Francisco
Ortiz Pinchetti.
Me
impactaron las fotografías publicadas hace unos días por la prensa en las que
vecinos de Coyoacán limpian el Río Magdalena, cerca de los Viveros. Ellos
aparecen metidos hasta la cintura en el agua fétida envenenada por basuras de
todo tipo –incluidos animales muertos–, armados de azadones, cubrebocas, redes
y bolsas.
El efecto
que me causaron esas gráficas tuvo dos motivos. El primero, el constatar que en
la capital sí hay habitantes preocupados por su entorno, que actúan en
consecuencia sin atenerse solamente a que las autoridades cumplan su
obligación. La segunda es que la escena se ha repetido varias veces a través de
los últimos años.
Y es que el
Río Magdalena es el único “vivo” que queda en una ciudad en la que hubo
cincuenta caudales de agua corrientes y sanos, y en la que fueron entubados 83
kilómetros de ríos –tres veces el largo de la avenida Insurgentes– para
construir vialidades y evitar inundaciones, lo que a la postre resultó un error
garrafal. Y criminal.
El
Magdalena, que tiene 22 kilómetros de extensión, nace en la zona boscosa de La
Palma, de la parte alta del Cerro de las Cruces, en la hoy alcaldía de
Cuajimalpa. Baja por el Parque Nacional de los Dinamos, y entra con cauce abierto
a la ciudad, a través de diversas colonias de Magdalena Contreras;
posteriormente, atraviesa el Periférico hasta la presa Anzaldo; de ahí, parte
del caudal se va al Interceptor Poniente y otra continúa su curso, ya en un
tramo entubado, por la avenida Río Magdalena, que atraviesa Revolución e
Insurgentes, y sigue entubado por Chimalistac y a la altura del templo de
Panzacola (a un costado de avenida Universidad) recupera el cauce abierto, el
cual pasa por los Viveros de Coyoacán; luego se encuentra con el río Mixcoac, y
ambos forman el río Churubusco, donde se vuelve a entubar.
La
recuperación del mentado Río ha sido utilizada como promesa demagógica por
diversas administraciones capitalinas, cuando menos desde la de Andrés Manuel
López Obrador (2000-2006), que en marzo de 2003 ofreció en efecto su
saneamiento… lo cual quedó en mera promesa. Y a lo largo de tres sexenios, se
han invertido más de 442 millones de pesos en ese supuesto salvamento…
Marcelo
Ebrard Casaubón (2006-20012) emprendió un programa de rescate parcial que
culminó en noviembre de 2012, a unos días de dejar el cargo como Jefe de
Gobierno del Distrito Federal. En esa ocasión, la entonces secretaria del Medio
Ambiente (SMA), Martha Delgado Peralta, calificó al hecho como uno de los proyectos
más ambiciosos que se propuso el Gobierno de la Ciudad en aras de revertir el
deterioro ambiental de la cuenca del Valle de México “El primer río que se
rescata en la Ciudad de México, misión cumplida”, dijo la funcionaria ante su
orgulloso jefe.
El rescate,
sin embargo, fue mera fantasía. El río continuó siendo caudal de desperdicios,
drenaje de las casas que existen a lo largo de su trayecto, atarjea del
poniente de la capital. Y al llegar a la Jefatura de Gobierno como candidato
del PRD Miguel Ángel Mancera Espinosa (2012-2018), se emprendió un nuevo, el
enésimo proyecto de salvamento del Río Magdalena.
Esta vez, la
tarea se hizo sobre bases más sólidas, a partir de un Plan Maestro elaborado por
especialistas del Programa Universitario de Estudios de la Ciudad de México
(PUEC) de la UNAM, encabezado por el investigador Manuel Perló, doctor en
planeación urbano-regional. Sería “un ambicioso proyecto que devolverá a la
Ciudad de México lo que otras grandes metrópolis disfrutan cotidianamente: un
río de cauce abierto, limpio, que alimente espacios verdes y contribuya a
mejorar el abastecimiento de agua”, según el investigador Juan Tonda, que
escribió un muy documentado ensayo sobre el tema (Al rescate del Río Magdalena)
en la revista ¿Cómoves? de la UNAM número 107.
Entre las
medidas propuestas por el PUEC estaban el manejo forestal de la cuenca alta,
ordenamiento de las actividades económicas en suelo de conservación, detener el
crecimiento de la mancha urbana, saneamiento del cauce principal, evitar las
descargas residuales (legales y clandestinas) que se vierten en el río, así
como quitar los desechos sólidos de todo tipo que hay en el lecho y en los
bordes, saneamiento de los afluentes y tributarios la recarga del acuífero. Y
el mejoramiento del paisaje urbano, así como la creación de espacios públicos y
el manejo integrado de los recursos hídricos.
Se
contemplaba también el aprovechamiento del agua de lluvia para regar parques y
jardines, evitar las inundaciones por crecidas extraordinarias del río y el
desperdicio de una gran cantidad de agua limpia que actualmente se va al
drenaje. Y algo muy importante: involucrar a la población local, ya que si el
proyecto no es adoptado por la gente que vive cerca del río es imposible pensar
en su recuperación en el largo plazo. Para ello, subrayaba el proyecto, se
requería un cambio de hábitos y percepciones sociales sobre los ríos urbanos.
“De lo que se trata es de sustituir un drenaje a cielo abierto por un río vivo
que es necesario para la sostenibilidad ambiental de la Ciudad de México”,
ponía.
Mancera
Espinosa anunció muy orondo el 1 de febrero de 2018 la conclusión del Proyecto
Integral de Rescate del Río Magdalena, en el que se invirtieron 374 millones de
pesos, que beneficiarían a 160 mil habitantes de las entonces delegaciones
Magdalena Contreras, Tlalpan y Coyoacán, según presumió.
Meses
después se constató sin embargo que el supuesto salvamento había sido un
fracaso, debido sobre todo a la persistencia de la población en utilizar el
caudal como basurero, lo que incluye por cierto las prácticas de brujos y
chamanes que de menara clandestina llevan a cabo en la zona de los Dinamos
rituales que implican el sacrificio de animales diversos, cuya sangre y
despojos son arrojados al río.
Y hace un
par de semanas, el 24 de junio pasado, la Jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum
Pardo anunció que el Río Magdalena, único afluente vivo de la Ciudad, tendrá…
¡un rescate integral! Dijo que son necesarias más acciones para su
conservación, las cuales están en el programa de saneamiento de ríos.
“Este año se
está planteando un saneamiento integral que tiene que ver desde drenajes
marginales hasta lo que es el cauce, el tamaño del cauce, porque en algunos
lados se ha reducido enormemente y en otros lados se ha ampliado”, dijo. O sea,
ahora es menester rescatar el rescate.
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