Jesús Robles Maloof.
En el Senado de la
República se discute un asunto de la mayor relevancia para el país. La creación
de una Comisión Nacional de Búsqueda para las más de 28 mil personas
desaparecidas en México.
Por un lado las familias en búsqueda proponen lo obvio desde
el punto de vista lógico, ético e institucional. Un órgano autónomo con
facultades suficientes cuya prioridad sea la búsqueda. Por otro lado el gobierno de Enrique Peña Nieto ha propuesto una Comisión
de Búsqueda que no busque como prioridad. Viniendo de ellos no nos sorprende si atendemos al dicho que
mi abuela decía regularmente. El que busca encuentra.
Reitero, si
desaparecen a las personas y desaparece la justicia, también desaparece la
razón por la que el Estado existe, a saber, garantizar la seguridad y los
derechos de las personas. Este es el desafío si queremos un futuro como nación.
Cientos de familias y
organizaciones de víctimas han asumido el reto y colocando la necesidad de una
amplia articulación por encima de la diferencias, han construido el Movimiento
por Nuestros Desaparecidos en México (MovNDmx), en mi opinión, el ejemplo más
digno y acabado de la respuesta cívica contra la violencia.
En apenas unos años y a la par de un proceso de
reconocimiento en el dolor y en la lucha que ha unido a esfuerzos surgidos en
la guerra sucia hasta aquellos de la guerra contra las drogas, han sido capaces
de articular en su favor a universidades, organizaciones de la sociedad civil e
instituciones internacionales de derechos humanos.
Lograron no solo
diagnosticar los obstáculos legales, además elaboraron y llevaron a buen
término, la reforma al artículo 73 constitucional que faculta al Congreso de la
Unión para crear una Ley General de Desaparición Forzada y Desaparición por
Particulares. Esta ley es indispensable como un marco lógico que ordene
definiciones, competencias y responsabilidades en el tema.
En septiembre escribía ¿Por
qué luchar por leyes en un país en donde no se respetan? Porque existe un
caos en este tema donde un cúmulo de conceptos legales que fueron pensados en
otros tiempos o creados para otros delitos como el secuestro, se usan
“legalmente” por autoridades para no buscar, para no hacer nada. Una ley contra
la desaparición es el piso de su lucha. Es
el inicio no el final de la movilización.
El Congreso de la Unión aprobó la citada reforma a la
Constitución el 2 de febrero de 2014. El 17 de junio de 2015 y tras recibir el
apoyo de 19 congresos locales, cumplió los requisitos para finalmente ser
publicada el 10 de junio del mismo año, entrando en vigor el 13 de junio de
2015. Este recuento es importante dado que la misma reforma establecía un plazo
de 180 días, tras su entrada en vigor, para expedir la Ley General. Tiempo
razonable si, como lo mencioné, existe una propuesta de Ley aportada por el el
MovNDmx y avalada socialmente. El trabajo estaba hecho.
El plazo que marca la
Constitución se venció el 29 de marzo de 2016 sin que el Congreso haya cumplido
como es su costumbre. Hoy, 9 de
febrero de 2017, aún no hay siquiera un dictamen sobre la desaparición y hace
unos días, Senadoras y Senadores, literalmente festejaron una Constitución que
abiertamente incumplen.
El impasse
legislativo es el mejor retrato de este crimen de lesa humanidad. Operado por
Osorio Chong el PRI quiere una Ley cuyos efectos, potencialmente dañinos para
sus intereses, puedan controlar.
Con admirable paciencia el MovNDmx acudió en diciembre
pasado a reuniones de trabajo planteadas por el Senado para revisar las
iniciativas, incluida la de Presidencia. Todos los conceptos y definiciones
clave fueron revisados a detalle por el MovNDmx, con la seriedad que se
requiere y se aportaron los argumentos y puntos de vista técnicos con
oportunidad.
El MovNDmx propuso colocar el peso del diseño institucional
en la búsqueda y en la autonomía. A toda desaparición debe corresponder una búsqueda,
no por quien pudiera estar implicado, sino por una entidad que garantice
imparcialidad. Eso significa una Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) como
institución con las facultades suficientes para coordinar esfuerzos entre las
comisiones locales y fiscalías especiales de búsqueda, localización e
identificación de personas desaparecidas en todos los estados del país.
Pero la Secretaría de
Gobernación piensa más bien en una CNB con un titular designado libremente por
el Presidente y subordinado a Bucareli. De la autonomía luego hablamos. Desde la oficina de Osorio Chong se han
opuesto activamente a una CNB con facultades para realizar búsquedas inmediatas
y sin previo aviso a lugares de detención de personas (incluyendo cuarteles
militares), como es necesario en
muchas ocasiones. No es coincidencia el hecho que desde la misma Secretaria
se impulse como prioridad legislativa, la iniciativa de Ley de Seguridad
Interior que significa la militarización de la seguridad pública y el permiso e
impunidad para los abusos del Ejército.
El gobierno de Peña
Nieto busca desinflar cualquier posibilidad de contar con una Institución que
busque efectivamente a las personas desaparecidas. Para su gobierno la
tarea de la CNB debe ser de “auxilio o apoyo” a las instancias estatales
corruptas y coludidas Su propuesta retira de la Comisión las
atribuciones de conducción y coordinación de las autoridades de los distintos
niveles como demanda el MovNDmx.
El Senado tiene ante
sí una decisión. Seguir como comparsa del peor Presidente de la historia
moderna de México y acompañarle en su debacle o tomar una decisión de Estado.
Pero no solo el
Senado debe actuar ya. Sinceramente creo que como ciudadanos decidiremos si
damos la espalda a las familias o caminamos a su lado. Dar la espalda significa
aceptar que el Estado y sus cómplices cancelen por la violencia, no solo la
hermosa vida como concepto y existencia material, sino el derecho a la muerte
como su natural correlación.
En juego está el derecho a morir como es propio a la
humanidad, sea por un accidente o por una enfermedad. De forma súbita o por el
lento pasar de los años.
Por lo mismo creo que
lo más parecido a la desaparición no es la muerte, sino la tortura. Al
desaparecer una vida los ejecutores instalan en las familias, un proceso de
sufrimiento interminable que se renueva día con día durante el resto de su
existencia, sin que el luto y la justicia permitan la continuidad y la
esperanza.
Bajo la determinación
de “un periodo más y NO más” las familias de nuestros desaparecidos nos
convocan al Senado de la República este viernes 10 de febrero a las 11 horas,
para exigir la expedición de la Ley. El tiempo se agota. Ahí nos vemos.
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