Diego Petersen Farah.
Podemos estar o no de
acuerdo en algunos detalles de la marcha “Vibra México”, entre ellas con el
nombre, que además de cursi es totalmente esotérico y new age. Nada me podría
caer tan mal como ese nombre; digamos que yo “no vibro” en esa frecuencia.
Sin embargo, cuando se trata de algo tan amplio y tan diverso no hay forma de
que todos coincidamos en todo, por el contrario lo que hay que buscar es ese
pequeño resquicio, aquellas pocas cosas en las que sí estamos de acuerdo. No es
un ejercicio sencillo, pues llevamos años haciendo lo contrario, nuestra educación
política se basa en encontrar las diferencias, esas que nos liberan de
cualquier compromiso con las políticas públicas de nuestra ciudad, nuestro
estado o nuestro país y nos dejan la salida fácil, la del “yo no voté por ese”,
“yo nunca estuve de acuerdo con aquello”, o el infalible “se lo dije”. No
podemos descartar, pues, que la mezquindad termine por imponerse, sería sólo
una raya más al tigre de los desacuerdos.
Pero si no pasa nada
grave en las próximas 24 horas, la sociedad civil se movilizará este domingo
para gritarle a Donald Trump lo que el Gobierno mexicano no ha podido, o no ha
querido, decir en voz alta: que repudiamos las políticas xenófobas. Algunos
sumarán otras causas, cada quien la suya, pero hay que tener muy claro que la
marcha no es, como algunos han insistido, un espaldarazo al Gobierno, pero
tampoco es una marcha de repudio a Peña. El gran problema del discurso de la
“unidad” es que se plantea como la negación de los principios y se construye
desde un falso “nosotros” donde el único reconocible y reconocido es el “yo”.
Lo que puede ser
realmente interesante de esta marcha es que la sociedad civil está rebasando al
Gobierno y a los partidos que han sido absolutamente torpes y lentos en sus
respuestas y planteamientos. Lo criticable de la actitud del Gobierno de Peña
no es que no haya usado un tono más fuerte frente a las continuas ofensas del
Presidente estadounidense, sino que no tenga una estrategia clara para
enfrentarlo. Si tuviéramos la certeza de que detrás de la no respuesta del
gobierno, que raya en lo pusilánime, hay una estrategia, lo que estaríamos
discutiendo si dicha estrategia es o no la correcta, pero a estas alturas del
partido nadie tiene claro a dónde van Peña y Videgaray.
Independientemente de cuántos salgan a la calle este domingo
en las diferentes ciudades del país el simple hecho de que se haga la marcha es
un gran logro, no sólo porque México habrá recuperado su orgullo, bastante
golpeado en los últimos tiempos, y porque la nación habrá reconocido su propio rostro,
un rostro plural y diverso, sino sobre todo porque se habrá demostrado, una vez
más, que hay una sociedad que es mejor que sus dirigentes.
No es poca cosa, pues sólo si hay una mejor sociedad civil
podemos esperar en el futuro un mejor Gobierno.
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