Salvador
Camarena.
El 22 de
octubre de 1977 José López Portillo fue a Sinaloa a una gira de “evaluación”.
Sobre esa visita, al día siguiente, el entonces presidente apuntaría en su
diario que “es dramático el caso de los campesinos que cultivaban amapola y
mariguana, con su vida llena de riesgos y sin que les sustituyamos el modo de
ganarse el sustento”.
En sus
memorias, publicadas una década después, López Portillo abundaría sobre el
“drama campesino ligado al narcotráfico”:
“En aquella
gira, por cierto, enfrenté por primera vez, como un hecho y no un concepto, un
problema que no ha tenido ni tiene solución: el drama de los campesinos que
cultivan marihuana y amapola, con graves daños para la sociedad y riesgos para
ellos mismos. Creo que es una de las dolorosas implicaciones, de la brutal,
odiosa y sórdida tragedia del narcotráfico, en el que el eslabón más débil es
el campesino necesitado y vulnerable; el que más arriesga; al que le dan
migajas del botín siniestro y el que, frecuentemente, no tiene otras
alternativas de sobrevivencia.
“No hubo
entrevista que como presidente hubiera tenido con homólogos norteamericanos, en
la que no se tratara este recíprocamente vergonzoso problema.
“No hubo
Informe Presidencial en el que no se informara del resultado de la campaña
antidrogas. No hubo año en que no cobrara víctimas. No hubo año en el que no se
gastaran sumas crecidas en ese combate.
“Así se
vivió la tragedia de campesinos pobres sin cultivos sustitutivos, ni
organización para proporcionarles facilidades, que echaban de menos la
oportunidad de sobrevivencia y acumulaban rencores contra el gobierno por
haberles destruido sus siembras de mariguana. Un fenómeno de lo más complejo y sombrío.
Pero el problema sigue y seguirá vivo y complicado, mientras el mercado de
consumo norteamericano siga ávido y la riqueza con que se trafica sea tentación
para los riesgos. Toda a brutalidad desnuda el vicio. (…)
“Uno de los
problemas y no menor, con que me encontré cuando la Operación Cóndor acabó con
la producción de enervantes en la Sierra de Sinaloa, fue el grito de los
campesinos: “¿Entonces qué sembramos para comer?” Tuve que ser inflexible y
reconozco que los esfuerzos de sustitución, poco eficientes”.*
Yuritzi
Gómez López no había nacido cuando López Portillo visitó en aquella ocasión
Sinaloa. Pero en su tierra, en Guerrero, esta candidata a diputada local no
necesita haber leído las memorias del expresidente para volver, cuatro décadas
después, a lamentar, con idéntica lógica que Jolopo, la incapacidad de México
para resolver el drama de los campesinos que cultivan droga.
A sus 33
años, el 29 abril comenzó su campaña en el distrito XIX local de Guerrero con
una idea muy concreta: “propondré un tema de suma importancia, que es la
legalización del cultivo de amapola con fines medicinales, porque ya no podemos
desgarrarnos las vestiduras y hacer caso omiso ante este tema”, y planteó “un
blindaje para la sierra, en el que si el gobierno estatal y federal no me ayuda
con proyectos para subsistir, entonces que no vengan a destruir mi trabajo como
floricultor, ya que no me dan otra opción para comer”.
Un mes
después, y desde un cultivo de amapola, Yutziri reiteró su propuesta, hecho con
el que logró mayor impacto mediático (aquí un reporte de Denise Maerker).
En el año
más violento de nuestra historia reciente, violencia que en buena medida tiene
su origen en los narcóticos, los tres candidatos presidenciales han evadido un
debate real sobre la inseguridad.
Yutziri, en
cambio, tiene una propuesta. Una sobre un drama que no puede esperar otros 41
años a ser atendido.
*Mis
Tiempos, Fernández Editores, 1988.
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