Por Jorge Zepeda Patterson.
La prometida lista de periodistas que
recibieron fortunas del Gobierno de Peña Nieto no ofreció sorpresas.
Más de mil millones de pesos
repartidos en apenas unas decenas de personas. En su mayoría se trata de
conductores de programas de televisión y radio que a la vez publican columnas
de opinión en algún diario. Joaquín López Dóriga encabeza la lista con 251
millones y le siguen otros como Óscar Mario Beteta (74 mdp), Adela Micha,
Ricardo Alemán, Raymundo Riva Palacio, Pablo Hiriart, Jorge Fernández Menéndez
con cifras que superan los 20 millones de pesos, entre otros.
Tampoco es sorpresa que estos
periodistas se encuentren entre los más acérrimos críticos del Gobierno de
Andrés Manuel López Obrador, que ha suspendido los pagos desde el arranque de
su sexenio.
Tales cifras supondrían que estas
personas habrían sido remuneradas por el Gobierno priista en cantidades que
superan el salario nominal que recibían de los medios de comunicación en los que
han venido participando. Cabría preguntarse en términos estrictamente
económicos para quién realmente trabajaban. Por lo demás, es conocido que el
Gobierno del Edomex, el de la Ciudad de México y buena parte de los gobiernos
estatales han invertido sumas millonarias en partidas similares, aunque los
beneficiarios nunca han sido precisados. Las cifras, que no conocemos, podrían
alcanzar montos verdaderamente escandalosos.
Y sin
embargo, las cosas no son tan simples
como parecen. Ciertamente en más de algún caso se trata de verdaderos
extorsionadores de la pluma capaces de cambiar su opinión a golpe de billetes,
otros quizá simplemente se han dejado querer por los que celebran sus
opiniones. Pero también hay otros casos que habría que matizar antes de proseguir
con el linchamiento desatado.
Desde tiempos inmemoriales la opinión
pública en México ha conocido como “el chayote” a las partidas entregadas por
el soberano a los periodistas que influyen en la opinión pública. Los sobres en
efectivo entregados en mano constituyeron una ignominiosa práctica de la que
poco a poco la prensa profesional comenzó a separarse.
Desde luego no era la única forma de
cortejar a periodistas o atenuar el fuego de los columnistas críticos. Algunos
más dignos nunca aceptaron un sobre con dinero, pero recibían con harta
dignidad la concesión de una gasolinera, una licencia de bar, contratos
generosos para imprimir las publicaciones de una dependencia.
La
revolución digital modificó este modo de operación. Ahora los periodistas fundan un blog personal o un sitio de internet
para colocar sus artículos y deciden aceptar publicidad “para el pago de los
costos”. Eso les permite facturar, en nombre del membrete que utiliza para
fundar su blog, cantidades ilimitadas pese a que el sitio tenga poco o nulo
tráfico. La operación no es ilegal, por más que sea éticamente reprochable. El
anunciante (es decir el Gobierno) paga fortunas en un blog de pocos lectores
porque en realidad lo que desea es comprar la buena voluntad del periodista en
los espacios que conduce en su programa de radio y televisión o en sus columnas
en diarios de circulación nacional.
El problema
de la lista difundida es que no en todos los casos estamos hablando de un blog
personal carente de tráfico. Varios de
los periodistas fundaron portales informativos en los que trabajan reporteros y
editores. El caso más evidente es el de Federico Arreola y SDPNoticias. Puede o
no gustar la línea editorial de este sitio o las posiciones de su director,
pero este portal acredita un tráfico importante y tiene gastos de operación
considerable.
Otra cosa es preguntarse si los
criterios de mercado justificarían las cuantiosas sumas entregadas a ese
portal, misma pregunta que habría que hacer en los casos de otros medios tan
beneficiados como las televisoras o diarios como El Universal y Milenio, pero
esa es otra lista, y no la de los periodistas en tanto individuos. En menor
proporción, porque se trata de portales menos destacados, es el caso de Eje
Central y Silla Rota, de Raymundo Riva Palacio y Roberto Rock, periodistas
incluidos en la lista.
Mención aparte merece el caso del
diario digital Animal Político inexplicablemente mencionado en una nómina de
personas, salvo que se trate de mala leche,
Celebro que el Gobierno de la 4T
transparente estas prácticas que durante tantos años dañaron la posibilidad de
un periodismo profesional, y aplaudo la posibilidad de que por fin la
publicidad oficial se distribuya de acuerdo a criterios centrados en la
penetración real de cada medio y su prestigio, y no en la censura, la compra de
voluntades y el tráfico de influencias. Pero habría sido deseable, por lo mismo,
evitar vendettas y mezclar peras con manzanas.
NOTA: El sitio Sinembargo.mx, en el que este
texto se publica, recibió 200 mil pesos en todo el sexenio de Peña Nieto; la
mayor parte del tiempo fue vetado. Mi blog personal no acepta publicidad.
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