Salvador Camarena.
Uno de los fracasos más grandes de
la época reciente en México es la creación de un discurso contra el muro.
El muro es una construcción, más que
física, simbólica.
Hace más de un siglo que México no
enfrentaba una amenaza de esta magnitud.
Si un país dice que nos quiere
imponer una medida unilateral, lo que queda es la resistencia frontal. Y al
menos al nivel discursivo reprobamos la prueba.
Ayer se habló de un nuevo
presupuesto para el muro, nada pasó cuando se supo eso, porque desde noviembre
pasado, fecha de la elección de Trump, cuando México entró en el más claro
enfrentamiento con Estados Unidos, no supimos cómo responder.
Hoy,
varios meses después, aún no estamos listos para negociar con la nueva
presidencia de la Unión Americana.
Una de esas realidades, más allá del
muro, es sentarnos en la mesa con el problema de los abusos de los agentes del
Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) y de la Patrulla Fronteriza contra los
migrantes mexicanos, donde existen denuncias no sólo crecientes con la llegada
de Donald Trump a la presidencia, sino que desde el año 2010 se vienen
agravando.
De acuerdo con un recuento de la
Coalición de Comunidades de la Frontera Sur (Southern Border Communities
Coalition, en inglés), una agrupación de 60 organizaciones establecidas a lo
largo de los estados de California, Arizona, Nuevo México y Texas, desde ese
año hasta diciembre del 2016 se contabilizan señalamientos sobre 46 personas
asesinadas en ese periodo y se tienen al menos 20 casos de lesiones graves
cometidas. (http://bit.ly/2mb00A8). El año 2014 fue el más violento cuando se
contabilizaron 11 muertos y 9 heridos a manos de estos encargados de vigilar la
migración a EU.
Datos de la American Civil Liberties
Union (ACLU, en inglés) señalan que del 90 por ciento de los abusos cometidos
por el Sector El Paso de la Patrulla Fronteriza, más de la mitad para ese
periodo, fueron reportados por los propios ciudadanos de EU.
Las cifras tienen cada una de ellas
sus historias, y la ACLU las pone en su blog. Ahí se comentan las situaciones,
donde destacan que los policías montan retenes, retienen a los sospechosos y
los dejan esperando hasta que llegue la Patrulla Fronteriza para verificar el
estatus. (http://bit.ly/2leBO0o).
También hay testimonios de
estadounidenses, que relatan los abusos de los agentes del ICE y la Patrulla
Fronteriza, acompañados de videos. (http://bit.ly/2lYsg6W).
Hoy, bajo Trump, eso podría ser
peor. Apenas el 25 de febrero, The New York Times entrevistó a 17 agentes y
oficiales del ICE para mostrar cómo ha cambiado el ambiente y las órdenes
ejecutivas de Trump, que les habría “levantado la moral”
(http://nyti.ms/2mie63i); es decir, que esa moral es contra los mexicanos. Y
hoy el ICE, la agencia migratoria estadounidense, tiene más de 20 mil empleados
en todo el país.
Esta “nueva moral” ha significado
que una mujer que buscaba protección de abuso doméstico quedó detenida por el
ICE en El Paso, Texas. (http://wapo.st/2mHjjyE).
Y
frente a eso no hay ni defensa jurídica, ni discurso. Todo mal.
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