Enrique
Quintana.
Los
indicadores laborales de abril que dio a conocer el Inegi prendieron todas las
alarmas.
El más serio
de todos ellos es el que refleja una fuerte caída de la ocupación. De acuerdo
con las cifras de la encuesta telefónica que realizó el Inegi, durante abril
hubo un 12.3 por ciento de la población en edad de trabajar que dejó de estar
activa. Esto equivale a 12 millones de trabajadores.
En tanto, la
población subocupada creció en 5.9 millones.
Se trata,
como en otras variables económicas que estamos viendo en estos días, de una
pérdida sin precedente en México.
¿Entonces la
pérdida de empleos no es de 1 millón de trabajadores, como estima el presidente
López Obrador?
No, la que
estima el Inegi corresponde a personas que dejaron de estar ocupadas en muy
diversos tipos de actividad y formas de contratación. Se trata de asalariados
formales, informales, trabajadores por cuenta propia, empleadores, etcétera.
Lo señalado
por el presidente corresponde a los asalariados formales, sólo un subgrupo de
ese total.
Lo que las
cifras del Inegi describen es un virtual infarto de la actividad económica en
casi todos los sectores.
Si México
tuviera un seguro de desempleo equiparable al de EU, entonces tal vez las
solicitudes de marzo y abril estarían por los 12 millones.
Lo que
estamos viendo en México es un colapso de los ingresos de millones de hogares
que inevitablemente se traducirá en una caída importante del consumo, como la
que ya se vio en algunas de las estadísticas del mes de abril.
Al no haber
posibilidad real de que se regrese a la actividad laboral en junio, lo que
observaremos es también un incremento importante de la pobreza, ya que muchos
de los hogares que se quedaron sin entradas se encuentran entre los segmentos
de menores ingresos de la población.
Las
previsiones de Coneval que anticipan un crecimiento de hasta 10 millones en el
número de pobres, atienden a esta dinámica.
El día de
ayer, igualmente, el Banco de México dio a conocer su encuesta mensual entre
especialistas.
Las cifras
de los expertos indican que se espera que la pérdida total de empleos formales
para este año ascienda a poco más de 1 millón de personas y que sólo haya una
recuperación de 350 mil puestos de trabajo en 2021.
Esto quiere
decir que entre este año y el siguiente habría una erosión de 650 mil empleos
formales.
Es decir, en
el mejor de los casos, el nivel de empleo formal que teníamos al arrancar este
año se podría recuperar hasta 2022.
Esta
percepción genera una situación de gran desconfianza, la que esta semana
también se dio a conocer.
La confianza
empresarial en el sector manufacturero cayó en 17.7 puntos respecto al mismo
mes del año pasado.
El peor de
los indicadores que constituyen este índice de confianza empresarial es el
referido el momento adecuado para invertir, rubro que se encuentra
prácticamente en la lona con un descenso de 32 puntos respecto al nivel del año
pasado.
Sin
inversión no va a haber crecimiento. Por eso el Banco de México estableció en
uno de sus escenarios que habría una caída ligeramente superior al 8 por ciento
en la economía en este año y habría una nueva caída de 0.5 por ciento en 2021.
Los dichos
presidenciales que hablan de una recuperación rápida están completamente
alejados de la realidad.
El escenario
más plausible en este momento, para nuestra mala fortuna, es una recesión larga
y con penalidades por el fuerte desempleo.
Ojalá fuera
de otra manera.
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