Javier Risco.
¿Qué hizo
los últimos 15 días? ¿Qué significaron las últimas dos semanas en el trabajo,
en la escuela, en su rutina diaria? Agradezca tener una rutina y que quepa en
su vida ese concepto, tan despreciado por muchos, llamado 'normalidad', porque durante 15 días el Gobierno de la Ciudad
de México se olvidó de la reconstrucción y peor aún de los miles de
damnificados que han regresado a sus actividades, pero que se encuentran en un
limbo legal y despiertan sin una certeza jurídica sobre su departamento
derrumbado, su local inservible, sobre el edificio donde tenían de vecinos a
sus mejores amigos.
Eso, en el mejor de los casos, porque
en el peor, cinco meses y medio después aún hay familias enteras divididas que
cobraron el insignificante apoyo del gobierno local y que les tomará un par de
años recuperarse.
Y es que este gobierno actúa no en función de la
urgencia de los ciudadanos de volver a la tranquilidad, sino a la urgencia que
marquen sus aspiraciones políticas.
Hace cinco
meses, cuando el sismo se atravesó con la intención de Miguel Ángel Mancera de
ser candidato a la presidencia de la República, entonces le pareció tan urgente la emergencia de los damnificados que
presionó porque en la ALDF, la entonces informal coalición PRD-PAN-MC-PRI-PVEM
(sí, así funciona en CDMX la dinámica de estos partidos) aprobara la Ley de
Reconstrucción que le permitiría irse 'sin culpas'.
Tuvo tanta prisa, que la ley no se
discutió lo suficiente y quedó tan mal y tan poco específica que dio pie a que
tres diputados metieran las manos en el presupuesto de la reconstrucción. Un
error que el propio Mancera tuvo que corregir después.
Cuando se enteró que su candidatura
se había desvanecido como el sueño que todos vimos que siempre fue, el jefe de
Gobierno se tomó 'con más calma' la reconstrucción y hasta ahora uno de cada
tres edificios dañados no tiene ni siquiera un dictamen, menos aún la solución
a las familias que lo habitaban.
Así pasaron
otros meses, hasta que una nueva oportunidad de chapulineo se abrió: el PAN
sorprendió incluyéndolo en su lista plurinominal para el Senado. Con las
maletas casi en la puerta, la crisis al interior de la comisión de
reconstrucción, a la que planeaba dejar como la encargada de poner en pie la
ciudad que él planeaba abandonar, lo hizo quedarse otra vez y reordenar sus
urgencias.
Con el plan
de irse en puerta, le tomó 15 días dar
un tardío golpe en la mesa para que los diputados Leonel Luna, Mauricio Toledo
y Jorge Romero sacaran las manos del dinero para la reconstrucción y formar una
nueva comisión ante la renuncia de todos los anteriores integrantes.
Hace un par
de días el gobierno de Miguel Ángel Mancera se decidió a designar un nuevo
equipo encargado de la reconstrucción de la CDMX.
Sabiendo que
en dos semanas más arrancan las campañas,
el jefe de Gobierno sabe que es su última oportunidad de arreglar todo para
saltar del barco. Para eso, tuvo que asegurarse de dejar al mando a alguien que
no le ocasionara problemas, un alfil cercano a él, de perfil bajo que no le
obstruyera su camino hacia el 1 de julio. ¿Quién mejor que aquel secretario de
Obras que le sirvió durante la última parte de su gestión? Alguien que no sólo
estuviera ya inmiscuido en el asunto de la reconstrucción, sino que además le
garantizara la misma discreción y control como la que se tuvo durante la
polémica construcción del Deprimido Mixcoac, una obra con oposición vecinal,
con un daño ecológico por la tala de árboles que implicó –de la que aún no hay
cifra oficial– y la inauguración y puesta en operación problemática que tuvo,
además de las filtraciones que tuvieron que ser reparadas mientras ya
circulaban los autos.
Ese mismo personaje que sabe que no
le dará problemas como no se los dio durante la construcción de la Línea 7 del
Metrobús, que tomó seis meses más de lo planeado e implicó el doble de
presupuesto del original.
Ese mismo que lo ayudó a mantener la
idea de que las reparaciones de la Línea 12 eran necesarias, aunque nunca se
entendió por qué implicaban el cierre de 11 estaciones.
Sí, está vez la adhesión de Edgar
Tungüí como cabeza de la Comisión de Reconstrucción de la ciudad es un gran
acierto si lo que Mancera buscaba era poder irse ya, sin que ningún comisionado
lo atara con la verdad del desastre que es que miles de damnificados vuelvan a
la tan poco valorada 'normalidad'.
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