuvo algún impacto el retraso en el ejercicio del gasto
público?
–No hay
necesariamente un retraso en el sentido que ha sido planteado en los medios.
Existe un problema de programación que parecía menor y ha tenido más impacto
mediático que real. Un ejemplo muy claro: la nómina parecería que se paga en doceavas
partes, 24 quincenas. El hecho es que en diciembre se pagan 40 días adicionales
de aguinaldo. Como las secretarías lo programaron en doceavas partes,
claramente va a aparecer un subejercicio técnico en los primeros 11 meses,
hasta que llegue el aguinaldo.
–Entonces,
según lo que dice, ¿no ha habido por parte del gobierno decisiones políticas
que hayan contribuido a esta situación de estancamiento, sino es, básicamente,
por cuestiones externas?
–Sí. Creo
que no explicamos algunos temas. Por ejemplo, cuando se hablaba de la política
de austeridad, ésta no era la disminución de renglones de gastos para
ahorrarnos. Era gasto que se llevaba a otro renglón. Si hubo una disminución en
los salarios de los funcionarios altos, se fue a los salarios de los funcionarios
de menor rango o a los programas sociales, lo cual también es gasto.
–¿Cuál es el
margen para mantener el equilibrio fiscal y, al mismo tiempo, generar estímulo
a la actividad económica con gasto público?
–Nos
interesa mucho dejar claro por qué queremos ser muy cuidadosos con las
variables fiscales. Otras economías en una coyuntura como ésta generan el
estímulo a través de aumentar el déficit, con endeudamiento. No necesariamente
eso es malo. Es lo que la receta keynesiana tradicional indicaría. Para México
esta posibilidad ya se agotó. La deuda pasó de 28 por ciento del producto
interno bruto (PIB) en 2008 a 49 por ciento en 2016. No tenemos ese espacio. La
tarjeta de crédito llegó a su tope.
En este
punto, adelanta: además del estímulo económico por medio de infraestructura
y consumo, es necesario diseñar una política explícita para, cuando es el caso,
emprender acciones para revertir el ciclo económico.
Tenemos
que crear un fondo, con reglas muy claras, para utilizar sus recursos cuando la
economía se desacelere y generar ahorros cuando la economía se acelere. Lo que
llama las semillas de ese fondo ya existen, asegura. Se trata del Fondo de
Estabilización de los Ingresos Petroleros, creado con recursos generados cuando
el petróleo tiene precio mayor al previsto en el presupuesto.
Sostiene que
la parte técnica para crear ese fondo ya va muy avanzada. Pero, agrega, su
equipo en la SHCP lo convenció de que antes de hacer la propuesta legal para
crearlo es importante conversarlo con legisladores, convencerlos de que es un
mecanismo para suavizar el ciclo y no para permitir abusos del gobierno;
también hablarlo con analistas económicos, organismos financieros
internacionales y calificadoras.
Un
mecanismo bien entendido y bien diseñado en ese sentido va a disminuir los
riesgos crediticios del país y nos dimos cuenta de que no bastaba nada más
tenerlo diseñado bien, sino socializarlo bien.
–¿Qué
responde cuando se afirma que la economía es la parte más débil de la 4T?
–Tendría
que ser muy débil la 4T para afectar no solamente la economía mexicana, sino la
de Reino Unido, Francia, Japón o Argentina. Estamos viendo desaceleración en la
mayor parte del mundo. En segundo lugar, Hacienda ha venido refinando y
fortaleciendo la forma de ejercer las finanzas públicas. Se nos olvida qué
pasaba en México en periodos de recesión. Había devaluaciones, desempleo,
etcétera. Es necesario ver lo que pasó en 1982, 1986, 1995, 2000 y 2008.
Nosotros tenemos que estar listos a reaccionar a esto, pero tenemos que tener
claro que el ciclo económico es parte de la naturaleza de la economía y lo
tenemos que incorporar a la forma del diseño de la economía. Ha habido seis
recesiones en 44 años, más o menos una cada siete u ocho años. Si no le toca a
la administración anterior, le toca a la siguiente. El país tiene que estar
listo no nada más para aumentar la tasa de crecimiento en el largo plazo, sino
para tener instrumentos que le permitan suavizar los efectos del ciclo.
–Hay una
evidente necesidad de recursos para atender necesidades de gasto y programas
sociales. ¿Considera que debería iniciarse la discusión de una reforma fiscal?
–Esa
discusión, más allá de si hubo banderazo de salida o no, ya se está dando.
Basta ver las discusiones que se han dado en torno al paquete económico. Los
mecanismos para aumentar la recaudación son de dos tipos: los que tienen que
ver con una reforma tributaria, con el cambio o de los impuestos, y con dar
instrumentos al gobierno para que recaude de mejor manera lo que tiene
autorizado. Estos segundos están en muchos elementos de la miscelánea fiscal
propuesta para 2020, como la ley contra las empresas que emiten facturas
falsas, los mecanismos para recaudar los impuestos a la economía digital o el
articulado que obliga a las compañías a que reporten su planeación fiscal para
determinar si es legal o no.
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