Todos estamos de acuerdo en que el salario mínimo debería de
subir y, por lo tanto, no estar anclado como unidad de referencia para
cualquier acto económico, pero el separarlo de las pensiones y las aportaciones
que pagan los trabajadores a la seguridad social significará, en unos años, un
nuevo problema de pauperización de los adultos mayores.
Si ya existen fuertes críticas a los pocos recursos que se
logran ahorrar con las Afore, que no servirán para garantizar una pensión digna
para todos aquellos que cotizan en el IMSS con la Ley de 1997, o en el ISSSTE
con la de 2010, la situación empeora con la desindexación del salario mínimo.
Porque ahora, además
de las comisiones y la baja capacidad de ahorro, si ganas un salario mínimo ya
no cotizarás el equivalente a ese salario mínimo, ahora lo harás en la Unidad
de Medida y Actualización (UMA), que por cierto perdió 4.55 pesos diarios, que
al mes son 138 pesos con 32 centavos y al año equivalen a mil 659.84 pesos,
perdidos por cada salario mínimo en este primer año de UMA, que fue aprobada
tanto en la Cámara de Diputados como en la de senadores, sin ningún voto en
contra, después de estar 10 meses en la congeladora.
En la Ciudad de México subrayarán los logros de la
desindexación del salario mínimo que fue una bandera del jefe de Gobierno,
Miguel Ángel Mancera, e incluso acusan a los que lo critican de estar
equivocados.
Sin embargo, en un
país en el que 63.02 por ciento de los mexicanos con empleo gana hasta tres
salarios mínimos, además de que en los últimos 20 años se ha perdido más de 72
por ciento del poder adquisitivo, desvincular las pensiones del salario
pauperizará aún más a los adultos mayores.
Y esto, obviamente,
no sólo impactará a los que se pensionarán por medio de las Afore, sino también
a quienes estén en el décimo transitorio del ISSSTE y en la ley de 1973 del
IMSS.
Respecto a los
trabajadores del ISSSTE, su pensión se calcula con el salario base sin
compensaciones ni bonos, lo que ya implica un menor nivel de vida, y con base
en las cotizaciones del último año de trabajo, además de que como máximo se
pueden cobrar hasta 10 salarios mínimos mensuales.
Y en el IMSS, de
acuerdo a la Ley de 1973, la pensión máxima es de 25 salarios mínimos y se
calcula con el promedio de los últimos cinco años de trabajo, lo cual significa
que, aunque se mantenga el mismo salario, cada año que pase con la UMA, que
será menor al salario mínimo, el pensionado tendrá menos recursos.
De acuerdo con datos estadísticos del IV Informe de
Gobierno, el total de trabajadores del país asciende a 51 millones 433 mil, de
los cuales 15.60 por ciento gana un salario mínimo; 26.67 gana entre uno y dos
salarios mínimos y 20.75 hasta tres salarios mínimos.
Y si de por sí es
difícil vivir con sólo 240 pesos diarios cuando ganas tres salarios mínimos,
peor será ir perdiendo cada año lo que se deprecie la UMA.
Más que criticar a
quienes se preocupan por el futuro de las pensiones, lo que deberían hacer los
políticos es dar una solución a este problema, porque cada vez que legislan en
este rubro los ciudadanos nos aterrorizamos por nuestro futuro.
Y es el colmo que en
una legislación que vendió la izquierda como la panacea para los trabajadores
no se hayan dado cuenta de que se afectaron las pensiones, y no busquen
corregir esta situación con una reforma legal. Además, también disminuirán las
cuotas para servicios médicos y prestaciones de los trabajadores del IMSS e
ISSSTE, ya que se pagarán también con UMA y esto acrecentará su crisis
financiera.
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